Las
protestas siempre han tenido como directriz hacer saber a la autoridad que sus
decisiones pueden afectar negativamente a la sociedad. El disentir con las
decisiones tomadas desde el poder es algo bastante sano en cualquier democracia.
Sin embargo, siempre hay protestas que se pueden salir de control puesto que en
esos grupos siempre hay alguien que llega a usar la violencia de manera
injustificada. Es por eso que en la mayoría de los países del mundo existe una policía
anti motines que tiene por fin reprimir las manifestaciones violentas. Sin embargo,
en países con regímenes autoritarios llegan a reprimir manifestaciones porque
normalmente tienen políticas que afectan negativamente a la población. E incluso
pueden llegar a haber manifestaciones para defender algo que no se puede
solapar o para extorsionar a la autoridad.
El
domingo 28 del presente en Guadalajara, Jalisco hubo manifestaciones de parte
de grupos estudiantiles ante el alza de las tarifas del transporte público. Por
detalles que desconozco, la verdad no puedo decir si Enrique Alfaro, gobernador
de Jalisco, tenía argumentos para ordenar la represión de la manifestación. Pero
sí puedo decir que el partido del presidente Andrés Manuel López Obrador,
MORENA, como siempre, usa este tipo de hechos para sacar algún provecho al
descalificar al contrario. Y, como dice el periodista Eduardo Ruiz Healey, se
dice, se rumora y se comenta en redes sociales que los morenistas fueron los que
atizaron la protesta contra el costo del pasaje en Jalisco. Pero en realidad no
hay información que respalde o refute tal aseveración. Ahora que sí a las
autoridades se les pasó la mano, que sí Alfaro es un represor, no tengo la
menor idea, aunque por las fotos publicadas en redes sociales que sugieren que
hubo heridos, uno puede darse idea de lo que pasó. Y aunque no voy a justificar
el actuar de las autoridades jaliscienses, es evidente que las cosas se
salieron de control y hubo que aplicar la fuerza, cosa que causa heridos en
todo el mundo.
A,
pero los criterios anteriores no se aplican para MORENA pues ellos son unos
iluminados por la providencia. Mientras en Guadalajara un grupo de estudiantes
se manifiestan y son reprimidos por la autoridad y el partido del presidente
protesta, en Tabasco se aprueban modificaciones al código penal del estado para
recrudecer las penas por bloquear carreteras o impedir obras públicas. Y el
meollo del asunto es, y no me cabe la menor duda, la refinería de Dos Bocas. Debido
a que entre lo aprobado están aumentos en las penas por impedir el desarrollo
de obra pública, no es difícil deducir cuál es el objetivo de esta chulada de
reforma a la ley penal del estado del que es nativo nuestro “flamante”
presidente. La refinería de Dos Bocas es uno de los proyectos angulares del
actual gobierno y sin lugar a dudas habrá afectaciones hacia el medio ambiente
y serán los habitantes de la región los que los padezcan. Además de todo, la refinería
se construye sin todos los estudios ambientales correspondientes, por lo que
las medidas para mitigar o reducir los efectos ambientales no estarán
presentes. Lo más curioso del asunto es que allá donde MORENA ganó se liberan
personas que habían sido apresadas por bloquear carreteras. Y como siempre,
tratan de taparle el ojo al macho, pues insisten en que es para evitar la “extorsión”
de grupos de choque. ¿A quién quieren engañar?
A,
pero eso sí, hay que recordar que MORENA es un partido que se construyó a base
de protestas. Y como lo temí, se está convirtiendo en aquello que tanto criticó
durante años. López Obrador protestó en el contexto de las elecciones de 1988
cuando perdió por primera vez la gubernatura de Tabasco. En 1994 volvió a las
andadas y esta vez llegó a bloquear pozos petroleros e incluso incitó a los
habitantes de la Chontalpa a que dejaran de pagar la luz porque volvió a perder
las elecciones. En 2006 cerró el Paseo de la Reforma por varios meses cuando
perdió la presidencia de la república ante Felipe Calderón y sin importarle las
afectaciones contra terceros. Y ahora no me cabe la menor duda aquello que dice
de los gobiernos revolucionarios que son peores que aquellos a los que han
desplazado. Durante su campaña, López Obrador prometió que ya no iba a haber
protestas pues él iba a gobernar con “honestidad”. Pero creo que ahora es muy
claro lo que se va a hacer para acabar con ellas: “criminalizarlas” al igual
que todos aquellos a los que criticó hasta el cansancio. Digan lo que digan,
López Obrador es un déspota tirano y ahora que ya lo está demostrando con estas
acciones. Quién sabe, a lo mejor todos los que votaron por él ahora sí se den
cuenta de como es en realidad.