La mañana del 26 de junio
del presente año atentaron contra la vida del secretario de Seguridad Ciudadana
de la Ciudad de México, Omar García Harfuch. En el incidente, ocurrido en la
colonia Lomas de Chapultepec fallecieron dos escoltas del funcionario. El ataque
fue perpetrado por un grupo no muy bien organizado y armado con fusiles Barret
calibre .50. Pero más preocupante aun que saber que atentaron contra la vida de
un funcionario de seguridad capitalino y alto rango es la reacción tanto de la
jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, como del presidente de la república ante
un ataque contra las estructuras del Estado. No había visto tal desinterés en
el tema desde que vivía en Zacatecas durante el gobierno de Amalia García
(2004-2010) que básicamente prefería voltear a otro lado mientras las bandas
delincuenciales hacían lo que querían. Algo parecido estoy viendo en la
actualidad ante un presidente que prometió en campaña asistir a las víctimas y
a sus familias y ahora les da la espalda.
No voy a negar que muchas
heridas de guerra que tiene México fueron propinadas por los gobiernos de
Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Pero el arranque de este sexenio llevó
las cifras de la violencia a nuevos records. Y el gobierno en lugar de buscar
soluciones solo se ha dedicado a culpar a Calderón (porque ya se le olvidó que
Peña Nieto está en medio). Desde la campaña anunció una estrategia conocida
como “abrazos, no balazos” y una ley de amnistía que no termina de convencer,
llegamos a este punto. Sin duda el hecho más conocido hasta este momento es la
captura y liberación de Ovidio Guzmán en octubre del año pasado en un operativo
improvisado y que llevó a la ciudad de Culiacán a vivir horas de terror. Y ahora
el presidente sale con que él fue la persona que ordenó la liberación del capo
para evitar “derramamiento de sangre” en una operación que a todas luces fue
mal planeada. Y todo para que luego López Obrador fuera a Badiraguato a saludar
a la madre del Chapo Guzmán y a celebrar el cumpleaños de Ovidio pretextando
que ahora es un humanista de la talla de Gandhi, francamente es para vomitar
ante la situación. Pero el señor no es capaz de bajarse de la camioneta para
escuchar a las madres de las víctimas del bar “Caballo Blanco” de Minatitlán.
El ataque contra García
Harfuch tuvo unas reacciones que francamente nunca había visto en mi vida y he
estado de espectador de esta guerra desde tiempos de Calderón. El presidente se
va de gira y no la suspende para regresar a la Ciudad de México, mientras
Claudia Sheinbaum convoca a una conferencia de prensa diciendo más de lo debido
a los reporteros. Pero lo más preocupante es la actitud despreocupada de ambos
funcionarios. López Obrador obviamente con sus giras por tierra. Pero Sheinbaum
cuando recién entró al gobierno capitalino criticó que las puertas de la
oficina estaban blindadas y las mandó quitar mientras se burlaba de la
conciencia de Miguel Ángel Mancera. Y lo que son las cosas, pues en la antigua
residencia oficial hay un bunker, del que también se burló López Obrador, y
ahora el presidente mandó construir uno en Palacio Nacional. En otras palabras,
el presidente se envalentona de manera imprudente con sus giras parece que le
teme a quién sabe quién o a qué en la residencia oficial, algo parecido a la
burla a sus antecesores de Claudia Sheinbaum. Además, esto representa gastos de
cosas que ya se tenían cuando tenemos un gobierno que presume de austero y
gasta a manos llenas. ¿Dónde está el Instituto Nacional de los Gastos Pendejos
para reportar esto? Parece ser que solo se le notan estas coas al PRIAN.
Ahora bien, la población se
siente cada vez más abandonada por el gobierno, y ahora más que nunca. De ahí
las caravanas de automovilistas que exigen la renuncia del presidente o que en
las últimas giras lo increpan y le faltan al respeto. Esto es peligroso para un
jefe de Estado, pues del respeto es de donde se deriva la autoridad y esto el
presidente ya lo perdió. Pero el primer mandatario insiste en que hay que dar abrazos
y no balazos a pesar de que el número de asesinatos va al alza y podría romper
el actual record de asesinatos que lo tiene Enrique Peña Nieto. El emperador va
desnudo porque piensa que tiene todo bajo control, pero la realidad ya se está
encargando de darle lecciones bastante duras pero que no acaba de comprender. Y
todavía el presidente va a tener el atrevimiento de ir a Estados Unidos para
entrevistarse con Donald Trump en la Casa Blanca sin saber las implicaciones
que podría tener esta visita. Más cuando confesó en el espectáculo que da todas
las mañanas que dio la orden de liberar a Ovidio Guzmán o esto que le pasó a
García Harfuch ocurrido a unos pocos kilómetros de la embajada norteamericana. Les
aseguro que lo sucedido al secretario de seguridad capitalino ya había sido
leído y releído por Trump antes de que siquiera se le transmitiera a López
Obrador. La situación es demasiado grave, pues en sexenios pasados no hubo
evidencia de ataques a funcionarios de la capital lo que habla de un
empoderamiento brutal de las bandas delincuenciales. Pero en fin, dudo que esto
haga entender al presidente que su estrategia de seguridad es equivocada.
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