En días recientes se vio
un defecto en una obra del gobierno federal que apenas había sido inaugurada
hace escasos tres meses. Era un paso exprés de estilo norteamericano (quien
haya visitado Newark, Nueva Jersey no me dejara mentir) donde los carriles
centrales son para el transito foráneo y los laterales para el local. Esto se
hizo en la autopista México-Cuernavaca (que por cierto es la autopista de cuota
más cara del país) y por defectos de construcción se abrió un boquete debido que
no modificaron los ductos del drenaje y en el agujero cayó un automóvil con dos
personas a bordo que fallecieron por la ineptitud de los equipos de rescate. Esto
es una escena de la vida moderna en nuestro país donde perece que la corrupción
hace que sea más importante la fotografía que las vidas humanas con el hecho de
que hay licitaciones amañadas y compras a sobreprecio en productos y servicios.
En años recientes el
ejemplo más claro fue el de la línea 12 del metro de la Ciudad de México, la
línea del bicentenario. A casi un año de inaugurada empezó a tener problemas en
los rieles y había un riesgo terrible de que descarrilaran los trenes. Evidentemente
algo no cuadro en la construcción de la línea del metro cuyo precio fue un poco
más de tres veces lo estimado en el presupuesto original. Entonces uno pensaría
que fue construida con los mejores materiales y los mejores especialistas, pero
me temo que no es el caso. Me temo que las vidas humanas no son esenciales
cuando se trata de construcción de autopistas, trenes y otros medios de
transporte y se traslada a otras obras como hospitales, viviendas, escuelas y
otros edificios públicos y la verdad es que con todo esto estamos en problemas.
Con tal de ahorrarse unos pesos para poder echarse a la bolsa, se meten
materiales más baratos o se saltan pasos en la construcción. La evidencia más
clara de esto se vio en el terremoto de 1985 en la Ciudad de México ya que la mayoría
de los edificios que se cayeron (entre ellos el Hospital General) es evidente
que hicieron lo que describí en líneas arriba.
También considero como
descuido mortal el no atender normas de seguridad y hay casos de este tipo en
las últimas tres décadas. Estoy hablando desde luego de la explosión en San
Juanico, la explosión del drenaje en Guadalajara y el incendio de la guardería ABC
en Hermosillo. En el primer caso la causa fue el permitir el poblamiento de una
zona sin tomar el riesgo que implicaba. La madrugada del 19 de noviembre de
1984 se confirmaron dichos temores cuando hubo una explosión en una planta de
almacenamiento de gas cercana a una zona residencial causando la muerte de
entre 500 y 600 personas al instante. En el segundo caso fue el descuido de los
constructores los que causaron la corrosión de un ducto de gasolina que se
filtró al drenaje y la inacción de las autoridades de protección civil que hizo
caso omiso a los avisos de los vecinos de un persistente olor a combustible. En
cuanto al tercer caso son patentes las omisiones en materia de protección civil
y corrupción de las autoridades de una estancia infantil que en otro lugar del
mundo ni siquiera habría llegado a operar. Todos tienen algo en común. La corrupción
de las autoridades al permitir riesgos innecesarios para la población que al
final resultan fatales para esa misma población que en dos de los casos por
comodidad no hicieron nada por evitar su trágico destino que un día llegó.
Aunque me temo que no
está entre las prioridades de la población la cultura de la prevención que es
tomada incluso a juego. Esto se nota sobre todo en los simulacros de sismo o de
incendio en las escuelas donde los alumnos lo toman a juego y van echando
relajo ocasionando que tarden demasiado tiempo en llegar a la zona de
seguridad. También he visto demasiadas veces padres que llevan a sus hijos en
el auto sin los sistemas de retención adecuados aunado por el hecho de la falta
de sanciones por parte de las autoridades estatales porque no está incluido en
los reglamentos de tránsito. Entonces me temo que estamos en un círculo vicioso
donde la seguridad no es prioridad para las autoridades y la población la toma
a burla. Tal parece que vivimos en el país de “no pasa nada”, pero el problema
es que las cosas pueden suceder en el momento menos esperado y es cuando
ocurren tragedias como las que expuse en párrafos anteriores. En otros países los
funcionarios públicos pueden ir a prisión por este tipo de omisiones y se
acaban carreras políticas. En cambio, en nuestro país la corrupción es algo generalizado
y tal parece que el poner en riesgo algo con lo que no se debe jugar como algo
tan preciado como la vida humana parece que no es algo prioritario para la mayoría.
Ahora que se están discutiendo en el congreso los detalles del Sistema Nacional
Anticorrupción me queda muy claro que el retraso se debe a que la mayoría de la
clase política tiene cola que le pisen, y en el caso de adjudicaciones de
contratos públicos y compras a sobreprecio las cosas seguirán iguales por un
largo tiempo.