Ha pasado ya más de un
siglo desde la salida del gobierno de uno de los personajes más emblemáticos de
nuestra historia. Emblemático, para bien o para mal. Durante su gobierno se
emprendieron grandes proyectos de infraestructura al tender más líneas de ferrocarril
que cualquier otro gobernante, la modernización de puertos marítimos o la construcción
de otros, la llegada del teléfono, la electricidad y el telégrafo, creo que en
la historia no hubo otro gobernante con esa visión de país, y en este momento
vaya que sí hace falta. Estoy hablando de Porfirio Díaz, evidentemente. El régimen
de la Revolución no hizo otra cosa que destruir en gran medida los logros de
don Porfirio y para muestra vean el estado actual de los ferrocarriles. Aunque fe
una persona que cometió grandes errores como el eternizarse en la presidencia
poco más de tres décadas y las condiciones sociales de su tiempo (muy comunes
en aquella época, por cierto), la verdad es que ahora me preguntó si esas
cuestiones se habrían resuelto de otro modo.
Pero volviendo al
presente, me doy cuenta de que el gobierno próximo a entrar el 1 de diciembre
le falta esa visión hacia el futuro. Desde hace casi cien años que terminó la
contienda armada y México sigue siendo un país en el que el fuerte abusa del débil,
con mucha corrupción y un desarrollo económico que no es ni la sombre de lo que
fue en el Porfiriato. ¿Qué haría don Porfirio en esto momento, yo me preguntó,
con un proyecto como el que se construye en Texcoco? Sin duda lo apoyaría y más
porque es una buena oportunidad de desarrollo económico para una región bastante
conflictiva como lo es el oriente del Estado de México. Es cierto que eso detonaría
el crecimiento poblacional de la zona con los problemas que eso conlleva, pero
estas cosas así son. Claro, a mí me encantarían que hubiese mejores formas de
transporte, y tengo entendido que va a ir incluido un tren suburbano de la
Ciudad de México a Texcoco. Quienes conocen el tren suburbano de Buenavista a
Cuautitlán saben que redujo considerablemente el tiempo de traslado de cerca de
hora y media a 35 minutos entre el municipio mexiquense y la Ciudad de México,
ahora imagínense hacer 10 minutos a la misma ciudad desde Texcoco.
El nuevo aeropuerto se
construye a unos pocos kilómetros del actual, y al gobierno que va a entrar no
le parece. Porque arguyen que “es una obra costosa, que el terreno no es el
adecuado” y otra sarta de estupideces. En lugar del proyecto en Texcoco,
pretende construir dos pistas de aterrizaje en la base aérea de Santa Lucía en
el municipio de Zumpango, Estado de México. La zona está bastante lejos del
centro de la Ciudad de México (a unos 60 kilómetros, según Google Maps, y a 50
del actual aeropuerto). La peor parte del proyecto plantea que Santa Lucía
tenga todos los vuelos internacionales mientras que el actual solo tenga vuelos
nacionales. Para el viajero internacional sería bastante incómodo y plantea un
problema de conexión que no tiene el proyecto de Texcoco, o por lo menos no a
esa escala. Además, el terreno de Santa Lucía es igual de lodoso que el de
Texcoco, para conseguir terreno firme básicamente el aeropuerto se debería construir
en Pachuca, Toluca o Querétaro. A veces pienso que López Obrador y su equipo
solo lo hacen para llevarle la contraria al gobierno de Peña Nieto nada más
para fastidiar.
Y a todo esto que dicen
las personas a las que les piensan preguntar sobre el proyecto. En encuestas
que realizaron diversos medios de comunicación como El Financiero, Milenio, El
Universal y otros parece que la mayoría de los mexicanos desean continuar con
el proyecto de Texcoco y desechar el de Santa Lucía, siendo este último
considerado como inviable por organismos especializados en seguridad aérea como
el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) y la
OACI. Lo que argumentan los expertos de ambas instituciones es que el problema
no radica en el terreno de construcción, sino en que tener dos aeropuertos
funcionando como se propone en el proyecto de MORENA restringiría las
operaciones de ambos aeropuertos debido a que por la zona montañosa donde se
encuentra la Ciudad de México dificulta el trazado de pasillos aéreos para
llevar las aeronaves a las pistas de aterrizaje sin riesgos por lo que pasarían
pocos años para volver a tener el problema de saturación. Lo barato sale caro,
dice el dicho que es muy popular en México. Además, luego de ver la encuesta
para elegir al candidato a Jefe de Gobierno de la Ciudad de México y la metodología
que fue ocultada hasta que la prensa hizo presión no tengo muchos motivos para
pensar que van a respetar la voluntad popular a menos que se elija el proyecto
del aeropuerto de Santa Lucía.