La clase política de
nuestro país en serio que es experta en ruborizarnos, pero en caso de tragedia
como es el caso de los sismos ocurridos este mes que termina, la verdad es que
es indignante la actitud de la clase dirigente de nuestro país. La verdad es
que no se si es una fortuna o un infortunio que los sismos ocurridos el 7 y el
19 de septiembre hayan ocurrido a menos de un años de los comicios por la amada
silla presidencial, aunque creo que somos huérfanos políticos, pues ninguna de
las opciones parece representar al pueblo. Si dogo que es una fortuna es porque
ha despertado la sociedad en cierta medida y nos hemos dado cuenta la clase de
parásitos que nos gobierna o pretende gobernar; y por otro lado han salido a
relucir bajezas por parte de la clase política, y la verdad es que no se si
reír, llorar o enojarme. La verdad es que anteriormente pensaba que lo había visto
todo, pero esto lo supera con creces.
En primer lugar debo
reconocer el avance en el reglamento de construcción derivado del terremoto del
19 de septiembre de 1985 ya que en este la cantidad de muertos fue del orden de
decenas de miles y ahora son cientos, aunque tampoco se han corregido del todo
los vicios del pasado. También tiene mucho que ver los avances en materia de protección
civil y la pronta respuesta de las autoridades y de la sociedad civil, de lo
contrario el número de víctimas habría sido mucho mayor. En cuanto a los
edificios caídos, me queda claro que no ha desaparecido del todo la complicidad
de inmobiliarias y constructoras con las autoridades para los temas de construcción
y mantenimiento de edificios. Casos claros fueron el Colegio Rebsámen en
Tlalpan (que fue igual que el de la guardería ABC de Hermosillo) o las personas
estafadas por una constructora en la colonia Portales de la delegación Benito
Juárez. En ambos caso es claro que se violaron los reglamentos de construcción después
de pasarles una lanita a las autoridades encargadas de los permisos y estafaron
a los compradores de viviendas de manera bastante ruin. En otros casos hay
edificios que fueron desahuciados con el temblor de 1985 por daños en su
estructura y en el de este año resulta que estaban ocupados. Y mientras tanto
las autoridades de las delegaciones y las del Distrito Federal se echan la
bolita unos a otros.
En otro punto, aunque no
menos miserable, están las prerrogativas que nos obligan a darle a una
partidocracia abusiva y corrupta dinero del erario sin que podamos evitarlo. Ahora
con los movimientos telúricos temo que en redes sociales están ocurriendo otros
de tipo social pero no menos intensos. Se hizo presión en redes sociales para
obligar a los partidos políticos (no es donación) la obscena cantidad de dinero
que recibirían para las campañas de 2018. Y debido a esto los partidos se han
sumado a una subasta debido al desprestigio que han venido sufriendo en años
recientes. Todas son ruines, pero la del dueño de MORENA es la mayor bajeza. Esto
es porque pretende el administrar recursos para la reconstrucción, y es mi opinión
que eso tiene sin duda tintes electorales y es lo mismo que repartir despensas,
material de construcción, tinacos y otras dadivas, algo que López Obrador ha
criticado a sus adversarios desde siempre. Tal parece que el oportunismo político
sale a relucir hasta en los peores momentos.
La verdad es que tengo
que volver a preguntar en dónde demonios estamos parados los mexicanos. La verdad
es que hemos tocado fondo en esta decadencia que tal parece es eterna. Tal vez
ahora con la emergencia salga el mejor lado de los mexicanos, pero normalmente
el mexicano promedio se esmera en fallar como sociedad. Estoy convencido de que
pasando la emergencia tarde o temprano volveremos a los mismos vicios, pues en
materia política parece que estamos condenados a repetir ciclos. Todavía tenemos
pendientes como superar la narcocultura, participar más activamente en la
comunidad y el desconocimiento de nuestro pasado. Es cierto que las grandes
revoluciones que se han dado fueron por reclamos del pueblo, sin embargo, aquí
en México somos proclives a los autoritarismos porque nos dejamos llevar por
aquel que promete el paraíso con tan solo unos golpes de varita mágica. Creo tener
motivos para no bajar la guardia, a pesar de que son las generaciones jóvenes las
que más se han movilizado por las emergencias. La falta de tacto político de
los millennials a lo que también le agrego la falta de memoria histórica que es
nuestra maldición y nos ha llevado a repetir patrones históricos una y otra
vez. Vaya que sí tenemos mucho que reflexionar después de esto.