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viernes, 23 de marzo de 2018

Comedia electoral mexicana


A pocos días del arranque formal de las campañas electorales cualquier persona se da cuenta de que la situación nacional es precaria en muchos sentidos. Tengo bastantes motivos de preocupación pues para la mayoría la situación es desesperante y la desesperación es mala consejera. Hay mucho que ganar, pero también mucho que perder y me refiero al problema de que casi la mitad de la población está en condición de pobreza y la otra mitad, dependiendo de la decisión tomada en las urnas, dependerá si la otra parte nos vamos a la miseria. El desafío nacional no es pequeño y debemos entender que muchas veces lo que queremos no es lo mejor y que hay que hacer muchas veces sacrificios para obtener lo que queremos pero en este momento es más fácil aferrarse a un cambio que despertar a la realidad puesto que significa renunciar a esa esperanza. Pero la realidad siempre se impone y cuando esto suceda el despertar será muy duro y lo que se verá es que nada cambió.
El primer problema que yo veo es que las leyes electorales en nuestro país son de risa pues sin duda fueron hechas para darle zancadillas a los opositores. Tenemos precampañas, intercampañas y otras tonterías por el estilo. De algo de lo que estoy convencido es que las leyes electorales son tendientes a limitar la democracia, irónicamente. Por ejemplo se tiene que los medios de comunicación no deben tener preferencia por algún candidato o partido. Esto se me hace tan antidemocrático y de hecho fue una de las peticiones del movimiento “Yo soy 132” disfrazado de “democratización de los medios de comunicación”. Desde luego que este tipo de acciones las considero contrarias a la libertad de expresión sin la cual la democracia no tiene sentido y deja de existir, pues es su pilar más importante. La actividad política en nuestro país está tan arraigada entre la población que la clase política se dedica a la campaña política permanente mientras se olvida de la administración pública. Las campañas electorales de nuestro país son de hecho no un momento para el debate, sino para ver quién ha sido más corrupto en sus cargos públicos anteriores.
El siguiente punto tiene que ver con los debates que organiza el árbitro electoral que tienen un formato bastante acartonado. Esto impide ver a los aspirantes a cargos de elección popular defender su proyecto de gobierno y a los electores dilucidad cuál es la mejor opción la que más les conviene. En realidad, el formato utilizado en los supuestos debates organizados en las tres últimas elecciones solo han servido para echar lodo para ver quién ha sido más corrupto más que para defender o cuestionar proyectos de nación. Busquen los debates organizados por el IFE para las elecciones de 2006 y 2012 y verán de lo que estoy hablando. En mi opinión, el mejor debate fue el que organizó el movimiento “Yo soy 132” en la Universidad Iberoamericana, al que no fue Enrique Peña Nieto y, al ser un formato más libre, se tuvo una mejor idea del proyecto de nación de cada aspirante y eso que yo nunca fui partidario del 132 porque al final se terminaron vendiendo a la izquierda (pero eso es otra historia). Ahora, con un nuevo árbitro electoral se prepara, al parecer, un nuevo formato para los debates, aunque no soy optimista. Para remediar lo expuesto en este párrafo, el árbitro electoral se debe abstener de organizar los debates, pues se ha visto que son más enriquecedores cuando son organizados por otros medios.
Algo que debería preocuparnos a todos y que no había tenido la oportunidad de comentar es lo referente a las transas de los candidatos independientes. Algo que tengo que aclarar es que los requisitos de los candidatos independientes están hecho para que sea muy difícil llegar a la boleta electoral y que así lo hicieron los partidos políticos por temor a que les hicieran sombra como fueron los casos de Jaime Rodríguez Calderón y Pedro Kumamoto, que ganaron las elecciones y, en el caso del segundo, promover políticas en contra de los partidos y sus abusos. El asunto es que las reglas son reglas y tres de los aspirantes quisieron llegar falsificando firmas. Estos fueron Jaime Rodríguez Calderón, Armando Ríos Piter y Margarita Zavala, y solo esta última figurara en la boleta. Los que hicieron las cosas bien, Marichuy y Pedro Ferriz de Con, no figuraran en la boleta. Anteriormente ya había previsto que las candidaturas independientes podrían decepcionar al electorado y que deberíamos ser cautos con ellas y tal parece que no me equivoque. Creo que esto finalmente confirma que la clase política y los ciudadanos hablamos idiomas distintos y por lo tanto nuestro divorcio es inevitable. No sé qué vaya a pasar en el futuro, pero si no tomamos el destino en nuestras manos y dejamos de depender tanto del gobierno otro gallo nos cantaría. Pero la mayoría no piensa así y creo que no tengo motivos para ser optimista.