Si tuviera que nombrar
organizaciones que han contribuido al deterioro nacional los sindicatos estarían
en tercer lugar luego de los masones y los partidos políticos. Se supone que la
función de un sindicato es proteger los derechos de los trabajadores de los
abusos del patrón, pero en México la horrenda realidad es otra. Los sindicatos
mexicanos fueron creados con el propósito de ser usados por la clase política como
instrumento electoral y por los líderes para obtener puestos de elección popular
y enriquecerse de manera escandalosa a costa de sus agremiados. Anteriormente ya
había explicado la historia funesta de los sindicatos creados por Álvaro
Obregón y Luis N. Morones a cambio de mutuos beneficios espurios para ambos,
acciones espantosas que continuaron con Calles y que finalmente se consolidaron
con Lázaro Cárdenas, Vicente Lombardo Toledano y Fidel Velázquez y que a la
larga se convirtieron en la ruina nacional por ser parte del saqueo del que han
hecho víctima al país desde entonces.
Los sindicatos, como yo
lo expuse en otras entradas, fueron creados por el gobierno, no por los
trabajadores, con la finalidad de tener el control de las organizaciones
obreras. Para lograrlo, se hizo una cláusula de exclusión con el propósito de
que solo se pudieran contratar trabajadores de un sindicato y para que el patrón
despidiera a los empleados que fueran expulsados de la organización. De ese
modo, los líderes obtuvieron el control irrestricto de sus agremiados e
hicieron lo que quisieron con ellos, y los políticos pudieron utilizarlos sin restricción
para sus horrendos propósitos. Cuando Lázaro Cárdenas llegó a la presidencia
hizo todo lo posible para secuestrar el movimiento sindical en aquellos años y
finalmente pudo domesticarlo para usarlo a favor de su partido en las
siguientes décadas. A cambio, el gobierno le daba a los líderes sindicales la
posibilidad de vender o heredar plazas y prestaciones exorbitantes que
terminaron quebrando a las instituciones o empresas en las que laboraban
mientras los líderes sindicales se enriquecían escandalosamente a sus
costillas.
Líderes sindicales como
Elba Esther Gordillo, Martín Esparza, Fidel Velázquez y demás especímenes
tienen el horrendo propósito de eternizarse en sus cargos mientras mantienen en
el poder al que les dé una buena oferta. Para la desdicha de la mayoría de los
trabajadores mexicanos, no han servido para mejoras las condiciones laborales
de la mayoría pero en cambio unos cuantos han obtenido privilegios inaceptables
que en buena medida han minado el desarrollo nacional. Inamovilidad de los
trabajadores independientemente de su rendimiento, prestaciones exageradas,
herencia y venta de plazas, ascensos en base a favores a la cúpula sindical y demás
que han minad nuestra productividad de manera importante. Los sindicatos también
poseen una capacidad de chantaje enorme pues en muchos casos han paralizado al país
para seguir con sus privilegios y ejemplo de esto lo dieron los ferrocarrileros
hace sesenta años o los profesores en la actualidad. Muchas veces han usado el
derecho a huelga de los trabajadores como arma para obtener privilegios para
los trabajadores o los líderes sindicales para sacar algún beneficio que
incremente sus nada pequeñas fortunas o su poderío. En otras palabras: los
sindicatos en México tienen las funciones de ser grupos de choque, fuente de
votos, chantajear empresarios y autoridades y ayudar al ascenso político de sus
líderes.
En el pasado el Partido
Revolucionario Institucional monopolizó la creación y las alianzas con los
gremios de trabajadores, pero este romance duró hasta las últimas dos décadas del
siglo XX. En las elecciones presidenciales de 1988 el líder de los trabajadores
petroleros, Joaquín Hernández Galicia, apoyó la candidatura de Cuauhtémoc
Cárdenas ante una eventual derrota del candidato oficial y pagó su traición al
estar varios años tras las rejas. Sin embargo, y sin temor a equivocarme, el
caso más sonado de este tipo de acciones es Elba Esther Gordillo, líder
magisterial impuesta por Carlos Salinas de Gortari, pero que tuvo su mayor poderío
durante los gobiernos panistas de Vicente Fox y Felipe Calderón hasta su detención en la actual administración priista.
Y esta sin duda va a ser la tónica de las actuales elecciones pues mientras la
CTM se mantiene fiel al PRI, otros gremios de venden al mejor postor. En este
último caso están Napoleón Gómez Urrutia, Martín Esparza, los líderes
magisteriales y otros al apoyar a MORENA. Independientemente de quién gane la
presidencia, los personajes y organizaciones que acabó de citar tienen el
objetivo de mantener sus privilegios a pesar de todo. En todo el país deberíamos
estar asqueados y horrorizados del panorama electoral que pinta oscuro. Aunque estoy
viendo sectores de la población que se dan cuenta de lo ocurrido y empezaron
las reclamaciones en redes sociales. Tal vez me apresuré al juzgar la ceguera
de mis compatriotas últimamente.