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martes, 18 de julio de 2017

Descuidos mortales

En días recientes se vio un defecto en una obra del gobierno federal que apenas había sido inaugurada hace escasos tres meses. Era un paso exprés de estilo norteamericano (quien haya visitado Newark, Nueva Jersey no me dejara mentir) donde los carriles centrales son para el transito foráneo y los laterales para el local. Esto se hizo en la autopista México-Cuernavaca (que por cierto es la autopista de cuota más cara del país) y por defectos de construcción se abrió un boquete debido que no modificaron los ductos del drenaje y en el agujero cayó un automóvil con dos personas a bordo que fallecieron por la ineptitud de los equipos de rescate. Esto es una escena de la vida moderna en nuestro país donde perece que la corrupción hace que sea más importante la fotografía que las vidas humanas con el hecho de que hay licitaciones amañadas y compras a sobreprecio en productos y servicios.
En años recientes el ejemplo más claro fue el de la línea 12 del metro de la Ciudad de México, la línea del bicentenario. A casi un año de inaugurada empezó a tener problemas en los rieles y había un riesgo terrible de que descarrilaran los trenes. Evidentemente algo no cuadro en la construcción de la línea del metro cuyo precio fue un poco más de tres veces lo estimado en el presupuesto original. Entonces uno pensaría que fue construida con los mejores materiales y los mejores especialistas, pero me temo que no es el caso. Me temo que las vidas humanas no son esenciales cuando se trata de construcción de autopistas, trenes y otros medios de transporte y se traslada a otras obras como hospitales, viviendas, escuelas y otros edificios públicos y la verdad es que con todo esto estamos en problemas. Con tal de ahorrarse unos pesos para poder echarse a la bolsa, se meten materiales más baratos o se saltan pasos en la construcción. La evidencia más clara de esto se vio en el terremoto de 1985 en la Ciudad de México ya que la mayoría de los edificios que se cayeron (entre ellos el Hospital General) es evidente que hicieron lo que describí en líneas arriba.
También considero como descuido mortal el no atender normas de seguridad y hay casos de este tipo en las últimas tres décadas. Estoy hablando desde luego de la explosión en San Juanico, la explosión del drenaje en Guadalajara y el incendio de la guardería ABC en Hermosillo. En el primer caso la causa fue el permitir el poblamiento de una zona sin tomar el riesgo que implicaba. La madrugada del 19 de noviembre de 1984 se confirmaron dichos temores cuando hubo una explosión en una planta de almacenamiento de gas cercana a una zona residencial causando la muerte de entre 500 y 600 personas al instante. En el segundo caso fue el descuido de los constructores los que causaron la corrosión de un ducto de gasolina que se filtró al drenaje y la inacción de las autoridades de protección civil que hizo caso omiso a los avisos de los vecinos de un persistente olor a combustible. En cuanto al tercer caso son patentes las omisiones en materia de protección civil y corrupción de las autoridades de una estancia infantil que en otro lugar del mundo ni siquiera habría llegado a operar. Todos tienen algo en común. La corrupción de las autoridades al permitir riesgos innecesarios para la población que al final resultan fatales para esa misma población que en dos de los casos por comodidad no hicieron nada por evitar su trágico destino que un día llegó.

Aunque me temo que no está entre las prioridades de la población la cultura de la prevención que es tomada incluso a juego. Esto se nota sobre todo en los simulacros de sismo o de incendio en las escuelas donde los alumnos lo toman a juego y van echando relajo ocasionando que tarden demasiado tiempo en llegar a la zona de seguridad. También he visto demasiadas veces padres que llevan a sus hijos en el auto sin los sistemas de retención adecuados aunado por el hecho de la falta de sanciones por parte de las autoridades estatales porque no está incluido en los reglamentos de tránsito. Entonces me temo que estamos en un círculo vicioso donde la seguridad no es prioridad para las autoridades y la población la toma a burla. Tal parece que vivimos en el país de “no pasa nada”, pero el problema es que las cosas pueden suceder en el momento menos esperado y es cuando ocurren tragedias como las que expuse en párrafos anteriores. En otros países los funcionarios públicos pueden ir a prisión por este tipo de omisiones y se acaban carreras políticas. En cambio, en nuestro país la corrupción es algo generalizado y tal parece que el poner en riesgo algo con lo que no se debe jugar como algo tan preciado como la vida humana parece que no es algo prioritario para la mayoría. Ahora que se están discutiendo en el congreso los detalles del Sistema Nacional Anticorrupción me queda muy claro que el retraso se debe a que la mayoría de la clase política tiene cola que le pisen, y en el caso de adjudicaciones de contratos públicos y compras a sobreprecio las cosas seguirán iguales por un largo tiempo.     

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