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jueves, 30 de agosto de 2018

Grandes proyectos de infraestructura


Ha pasado ya más de un siglo desde la salida del gobierno de uno de los personajes más emblemáticos de nuestra historia. Emblemático, para bien o para mal. Durante su gobierno se emprendieron grandes proyectos de infraestructura al tender más líneas de ferrocarril que cualquier otro gobernante, la modernización de puertos marítimos o la construcción de otros, la llegada del teléfono, la electricidad y el telégrafo, creo que en la historia no hubo otro gobernante con esa visión de país, y en este momento vaya que sí hace falta. Estoy hablando de Porfirio Díaz, evidentemente. El régimen de la Revolución no hizo otra cosa que destruir en gran medida los logros de don Porfirio y para muestra vean el estado actual de los ferrocarriles. Aunque fe una persona que cometió grandes errores como el eternizarse en la presidencia poco más de tres décadas y las condiciones sociales de su tiempo (muy comunes en aquella época, por cierto), la verdad es que ahora me preguntó si esas cuestiones se habrían resuelto de otro modo.
Pero volviendo al presente, me doy cuenta de que el gobierno próximo a entrar el 1 de diciembre le falta esa visión hacia el futuro. Desde hace casi cien años que terminó la contienda armada y México sigue siendo un país en el que el fuerte abusa del débil, con mucha corrupción y un desarrollo económico que no es ni la sombre de lo que fue en el Porfiriato. ¿Qué haría don Porfirio en esto momento, yo me preguntó, con un proyecto como el que se construye en Texcoco? Sin duda lo apoyaría y más porque es una buena oportunidad de desarrollo económico para una región bastante conflictiva como lo es el oriente del Estado de México. Es cierto que eso detonaría el crecimiento poblacional de la zona con los problemas que eso conlleva, pero estas cosas así son. Claro, a mí me encantarían que hubiese mejores formas de transporte, y tengo entendido que va a ir incluido un tren suburbano de la Ciudad de México a Texcoco. Quienes conocen el tren suburbano de Buenavista a Cuautitlán saben que redujo considerablemente el tiempo de traslado de cerca de hora y media a 35 minutos entre el municipio mexiquense y la Ciudad de México, ahora imagínense hacer 10 minutos a la misma ciudad desde Texcoco.
El nuevo aeropuerto se construye a unos pocos kilómetros del actual, y al gobierno que va a entrar no le parece. Porque arguyen que “es una obra costosa, que el terreno no es el adecuado” y otra sarta de estupideces. En lugar del proyecto en Texcoco, pretende construir dos pistas de aterrizaje en la base aérea de Santa Lucía en el municipio de Zumpango, Estado de México. La zona está bastante lejos del centro de la Ciudad de México (a unos 60 kilómetros, según Google Maps, y a 50 del actual aeropuerto). La peor parte del proyecto plantea que Santa Lucía tenga todos los vuelos internacionales mientras que el actual solo tenga vuelos nacionales. Para el viajero internacional sería bastante incómodo y plantea un problema de conexión que no tiene el proyecto de Texcoco, o por lo menos no a esa escala. Además, el terreno de Santa Lucía es igual de lodoso que el de Texcoco, para conseguir terreno firme básicamente el aeropuerto se debería construir en Pachuca, Toluca o Querétaro. A veces pienso que López Obrador y su equipo solo lo hacen para llevarle la contraria al gobierno de Peña Nieto nada más para fastidiar.
Y a todo esto que dicen las personas a las que les piensan preguntar sobre el proyecto. En encuestas que realizaron diversos medios de comunicación como El Financiero, Milenio, El Universal y otros parece que la mayoría de los mexicanos desean continuar con el proyecto de Texcoco y desechar el de Santa Lucía, siendo este último considerado como inviable por organismos especializados en seguridad aérea como el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) y la OACI. Lo que argumentan los expertos de ambas instituciones es que el problema no radica en el terreno de construcción, sino en que tener dos aeropuertos funcionando como se propone en el proyecto de MORENA restringiría las operaciones de ambos aeropuertos debido a que por la zona montañosa donde se encuentra la Ciudad de México dificulta el trazado de pasillos aéreos para llevar las aeronaves a las pistas de aterrizaje sin riesgos por lo que pasarían pocos años para volver a tener el problema de saturación. Lo barato sale caro, dice el dicho que es muy popular en México. Además, luego de ver la encuesta para elegir al candidato a Jefe de Gobierno de la Ciudad de México y la metodología que fue ocultada hasta que la prensa hizo presión no tengo muchos motivos para pensar que van a respetar la voluntad popular a menos que se elija el proyecto del aeropuerto de Santa Lucía.  

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