¿En dónde estamos
parados?
Tal parece que en nuestro
país la corrupción se ha vuelto un mal endémico pues está en todos lados. Yo me
he preguntado si es que esto tiene solución, pero tal parece ser que nuestro
mayor problema (en apariencia) parece no querer ser solucionado. Ahora que
hemos llegado a la democratización este mal ha llegado a cotas que hace años
eran inimaginables. Basta con ver las campañas políticas (que por cierto, son
eternas) para probar este punto: siempre se trata de echarle en cara al
contrario los actos de corrupción del adversario en sus cargos anteriores y
solo basta con ver los “debates”. Aunado a esto, temo decir que cuando un
opositor llega al poder comete actos de corrupción igual o peores que los del
grupo político desplazado. Si no me creen, vean la presidencia de Vicente Fox
comparada con la de sus antecesores o incluso en los gobiernos estatales cuando
hay alternancia (Morelos, Tabasco, Nuevo León, etc.).
En nuestro país la corrupción
está tradicionalmente relacionada con el Partido Revolucionario Institucional y
la verdad razón no hace falta. Ya en este blog he publicado entradas acerca de
las bases con las que el tricolor se hizo con el poder y que con el tiempo se
convirtieron en fuentes de corrupción. El amiguismo, el nepotismo la persecución
de la prensa y otros problemas derivados continúan hasta nuestros días y no hay
voluntad política para dar solución al problema. El PRI consolidó una dictadura
partidista mediante estructuras corporativas que han sido parte del saque que
el país sufre desde hace décadas (sindicatos, centrales campesinas,
instituciones educativas, cámaras empresariales, grupos de choque, etc.). En
los tiempos que corren hay gobernadores que tienen abiertas investigaciones en
su contra por malversación de fondos públicos, aceptar sobornos y otros delitos
no menos graves. Los mandatarios locales entraron al poder pobres y al salir
resulta que amasaron una gran fortuna. Y ahora se ha encontrado que en el
gobierno federal también hay una triangulación de recursos que involucra a
universidades públicas y se perdió por lo mismo una suma de 3 mil millones de
pesos.
El Partido Acción
Nacional detentó el poder ejecutivo entre 2000 y 2012 no está exento de este
tipo de escándalos. Durante el primer sexenio, el de Vicente Fox, hubo
acusaciones de sobornos (los “amigos de Fox”) o de enriquecimiento ilícito (los
hijos de su esposa, Martha Sahagún) además de alianzas con estructuras creadas
por el PRI (el SNTE de Elba Esther Gordillo) y otras tantas aberraciones del “gobierno
del cambio”. En el gobierno de Felipe Calderón se vio una desorbitada corrupción
con obras públicas siendo la Estela de Luz del Bicentenario la más destacada de
ellas (costó varias veces el presupuesto original): también ha habido gobiernos
estatales del PAN acusados de corrupción siendo Emilio González Márquez de
Jalisco y Guillermo Padrés Elías de Sonora los más sonados. Por otro lado, el
PAN está tan desprestigiado y con los enfrentamientos entre los militantes que
se ven al día de hoy pueden darse una idea de la decadencia del instituto político.
Y esto, que se puede trasladar a otros partidos, es porque todos quieren
satisfacer sus intereses personales y la verdad es que solo se lanzan suciedad
unos a otros por la amada silla presidencial y otros cargos públicos. Y en
estas luchas, desde luego, no faltan los golpes bajos.
En cuanto a la izquierda,
temo decir que no queda mejor parada en este asunto y no se tiene que ser un
genio para saberlo. Lo ocurrido con la línea 12 del metro demuestra que a la
izquierda tampoco le importa la ciudadanía, pues no solo es el dinero sino que también
estamos hablando de poner en riesgo vidas humanas de manera innecesaria. Temo decir
que el movimiento de López Obrador no está exento de este tipo de señalamientos
y como prueba está la encuesta para elegir al candidato al gobierno de la
Ciudad de México o cómo se burló de todos con los videos de Rene Bejarano
aceptando soborno al tenerlo solo cuatro meses en la cárcel y sin investigar el
asunto. Y eso no es todo, puesto que los partidos de izquierda se han formado
con militantes disidentes de otros partidos y que no en pocas ocasiones han
sido señalados por actos de corrupción (con estas bases no puedo decir que
estamos ante un movimiento reivindicador (o tal vez sí, pero no de lo que los seguidores de este populista
creen) así que tal vez estemos ante el renacimiento del corporativismo que
caracterizó al PRI durante 70 años. En otro problema, creo que también hay que
señalar la inacción de los gobiernos de izquierda en el Distrito Federal que se
hunde en un mar de inseguridad y corrupción de manera desmedida.
Con todo esto y con estas
bases temo que nuestros líderes son todo menos eso y claro que estamos en
problemas. Quisiera ser optimista, pero con todo esto, es ridículo.
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Lo que es no tener
vergüenza
Barack Obama hace otra
vez de las suyas y ahora critica a su sucesor por poner fin al programa DACA
que impedía deportar a jóvenes migrantes que llegaron a Estados Unidos siendo
niños (los llamados “dreamers”). Sin embargo, hay que recordar que Obama fue el
que deportó a los padres de estos muchachos y además fue él que acabó con el
programa “Pies mojados, pies secos” que concedía residencia automática a los
cubanos que llegaran a Estados Unidos, con lo que no tiene cara para criticar a
Trump.
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