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martes, 4 de diciembre de 2018

Motivos para desconfiar


Tengo motivos para desconfiar del gobierno de López Obrador, incluso aun más que hablando de la administración que llegó a su fin. Para mí, en lo personal, López Obrador me parece un demagogo de lo peor que está pretendiendo regalar dinero a diestra y siniestra, aunque se ha hecho durante décadas sin resultados positivos a largo plazo. Los índices de pobreza no bajan del 40% desde hace cinco décadas a pesar de los programas sociales, los controles gubernamentales propician la corrupción, pero no parece que haya interés por corregir el rumbo. Lo peor es que se pretenden cancelar grandes proyectos de infraestructura como lo es el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México al someterlo a una consulta con fuertes sospechas de estar amañada para cancelar el aeropuerto e imponer el proyecto de Santa Lucía. López Obrador sabe ser polémico para llevar los reflectores a su persona y no perder legitimidad ante los mexicanos.
Tal parece que López Obrador sigue en campaña y es evidente que viajar en avión comercial y renunciar al Estado Mayor Presidencial causa furor entre las masas. Se toma selfies con sus seguidores para aparentar “cercanía con las causas del pueblo”. Sostengo, sin embargo, que el lema del gobierno de Porfirio Díaz sigue vigente aunque no lo parezca: “Poca política y mucha administración”, y ahora es completamente al revés: “Demasiad política, absolutamente nada de administración”, pero nadie se acuerda porque Díaz es el peor villano de nuestra historia, el ejemplo de lo que “no se debe hacer”. Partiendo de esto, López Obrador no entiende que la confianza no es algo que se pueda pedir, sino que es algo que se gana, y la verdad es que ha hecho poco o nada para ganarse a los inversionistas. Para ocultar este pequeño pero importante detalle se escuda en la opinión del “pueblo bueno” de tal modo que cuando se equivoque nadie de sus seguidores se lo va a recriminar “porque el pueblo nunca se equivoca”. Sin embargo, al ver lo ocurrido en otros países de Latinoamérica, tengo mis reservas con respecto a esa afirmación, pues estoy viendo pueblos que se equivocaron y ahora lo están pagando caro.
Alguna vez ya había dicho en este espacio que no es bueno llevarle la contraria al gobierno solo por oponerse. Y ahora, cuando me doy cuenta que la oposición en México al PRI siempre ha sido radical, pero solo para desplazar al partido en el poder, no así su régimen. ¿Acaso no se dan cuenta que López Obrador defiende la demagogia que hizo poderoso al PRI que tanto dicen odiar, pero en el fondo aman y añoran? Y algo que aprendí con los años es que cuando la clase política se da baños de pueblo las cosas tienden a salir terriblemente mal para todos en prácticamente todos aspectos, basta con ver a Echeverría en los 70 para darse cuenta de lo que digo. Pero yo sé que no lo van a hacer porque en este mundo moderno en el que la información está más que al alcance de la mano nadie se da el tiempo para investigar que rayos pasó en nuestro pasado reciente, o más atrás, de ahí que está presente aquella frase que dice “Quien no conoce su pasado está condenado a repetirlo”. En realidad, creo que esta no es la primera vez que los mexicanos pasamos por tiempos difíciles, pero también es un buen momento para reflexionar el país que queremos y la ruta más adecuada para tenerlo.
Y ahora está el tema del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, que se construye en Texcoco, Estado de México. Se argumenta que la obra es muy costosa, y que no se necesita, aunque los estudios técnicos digan lo contrario. Creo que Gustavo Madero podría tener razón en sus comentarios, pues tal vez su gente desea meter las manos en el dinero del aeropuerto y por eso fingen que quieren cancelarlo. El punto es que lo hace demasiado bien porque han convencido a la gente de la intención de cancelar el proyecto. Aunque duela esta parte, López Obrador se ha convertido en lo que tanto critica (o solo demuestra su verdadera forma de ser) con respecto a la cancelación de uno de los proyectos de infraestructura más importantes de los últimos años. Y esto es importante, porque se manipuló la consulta a su antojo para evadir su responsabilidad política. En lo que considero que puede ganar lo va a someter a consulta, lo que no, sencillamente no lo hará. Con esto López Obrador nos demuestra varias cosas: cómo será su gobierno, la corrupción va a ser la tónica toda su administración y el saque va a seguir siendo constante durante su gobierno. Lo siento por López Obrador, pero se está metiendo en camisa de once varas al no medir las consecuencias de sus palabras y de sus actos. Si se fuera solo al barranco, no diría nada, pero nos lleva a todos entre las patas.

sábado, 6 de octubre de 2018

Que ya se olvide el 2 de octubre


En el marco de las celebraciones de la matanza de Tlatelolco, de la que ya han pasado cincuenta años, todavía hay detalles que me producen mucho desasosiego. Lo ocurrido en los últimos 50 años no considero que sea del todo positivo, en especial ya en tiempos más recientes. La generación de los grandes movimientos sociales inició con el consumo indiscriminado de drogas, la rebeldía como forma de vida y comenzó la relajación de la constancia y la disciplina. Dicen los que saben que el movimiento del 68 fue un parteaguas y que llevó al régimen de la Revolución a su declive y caída. Ahora la verdad es que estoy convencido de que el movimiento del 68 llevó al PRI a su decadencia y caída, al régimen como tal la verdad es que no fue así. Aunque la mayoría no lo quiere reconocer, los mexicanos añoran al régimen que impuso el tricolor, aunque no lo reconozcan de manera abierta.
Y tengo mis dudas acerca de los efectos que tuvo el movimiento del 68 debido a los sucesos de los tiempos recientes. El consumo excesivo de drogas, la mala educación y la escasa cultura de las personas son efectos que sin duda comenzaron con la generación que estuvo presente en los eventos del año 1968. En aquellos años en los que la Guerra de Vietnam estaba en sus inicios, los hippies se lanzaban a las calles con su mensaje de “paz y amor, se generalizaba el consumo de drogas, aparecía la minifalda y también la pastilla anticonceptiva, por lo que se sentaron las bases de lo que vivimos en los tiempos recientes. En aquellos años también estaba en auge la Revolución Cubana y sus íconos: Fidel Castro, Ernesto el “Che” Guevara y Camilo Cienfuegos y hasta los ponían como ejemplo de democracia y prosperidad, pero como siempre, el tiempo se ha encargado de desmentirlo. Y es que en aquellos años las personas (sobre todo los estudiantes universitarios en Latinoamérica) soñaban con emular a ese trio al subir a las montañas para derribar a las dictaduras que en aquellos años asolaban a la región e instaurar un régimen socialista. Eso sí, por eso considero que fueron una generación bastante ingenua, planeaba tirar regímenes autoritarios y poner otros peores.
Es cierto que en los años siguientes el PRI entro en decadencia, pero eso era inevitable por la misma estructura que lo conformaba. Las cifras económicas de los 70 fueron las que llevaron al partido a su decadencia, esto porque nunca pudo alejarse de la demagogia que lo llevó a la cúspide de su poder. El movimiento del 68 también llevó al surgimiento de guerrillas comunistas en todo el territorio nacional durante la llamada Guerra Sucia de los años 70. Tengo motivos para pensar que en el fondo esto era lo que llevó a los estudiantes a las calles en primer lugar. Esto es porque todos aquellos movimientos emulaban lo hecho por Fidel Castro, Camilo Cienfuegos y el Che Guevara y de ese modo poder imponer el socialismo. Sin embargo, no vieron con suficiente atención a su alrededor, pues los gobiernos de Luis Echeverría y José López Portillo aplicaron medidas socialistoides que al final llevaron al país a la ruina. ¿De qué les sirvió entonces subir al profesor Lucio Cabañas a la Sierra de Guerrero, si otros ya hacían lo que pregonaba en sus panfletos? La verdad es que la Guerra Sucia es un evento que no he comprendido del todo.
Lo peor del caso es que los estudiantes que murieron en 1968 lo hicieron en balde, pues tengo bastantes motivos que el régimen que intentaron hacer caer está renaciendo. Renaciendo, en una regresión mucho peor que cuando estaba en su apogeo pues ahora se va a tratar de una dictadura personal al estilo de la de Calles. El movimiento del 68 tal vea haya herido de muerte al Partido Revolucionario Institucional, pero no al régimen de la Revolución que sigue vigente a pesar de lo que ha ocurrido en los últimos años. El PRI adoctrino bastante bien a los mexicanos al imponer el dogma de la Revolución del mismo modo en el que se relata en la novela de George Orwell “Rebelión en la Granja”, al repetir una y otra vez que estábamos mejor que antes, lo cual no es cierto, o por lo menos no del todo. Entre las contradicciones está el odio hacia todo lo que venga de España, a pesar de que en 197 años no se ha querido romper con el orden impuesto desde la llegada del primer virrey, Antonio de Mendoza, en el siglo XVI. Tengo que insistir en el hecho de que la mayor parte de nuestros problemas no son nuevos y la verdad es que siempre ha habido poco o nulo interés en hacer las cosas de otro modo. Las grandes transformaciones no rompieron con ese orden aunque lo pregonaron, y que la Revolución lo repita una y otra vez, le dio un nuevo auge a ese orden. Y el nuevo gobierno, que se dice heredero de los estudiantes que murieron en Tlatelolco, no lo hará de ninguna manera.

martes, 25 de septiembre de 2018

Política internacional


Las relaciones internacionales son un tema que en nuestro país está olvidado gracias a nuestra tendencia a aislarnos del resto del mundo. Y es que en un país como el nuestro que deja mucho que desear en diversas materias, además de no tener poderío alguno, es un tema escabroso de tratar la mayor parte del tiempo. Pero no por eso significa que debamos dejarlo de lado, en especial con un vecino como Estados Unidos, que para bien o para mal, influye de manera importante en la vida nacional. Y en estos tiempos en los que la vida nacional se ha vuelto tan complicada, el gobierno norteamericano se las ha jurado a nuestro país y estamos en transición no es algo que se deba dejar a la ligera. Las políticas internacionales pueden tener repercusiones en nuestras vidas en materias tan diversas como la economía, seguridad pública e incluso en nuestras ideas. Y tenemos el problema de que pensamos que lo que ocurre en el ámbito internacional no nos afecta, lo que constituye un error.
Hace dos meses, casi tres, vinieron los representantes más importantes del Departamento de Estado de Estados Unidos. Par los que no sepan, el Departamento de Estado es la institución del gobierno norteamericano encargada de dirigir la política exterior de nuestro vecino del norte. Y en estos momentos la relación con Estados Unidos vuelve a atravesar un momento bastante delicado. De lo que estoy convencido es que Donald Trump no tiene un pelo de tonto y estoy seguro de que esos funcionario vinieron a ver cómo van a tratar al futuro gobierno. Se me hace muy ingenuo pensar que el gobierno norteamericano no tuviera un plan para tratar con los posibles presidentes de nuestro país y de esa manera sacar provecho para ellos. En las facultades de ciencias políticas de las universidades de Estados Unidos (aunque no es algo exclusivo de estas) se enseña a ser psicoanalista tomando en cuenta que todo lo que hacemos es parte de nuestro subconsciente. Eso no es todo, pues también enseñan a ser autodidactas en aprender la historia de otros países así como su cultura e idiosincrasia con el fin de penetrar más fácil en ellos.
Esto es algo que la mayoría de los mexicanos no alcanzamos a entender a pesar de la desconfianza que sentimos hacía los norteamericanos. Y lo que digo está presente en nuestra historia. Joel R. Poinsett estaba perfectamente bien enterado de que había divisiones entre los mexicanos desde la época de Iturbide, divisiones de las que se aprovecharon en 1847 para arrebatarle a nuestro país la mitad de su territorio. Lean un libro que se llama “La guerra secreta en México” que habla de las intrigas de potencias extranjeras en nuestro país durante la Revolución Mexicana y la Primera Guerra Mundial. Es decir, desde hace mucho que las grandes potencias intrigan en nuestro país, hecho que también fue bien documentado en la película de Cantinflas “Su excelencia”. En otras palabras, es mentira que nuestro país tenga una política exterior propia, pues siempre ha estado sujeta a la opinión de los gobiernos de otros países, sin importar cuanto protestemos por este hecho. Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos. Tener de vecino a uno de los países más poderosos del mundo ha sido una maldición y una bendición al mismo tiempo, pues nos ha hecho daño con la pérdida de territorio y por otra parte evita invasiones.  
En otras palabras, se necesita tener cierto tacto en la complicada relación con Estados Unidos  si es que el nuevo gobierno pretende salir bien librado de lo que viene. El dormirse en los laureles ante Donald Trump se me hace una actitud muy irresponsable sencillamente por lo maquiavélicos que son los funcionarios norteamericanos. Lo peor de cas es que los mandatarios de ambos lados de la frontera son impredecibles y cualquier cosa que digan o hagan puede tener repercusiones negativas tanto para un lado como para el otro. El nuevo secretario de Relaciones Exteriores debe tener en cuenta todo esto si quiere llevar la fiesta en paz con la administración de Trump y no solo por las polémicas declaraciones del presidente norteamericano sino también por el mexicano. También en este espacio he expresado que Trump tiene razón al decir que en Estados Unidos no se tiene la obligación de recibir a los inmigrantes que huyen por necesidad. Es cierto que Estados Unidos es el principal socio comercial de nuestro país, pero jamás debemos permitir que esa relación se base en la sumisión. No puedo dejar de señalar que es necesario establecer relaciones comerciales más estrechas con otros países para no depender tanto de Estados Unidos. Pero por lo que escribí en el párrafo anterior, esas relaciones también deben llevarse con pies de plomo por el bien de todos.


sábado, 22 de septiembre de 2018

Transición agitada


Este año es aparentemente de grandes transformaciones, sin embargo, y como muchos de mis lectores se imaginan, tengo mis reservas. Es mi naturaleza desconfiar de aquellas personas que hablan bien de sí mismas porque a la hora de la verdad resultan ser todo lo contrario. “Yo soy honesto” es una frase que he oído durante demasiado tiempo, prácticamente desde que supe la existencia de López Obrador como político, pero la ha repetido tanto que ya pienso que a la persona a la que trata de convencer de su honestidad es a sí mismo. Las veces que yo he conocido a ese tipo de personas la verdad es que considero que ese razonamiento tan empírico tiene bastante razón. Esto es algo que decía mmi abuelo hace ya bastante tiempo y es algo que tengo muy presente en un mundo lleno de aparatos electrónicos y que se ha olvidado que las personas ancianas tienen la experiencia de la vida, aunque se piense que tengan ideas anticuadas. Pero volviendo al punto, también me hace desconfiar de López Obrador la gente de la que se rodea.
Hablar bien de sí mismo, la gente que lo rodea, creo que me faltan sus escándalos recientes, que de haberlos cometido otro partido hubiese sido motivo de que pusiera el grito en el cielo. No tengo tampoco la menor duda de que sus comentarios recientes tienen por objeto hacer que las personas desvíen las futuras frustraciones hacia su gobierno en contra del que lo antecedió porque no va poder cumplir con todas las demandas o siquiera con sus promesas, que por cierto no he conocido economía al día de hoy que las aguante. Las necesidades más apremiantes del país son muchas, y gran parte de ellas no se resuelven arrojando dinero ni basta con buenas intenciones. El camino al infierno está lleno de buenas intenciones, y esto se refiere sobre todo a aquellas acciones que están encaminadas con la intención de ayudar y mejorar, pero a la larga pueden tener efectos contraproducentes. Cuidado también con aquellas personas que prometen bajarnos el sol, la luna y las estrellas porque a la larga van a resultar contrarios a lo que prometieron. Gobiernos gastalones ya hemos tenido y las cosas salieron terriblemente mal con una de las peores crisis económicas de la historia. No conozco hasta la fecha nación alguna que se haya hecho prospera regalando dinero a diestra y siniestra, pero sí conozco muchos países arruinados por hacerlo.
Más que un gobierno gastalón, necesitamos uno responsable, que dé las herramientas para que nosotros mismos salgamos adelante. Cuando el Estado se coloca como proveedor de todo y de todos, es una aberración porque el Estado se sostiene de los impuestos de todos, y nadie tiene la obligación de mantener a nadie, además de que las personas se vuelven atenidas de las dadivas del gobierno sin importar quien pague. En realidad este es un círculo vicioso, pues todos queremos tener derechos, pero pocas personas hablan de obligaciones y de cumplirlas. Bajo este esquema, la receta para el desastre está presente, se quiera admitir o no. El futuro gobierno lo que debe poner son las condiciones para que todos podamos emprender nuestros proyectos de vida, no importa cuales sean, solo si no le hacen daño a terceros. Al querer imponer una constitución moral el gobierno se está metiendo en terrenos que no le competen, al decirnos que pensar y que hacer fuera de nuestras propias convicciones. Esto ya ni siquiera es de gobiernos autoritarios, sino que es propio de totalitarismos como lo fueron la Unión Soviética o lo son Cuba y Corea del Norte. Estas son cosas que bajo ningún motivo debemos permitir porque es limitar nuestras libertades de un modo terrible y después serán difíciles de recuperar.
Yo no tengo la menor duda de que López Obrador está ofreciendo el paraíso, pero también debemos reflexionar algunas cosas. Y lo primero es cuántas veces nos han prometido cambios y cuantas veces nos han decepcionado. Por lo que he leído han sido muchas veces y la verdad es que me he dado cuenta que los peores gobernantes prometieron el oro y el moro y al final las cosas salieron al revés. ¿Cuántas personas nos han prometido el oro y el moro? La verdad no sé exactamente, pero han sido demasiadas y ya estoy cansado de dar oportunidades a gente nueva que al final de cuentas va a terminar por decepcionarnos del mismo modo porque hacen las mismas cosas una y otra vez y sin cambiar los procedimientos. Esto sin duda tiene que ver con las personas que le dieron independencia a este país. Sin embargo, y por lo visto en estos 200 años de vida independiente, no hemos aprendido nada. Solo se exige pero no se quiere poner de nuestra parte para ser un mejor país y ahí es donde radica el problema. Quisiera ver en serio, que esto no solo dependiera de las autoridades, pero esto no ha sido así. No tengo motivos para confiar en López Obrador porque se ha rodeado de personas no gratas, tiene un programa de gobierno que no es muy claro y habla muy bien de sí mismo todo el tiempo. Además todos se han puesto expectativas muy altas acerca de su administración.


jueves, 13 de septiembre de 2018

A 50 años del movimiento del 68


Una transición de poder justo cuando se celebran 50 años del mítico movimiento de 1968 que cimbró a un régimen autoritario hasta los cimientos. Yo mismo he criticado al régimen al que se enfrentaron, aunque nunca he apoyado ni el motivo que los llevó a lanzarse a las calles a protestar ni las consignas que gritaban en las protestas alabando a un régimen igual o peor como el Castrista de Cuba. Y aunque es criticable el modo en el que salieron las cosas al final debido a la masacre de Tlatelolco (para el gobierno, claro está) no puedo dejar de preguntarme si ese movimiento fue para bien. Ha pasado prácticamente medio siglo, el suficiente tiempo como para sopesar los efectos que tuvo el movimiento estudiantil de 1968 en el México actual. Muchos de ustedes me van a odiar, pero tengo la idea de qe las consecuencias del movimiento estudiantil no fueron del todo positivas por lo que estamos viviendo ahora. Ya lo he dicho anteriormente: las decisiones del pasado tienen repercusiones hasta el presente.
¿Por qué digo que las consecuencias del movimiento del 68 no fueron del todo para bien? Porque estoy convencido de que hay algo que nos ha faltado y es dejar de lado el amor que sienten los mexicanos por el Partido Revolucionario Institucional. Los que leen este espacio de manera regular saben que tengo la idea de que la mayoría de los mexicanos que sufragaron el 1 de julio eligieron un gobierno que reencarna lo peor del PRI. Llámenlo síndrome de Estocolmo, amnesia, masoquismo o miedo a lo desconocido, el mexicano promedio habla mal de los gobiernos de tricolor del pasado reciente, pero no de lo que pasó antes, como si las cosas salieran mal porque sí. Estas divagaciones son importantes porque la gente tiene la peor opinión del PRI, pero les aseguro que muy pocas personas me saben responder cómo se construyó ese régimen. Por ejemplo, ahora sé que uno de los principales partidarios de los estudiantes ayudó a construir el régimen al que combatieron, el general Lázaro Cárdenas. Y el mismo Cárdenas fue un represor y para que se den cuenta revisen lo ocurrido en la jornada electoral de 1940. Como lo he dicho antes: no podemos romper con el pasado y nos tropezamos una y otra vez con la misma piedra.
Para muestra un botón: muchos de los que votaron por MORENA lo hicieron porque “querían darle la oportunidad a personas, ideas y políticas nuevas”. Lamento decepcionarlos, pero por lo que he visto hasta el momento es que le dieron otra oportunidad a lo peor del PRI tanto en “capital” humano, ideas y políticas. En mi opinión, esto es porque el adoctrinamiento del régimen de la Revolución sigue vigente a pesar del odio que se le tiene. MORENA básicamente nos vende un modelo de país con políticas públicas que de alguno modo u otro ya fracasaron estrepitosamente. Las ideas que trae MORENA para la “cuarta transformación nacional” se nota que son del corporativismo que fue traído por Plutarco Elías Calles y refrendado por Cárdenas con el que se construyó el régimen que masacró jóvenes en Tlatelolco el 2 de octubre de 1968 y el 10 de junio de 1971 en San Cosme. El tamaño de lo que estoy diciendo es que en 1968 el PRI estaba en la cúspide del poder cuando los estudiantes fueron y desafiaron ese poderío protestando en la calle. Y los mexicanos de hoy en día, sin querer por supuesto, defienden las bases de ese régimen porque así fueron adoctrinados justificando al mismo.
Ahora lo que me inquieta es que en este momento que se cumple medio siglo de aquellos funestos acontecimientos hay problemas otra vez al interior de la máxima casa de estudios de nuestro país. Estoy perfectamente bien enterado de que los porros son grupos de choque al interior de las universidades, públicas sobre todo, y que son financiados por alguno nivel de gobierno o partidos políticos. Tienen por objetivo causar problemas al interior de esas instituciones, sobre todo cuando salen a protestar los estudiantes tienen la meta de reventarlas por medio de la violencia. Dirán que soy paranoico, pero aquí hay algo que no me gusta, sobre todo por los 50 años de lo ocurrido en Tlatelolco y porque un nuevo gobierno que “representa” las esperanzas de una sociedad “ávida” de cambios profundos está por tomar el poder pone a mi parecer un escenario bastante sospechoso al no parecerme algo fortuito. Esto es porque hay grupos en el nuevo gobierno y en el actual en desatar el caos. Pero algo que no puedo pasar por alto es que el gobierno que entra en diciembre quiere tener el control de todo, y me parece que las universidades públicas no son la excepción puesto que durante gran parte del siglo pasado fueron un dolor de cabeza para el gobierno. El nuevo gobierno está dispuesto a vender el futuro del país al derogar la reforma educativa y todo por unos cuantos votos y acarreados de un sindicato charro. Y ese es el legado de aquellos universitarios que hace medio siglo desafiaron a un régimen autoritario: que este ha cambiado de rostro, pero no de esencia.    

sábado, 8 de septiembre de 2018

Porros y grupos de choque


En mi opinión uno de los temas más escandalosos y sucios de la política mexicana es el referente a los grupos de choque. La misión de estos grupos es la de intimidar a la población mediante violencia cuando los medios pacíficos han fallado para hacer entender el punto de vista del gobierno. Esto llegó a México de la mano con la fundación del Partido Nacional Revolucionario que traía ideas de partidos de corte autoritario y totalitario del Partido Nacional Fascista de Italia y del Partido Comunista de la Unión Soviética, respectivamente. En Italia, por ejemplo, los “Camisas Negras” fueron un grupo de choque utilizado por el régimen fascista para hacer presión social. El primer grupo de choque en nuestro país fue sin duda los “Camisas Pardas”, creados por el gobernador de Tabasco Tomás Garrido Canabal para perseguir a la Iglesia Católica en el sureño estado de nuestro país. A partir del movimiento estudiantil de 1968 se crearon grupos de choque llamados “porros” al interior de la UNAM y el IPN para reventar las manifestaciones.
En la actualidad los grupos de choque más conocidos son “Antorcha Campesina” y la Confederación Nacional Campesina, ambos relacionados con el Partido Revolucionario Institucional. Estos grupos hacen manifestaciones para perturbar la paz y a cambio el partido tricolor les da prebendas y concesiones. El PRI fue en buena medida el que alimentó la causa de Antorcha Campesina, por ejemplo, con el estrepitoso fracaso de la Reforma Agraria de Lázaro Cárdenas. No son pocos los historiadores que hablan de esto, pues el ejido fue un fracaso de pies a cabeza debido al fraccionamiento masivo de la tierra para cultivar, el desconocimiento de los productores agrícolas de lo más básico para sembrar y el desinterés de varios gobiernos llevó a la emigración de personas del campo a la ciudad, lo que llevó a la insuficiencia de vivienda en estas. A partir de los años 70 el gobierno les permitió invadir terrenos en las ciudades, siendo los ejemplos más importantes los municipios del oriente del Estado de México y las zonas altas de la Ciudad de México (delegaciones Álvaro Obregón y Cuajimalpa). El resultado fue un desorden en el crecimiento de muchas ciudades hasta el día de hoy, cinturones de miseria y colonias con delincuencia desbordada. Es decir, lo que llaman en la Ciudad de México “ciudades pérdidas”.
Es decir, el partido político que creo los problemas que padecen y por los que muchos grupos de choque salen a las calles a protestar es el que también los alienta a hacerlo. Sin embargo, el régimen de la Revolución los supo adoctrinar muy bien al hacerles creer que antes vivían los campesinos pobres y explotados por una burguesía abusiva para hacerles creer que ahora son libres. Pero si en realidad se analiza la situación con lupa, uno se puede dar cuenta que pasaron de ser un grupo empobrecido y explotado por otra clase de burguesía igual o peor de abusiva que la anterior. “Pan o palo”, herramientas usadas en el Porfiriato para el control social: pan, sobornos para los opositores; palo, ostracismo, intimidación, etc. Ambas herramientas fueron rescatadas por el régimen de la Revolución para el control social de los opositores, aunque el palo se volvió más cruento que en la época de Díaz. Los que creían que habíamos avanzado, les digo que en el mejor de los casos no hemos avanzado gran cosa, pues con la salida del PRI de la presidencia en 2000 la influencia de los grupos de choque perdió influencia pero no desapareció. Es más, algunos como el CDP en Chihuahua se cambiaron y formaron cuadros con partidos de izquierda como el Partido del Trabajo y ahora hacen proselitismo a favor de los institutos políticos de dicho espectro ideológico.  
Los porros son grupos de choque adscritos a universidades, tanto públicas como privadas, aunque su presencia es mayor en las primeras. Estos grupos se volvieron comunes luego del movimiento estudiantil de 1968 con el objetivo de reventar las manifestaciones estudiantiles. Obviamente se crearon en el contexto de la llamada “Guerra Sucia” de la década de los 70. En la mayoría de los casos son patrocinados por partidos políticos e incluso gobiernos locales y el federal. El grupo de porros más famoso es sin duda el Consejo General de Huelga de la UNAM, que organizó la huelga estudiantil de esa institución en el periodo 1999-2000. El líder del ala más radical de dicha organización fue Alejandro Echavarría Zarco, apodado “el Mosh”, estudiante de sociología y expulsado de la universidad por Juan Ramón de la Fuente por la agresión a miembros del cuerpo académico de la UNAM. Desde entonces, el auditorio Justo Sierra (fundador de la UNAM) es ocupado por un grupo que dedica el espacio para la cultura a la venta de estupefacientes y la prostitución (incluso insultan a don Justo cuando lo rebautizaron con el nombre de uno de los personajes más infames de nuestro continente, el Che Guevara). Esta es la razón del actual conflicto que se vive al interior de la máxima casa de estudios de nuestro país. Ahora se involucran estudiantes del Instituto Politécnico Nacional, lo cual creo que es un deja vu para las personas que rebasan los 60 años más o menos. Lo que me llama la atención es que estamos en vísperas del 50 aniversario de la matanza de Tlatelolco y que estamos en plena transición gubernamental así que para mí no son eventos espontáneos y fortuitos como parecen. Quizá me equivoque, quizá esté en lo correcto, es algo que solo el tiempo dirá. Lo único que deseo es que las cosas no terminen de forma trágica como en 1968.   

jueves, 6 de septiembre de 2018

Moches en especie


Parece que la ética es algo que en MORENA se desconoce y para muestra los últimos acontecimientos que han ensombrecido al partido del “no mentir, no robar y no traicionar al pueblo”. Y no voy a negar que el sexenio que termina no lo hace del mejor modo, sino al contrario más porque el gobierno de Enrique Peña Nieto se mostró bastante timorato ante el desafío que tuvo enfrente. Sin embargo, la administración que relevara a la actual tengo el fuerte presentimiento de que en el mejor de los casos pasara sin pena ni gloria ante los grandes desafíos que representa el país actualmente. Lo digo y lo sostengo, estamos en un punto medio donde tenemos mucho que ganar, pero también mucho que perder y la pregunta más importante es si deseamos ganar lo mucho que se puede obtener o perder todo lo que tenemos. La decisión parece fácil, pero no lo es, porque este país lo quiere todo lo más rápidamente posible, independientemente de si la vía es la mejor o no.
Durante años la gente se ha quejado de los llamados “moches”, es decir, pagos ya sea con dinero o en especie para legisladores o magistrados del poder judicial otorgados por el ejecutivo a cambio de apoyo para ciertos proyectos. La verdad es que no tengo idea desde cuando se utiliza esta horrenda práctica, pero creo que es desde hace bastante tiempo. Lo que sí sé es que esta lamentable manera de hacer gobierno fue una de las preferidas por el otrora poderoso Partido Revolucionario Institucional, más que nada para controlar al poder judicial y a la oposición y de ese modo mantener un poder absoluto y ser el amo y señor durante setenta años. La alternancia tampoco acabó con tan funesta práctica, pues los gobiernos de Fox y Calderón utilizaron sete horrendo mecanismo para obtener ciertas prebendas y concesiones durante sus administraciones. Los que en los últimos años estuvieron denunciando estos lamentables hechos fueron los partidos de izquierda que se la pasaron denunciando la práctica, aunque muchos legisladores de dicho signo político fueron beneficiarios de estos actos tan bajos. Obviamente que la administración de Peña Nieto lo utilizó para poder hacer muchas cosas, aunque de poco sirvió y los resultados están a la vista.
El mal llamado Movimiento Regeneración Nacional cuyo lema es “no mentir, no robar y no traicionar al pueblo” se han dedicado últimamente a mentir, robar y traicionar al pueblo de México. La última gracia de este partido, que en lugar de encabezar la “cuarta transformación nacional” encabezan una transformación nacional de cuarta, es que el Partido Verde Ecologista de México cedió varios diputados a MORENA para completar la mayoría absoluta que necesitan para “transformar a México en una potencia” a cambio de dejar regresar a Manuel Velasco a su puesto de gobernador de Chiapas dejando su curul en el Congreso de la Unión. Cero y van dos, pues lo del fideicomiso tampoco crean que fue muy ético que digamos. De lo que estoy seguro es que con ambos escándalos los miembros de MORENA, empezando con Andrés Manuel López Obrador, ya estarían pegando el grito en el cielo si los hubieran cometido otros partidos políticos, al igual que todos los que apoyaron la transformación nacional de cuarta. ¿Hasta cuándo se les va a justificar este tipo de cuestiones? ¿Cuándo haya otra estafa maestra, otra Casa Blanca u otro Odebrecht? No debemos justificar este tipo de acciones ajustando la realidad para mantener una esperanza que conforme pasa el tiempo da cada vez más muestras claras de que no existe.
Pero, ¿qué podíamos esperar de alguien que se educó políticamente en las prácticas más rancias del régimen de la Revolución? La verdad es que esto a mí no me sorprende, puesto que López Obrador quiere tener el control absoluto de todo el país, y al justificarlo le otorgamos más poder. Todo esto es bastante preocupante puesto que vamos saliendo de una administración federal que no se caracterizó por su honestidad y tal parece que vamos a otra. Pero también, ¿qué podemos esperar de alguien que estaba más interesado en saber cómo se obtuvieron pruebas de que su subordinado recibía sobornos que del hecho de que recibía sobornos? Con estos antecedentes y con el hecho de que la futura administración federal tenga a su servicio a personas de probada deshonestidad la verdad es que nos espera un largo sexenio. Lo que en serio me preguntó y se los cuestiono directamente: ¿qué va a pasar cuando en la administración de López Obrador haya una estafa maestra, la van a justificar?, ¿o cuándo a la primera dama le salga una casa en las Lomas de Chapultepec, van a decir que son las regalías de sus libros? No señores, lo que estoy viendo es que el Partido Verde tiene una ética aún más reprobable de lo que pensé, que López Obrador está dispuesto a hacer lo que sea con tal de tener el control de todo y a una bola de idiotas que todo lo justifican con tal de no perder una esperanza que cada vez queda más claro que nunca ha existido. Lo siento mucho, pero no puedo darle mi voto de confianza a quien no ha hecho algo por tenerlo.    

jueves, 30 de agosto de 2018

Grandes proyectos de infraestructura


Ha pasado ya más de un siglo desde la salida del gobierno de uno de los personajes más emblemáticos de nuestra historia. Emblemático, para bien o para mal. Durante su gobierno se emprendieron grandes proyectos de infraestructura al tender más líneas de ferrocarril que cualquier otro gobernante, la modernización de puertos marítimos o la construcción de otros, la llegada del teléfono, la electricidad y el telégrafo, creo que en la historia no hubo otro gobernante con esa visión de país, y en este momento vaya que sí hace falta. Estoy hablando de Porfirio Díaz, evidentemente. El régimen de la Revolución no hizo otra cosa que destruir en gran medida los logros de don Porfirio y para muestra vean el estado actual de los ferrocarriles. Aunque fe una persona que cometió grandes errores como el eternizarse en la presidencia poco más de tres décadas y las condiciones sociales de su tiempo (muy comunes en aquella época, por cierto), la verdad es que ahora me preguntó si esas cuestiones se habrían resuelto de otro modo.
Pero volviendo al presente, me doy cuenta de que el gobierno próximo a entrar el 1 de diciembre le falta esa visión hacia el futuro. Desde hace casi cien años que terminó la contienda armada y México sigue siendo un país en el que el fuerte abusa del débil, con mucha corrupción y un desarrollo económico que no es ni la sombre de lo que fue en el Porfiriato. ¿Qué haría don Porfirio en esto momento, yo me preguntó, con un proyecto como el que se construye en Texcoco? Sin duda lo apoyaría y más porque es una buena oportunidad de desarrollo económico para una región bastante conflictiva como lo es el oriente del Estado de México. Es cierto que eso detonaría el crecimiento poblacional de la zona con los problemas que eso conlleva, pero estas cosas así son. Claro, a mí me encantarían que hubiese mejores formas de transporte, y tengo entendido que va a ir incluido un tren suburbano de la Ciudad de México a Texcoco. Quienes conocen el tren suburbano de Buenavista a Cuautitlán saben que redujo considerablemente el tiempo de traslado de cerca de hora y media a 35 minutos entre el municipio mexiquense y la Ciudad de México, ahora imagínense hacer 10 minutos a la misma ciudad desde Texcoco.
El nuevo aeropuerto se construye a unos pocos kilómetros del actual, y al gobierno que va a entrar no le parece. Porque arguyen que “es una obra costosa, que el terreno no es el adecuado” y otra sarta de estupideces. En lugar del proyecto en Texcoco, pretende construir dos pistas de aterrizaje en la base aérea de Santa Lucía en el municipio de Zumpango, Estado de México. La zona está bastante lejos del centro de la Ciudad de México (a unos 60 kilómetros, según Google Maps, y a 50 del actual aeropuerto). La peor parte del proyecto plantea que Santa Lucía tenga todos los vuelos internacionales mientras que el actual solo tenga vuelos nacionales. Para el viajero internacional sería bastante incómodo y plantea un problema de conexión que no tiene el proyecto de Texcoco, o por lo menos no a esa escala. Además, el terreno de Santa Lucía es igual de lodoso que el de Texcoco, para conseguir terreno firme básicamente el aeropuerto se debería construir en Pachuca, Toluca o Querétaro. A veces pienso que López Obrador y su equipo solo lo hacen para llevarle la contraria al gobierno de Peña Nieto nada más para fastidiar.
Y a todo esto que dicen las personas a las que les piensan preguntar sobre el proyecto. En encuestas que realizaron diversos medios de comunicación como El Financiero, Milenio, El Universal y otros parece que la mayoría de los mexicanos desean continuar con el proyecto de Texcoco y desechar el de Santa Lucía, siendo este último considerado como inviable por organismos especializados en seguridad aérea como el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) y la OACI. Lo que argumentan los expertos de ambas instituciones es que el problema no radica en el terreno de construcción, sino en que tener dos aeropuertos funcionando como se propone en el proyecto de MORENA restringiría las operaciones de ambos aeropuertos debido a que por la zona montañosa donde se encuentra la Ciudad de México dificulta el trazado de pasillos aéreos para llevar las aeronaves a las pistas de aterrizaje sin riesgos por lo que pasarían pocos años para volver a tener el problema de saturación. Lo barato sale caro, dice el dicho que es muy popular en México. Además, luego de ver la encuesta para elegir al candidato a Jefe de Gobierno de la Ciudad de México y la metodología que fue ocultada hasta que la prensa hizo presión no tengo muchos motivos para pensar que van a respetar la voluntad popular a menos que se elija el proyecto del aeropuerto de Santa Lucía.  

viernes, 3 de agosto de 2018

Sin romper con el pasado


Hay cosas que en realidad puedo comprender, pero la verdad los tiempos tan turbulentos que corren el día de hoy son bastante complejos. Las pasadas elecciones presidenciales dejaron el claro el hartazgo de los mexicanos con la clase política, pero no estoy seguro de que sea un rompimiento con el pasado. Estoy de verdad convencido de que el mexicano promedio prefiere su zona de confort antes que tomar las riendas de su vida, y eso es independiente de la clase social o nivel educativo. La mayor parte de los mexicanos, e insisto que es independiente de la clase social o nivel educativo, desea sacar todo del Estado: empresarios que quieren contratos gubernamentales sin concurso, campesinos que quieren apoyos económicos para sembrar, profesionistas que quieren engrosar la burocracia o sindicatos que quieren tener la exclusividad sobre un gremio. También se desea que el Estado tenga el control de todo para que disminuya la corrupción, aunque en realidad esto sea contraproducente.
Estoy convencido de tener los elementos históricos para sostener que lo anterior procede del hecho de que nuestro país conserva formas monárquicas absolutas. En una monarquía absoluta el rey o emperador es el que dicta las leyes, otorga concesiones y decide sobre la economía y todos los aspectos de la vida de sus súbditos. Las “tres grandes transformaciones” que son la Independencia, la Reforma y la Revolución no han roto con ese orden en esencia. Para muestra un botón: el artículo 27 de la Constitución que indica que la “Nación” (el gobierno en términos simples) es el dueño de tierras y recursos naturales y que “la Nación” los puede ceder a los particulares para dar origen a la propiedad privada y que “la Nación” puede imponer sus intereses a la propiedad privada. Esto ha llevado a una terrible corrupción y los consiguientes abusos de autoridades y particulares: por un lado los recientes decretos sobre el agua y los despojos por parte de compañías mineras, y por el otro la expropiación de empresas a capricho del gobernante en turno cuando los particulares no se someten a la voluntad del caudillo. La verdad también creo que en lugar de avanzar hemos retrocedido puesto que en la Colonia había más movilidad social y la educación era más igualitaria que en el México moderno. Y esto es porque la “Nación” ocupa la figura del rey.  
La verdad es que por eso es que no me tragó el cuento de que en este país se desterró a la monarquía, sino que existe por lo menos en el funcionamiento del gobierno. Nuestras “republicanas y democráticas” autoridades se han comportado como reyes absolutos, si no me creen, vean a los presidentes priistas, a Juárez, a Santa Anna, a Díaz y a otros tantos más que han gobernado el país. Los que sí podríamos llamar monarcas en toda regla son Agustín de Iturbide y Maximiliano de Habsburgo, y fueron más demócratas y republicanos que los personajes que mencione en líneas anteriores. La prueba está en el hecho de que nuestro país ha tenido gobiernos funcionales durante las dictaduras (el Porfiriato y el Priato) y en periodos de “democracia republicana” ha sido un desastre. Los periodos de desastre de los que hablo son el que abarca de la Independencia a la República Restaurada, la Revolución Mexicana y el periodo actual, los tres caracterizados porque la clase política está más ocupada en pelearse por el poder mismo y la manera en que pueden medrar mejor con él. ¿A qué se dedicó la clase política gran parte del siglo XIX? A pelear por el poder, igual que ahora.
Para mí es más que evidente que el gobierno de López Obrador tiene los tintes de monarquía absolutista antes mencionados dados los acontecimientos que han marcado su vida política. En sus inicios fue militante del PRI durante 17 años, dejando el partido únicamente cuando dejó el keynesianismo para inclinarse por el “liberalismo”, aunque nunca aplicó esas ideas cabalmente el partido tricolor. En segundo lugar, se formó como político durante los mandatos priistas de Luis Echeverría y José López Portillo, que no por nada fueron los gobiernos más autoritarios del partido tricolor y los que desataron la peor crisis económica y social de nuestra historia. Esto es algo grave, porque López Obrador está dispuesto a imponer a Manuel Bartlett en la dirección de la Comisión Federal de Electricidad sin tomar en cuenta que es señalado por la vox populi como el autor intelectual del fraude electoral de 1988 y por tener un paso bastante negro como gobernador de Puebla. Además, el proyecto de tener un solo delegado federal en los estados y la instalación de dependencias federales fuera de la capital del país obedece a un dese de controlar a los gobernadores políticamente más que para ahorrar dinero o detonar el desarrollo económico. El federalismo es algo que históricamente ha existido en teoría, pero en la práctica es un centralismo de facto y bastante fuerte que tampoco ha impedido la corrupción al interior de los gobiernos estatales. Lo que el país necesita urgentemente es construir instituciones fuertes pues el control de un caudillo no dura para siempre y podremos volver justo a donde comenzamos pero de peor manera.

jueves, 19 de julio de 2018

Negocios sucios de MORENA

La corrupción, uno de los mayores males que aquejan a nuestro país y la actual administración federal no ha sido la excepción. Escándalos como el de la “Estafa Maestra” o las casas Blanca y de Malinalco y los gobernadores que han desfalcado a sus estados son asuntos que han causado gran indignación. La impunidad y la nula transparencia gubernamental juegan un papel importante en la promoción de ciertas conductas entre la clase política. Por mucho que alguien prometa combatir la corrupción “con su ejemplo” de nada va a servir si antes no se ponen en marcha mecanismos tanto para la transparencia de contratos y cuentas públicas y para llevar ante la justicia a los corruptos. También hay que considerar en este país se habla del que se corrompe, pero casi no se habla de la que corrompe puesto que la corrupción muchas veces es hecha por lo menos entre dos personas y hablar de estas cosas es necesario para comenzar a resolver problemas.
Otra actitud muy común en nuestro país es la de defender grupos políticos corruptos utilizando las corruptelas de los opositores. “Mal de muchos, consuelo de tontos” dice el dicho y su significado es bastante literal porque alguien que hace algo que está mal arguyendo que todos lo hacen para defenderse, lo cual es bastante tonto porque es defender un sistema corrupto. Este tipo de actitudes no aportan algo positivo puesto que en realidad defiende, insisto, aquellos atributos negativos que se pretenden erradicar. Por este tipo de cuestiones hay todos estos vicios en la administración pública que no se han podido erradicar. En donde el Estado de Derecho es algo garantizado la justicia se imparte sin hacer distinciones, pues eso implica darle a cada quien lo que le toca independientemente de otros factores como la presión política o de la opinión pública. Sin duda que será un gran avance el colocar esto en nuestro ideario, pues tener Estado de Derecho es algo más que imponer normas jurídicas sino que estas sean claras en cuanto a sus señalamientos. Desgraciadamente en el ideario de América Latina no está el respeto a la ley en parte porque las reglas del juego no son parejas además de que son confusas y por el otro lado nos escudamos en el “todo el mundo lo hace”.
En este espacio ya he hablado de los actos de corrupción de la saliente administración de Enrique Peña Nieto que deberían haberle costado el cargo y posiblemente hasta su libertad. Sin embargo, el asunto que me embarga en este momento es el relacionado con el “Fideicomiso por los demás” para los damnificados de los sismos de septiembre del año pasado, hecho por el Movimiento Regeneración Nacional. Remontemos el tiempo al 25 de septiembre de 2017 que fue cuando Andrés Manuel López Obrador anunció que se abría una cuenta bancaria en el banco AFIRME. Esto se hace en un video en la plataforma YouTube en la que el ahora Presidente Electo mostraba un cartel con el número de cuenta. En el mismo video López Obrador insistió en que sería a través de la estructura del partido que se manejarían los recursos porque no confiaban en el gobierno. En realidad, sí estoy de acuerdo con este punto y para muestra un botón pues no aparece el dinero que donaron gobiernos extranjeros ni organismos internacionales por los sismos de septiembre. Pero si López Obrador cree que todos nos chupamos el dedo, desde el principio supe que ese dinero iba a utilizarse con fines político-electorales como “yo te doy dinero para que reconstruyas tu casa a cambio de tu voto y algo de proselitismo a mi favor”. Y al final creo que no andaba tan perdido.
Una investigación del Instituto Nacional Electoral (INE) arrojó una serie de irregularidades relacionadas con el dichoso fideicomiso. Las pesquisas demostraron que en diciembre de 2017 la cuenta bancaria de repente se llenó con dinero pues en el lapso de 20 minutos varias personas depositaron 50 mil pesos en efectivo en sucursales de AFIRME en la Ciudad de México y Puebla y que fueron realizados por militantes de MORENA. Ya durante las campañas se fueron retirando recursos de la misma cuenta por militantes de MORENA, al igual que en los depósitos. El dinero recaudado supuestamente se usó para campañas del partido en diversos puntos de la República. Y como los retiros se hicieron en efectivo utilizando cheques de caja, se encontró que nadie de los que hicieron las operaciones está en la lista de damnificados del Gobierno Federal. El monto desviado se calcula que asciende a entre 64 y 77 millones de pesos que se presume que fueron utilizadas en las campañas locales de MORENA. Ahora el INE multa a MORENA por 197 millones de pesos por el chistecito en el que están involucradas figuras como Layda Sansores, Yeidckol Polevnsky y la escritora Elena Poniatowska. No mentir, no robar y no traicionar al pueblo de México son los principios de MORENA. Pues que creen, acaban de mentir, robar y traicionar al pueblo de México. Sin el afán de justificar a alguien, creo que López Obrador acaba de enseñarnos el cobre, y todavía ni siquiera toma posesión de la presidencia. Y si son capaces de hacer esto ahora, imaginémonos lo que son capaces de hacer después, cuando asuman el gobierno.

sábado, 14 de julio de 2018

Corrupción del nuevo gobierno


A dos semanas el “histórico” triunfo de López Obrador en las urnas y después de ver algunos escabrosos detalles que averigüe hay algunos otros datos que no debemos pasar por alto. No voy a defender el gobierno saliente de Peña Nieto sencillamente porque fue corrupto, timorato y en buena medida es por eso que estamos aquí. El PAN, por otra parte, no supo construir un nuevo orden pues se valió de algunas prácticas del PRI y sumergió al país en una sangrienta espiral de violencia en un intento por legitimar su poder. Sin embargo, ahora que se está asimilando la noticia de que los mexicanos votaron por la “cuarta transformación” estoy cada vez más convencido de que hemos vuelto a tropezarnos con la misma piedra. Las otras tres grandes transformaciones no fueron más que sustituir a una elite gobernante por otra igual o peor y para muestra un botón: la dinastía sonorense fue más sanguinaria y corrupta que Porfirio Díaz y su séquito, aunque la historia oficial diga lo contrario. Entonces la verdad es que tengo expectativas muy bajas del gobierno próximo a entrar en funciones y no es para menos.  
Insisto en que el gobierno que ya se va no merece ser defendido, pero no por eso el que va a entrar es mejor. Las principales banderas de López Obrador son el combate a la corrupción y el eliminar los privilegios de los altos funcionarios. El problema es que antes de entrar el nuevo gobierno ya lleva en su haber escándalos de corrupción que no debemos pasar por alto. El más reciente es el desvío de 97 millones de pesos del fideicomiso que supuestamente hicieron los militantes de MORENA para los damnificados de los sismos de septiembre del año pasado. De la noche a la mañana desapareció el dinero que fue retirado por militantes de MORENA y nadie pertenecía la lista de damnificados de los movimientos telúricos. Dado que el partido fundado por y para López Obrador tiene un historial de transparencia muy pobre la verdad es que no me cabe la menor duda de que el dinero se usó como financiamiento de las pasadas campañas e incluso compra de votos (aunque la mitómana de Yeidckol Polevnsky diga que “se quiso decir o hacer otra cosa”). Mal de muchos, consuelo de tontos dice el dicho, pues no podemos ni debemos justificar estos actos de corrupción utilizando los de otros grupos porque no aporta algo para solucionar el problema. Tiene razón el que afirma que es más fácil aferrarse a una esperanza a pesar de que no existe que enfrentar la cruda realidad de aceptar que es así.
En cuanto a los colaboradores de López Obrador la verdad es que se ha rodeado de personas que tienen un historial político que va de malo a pésimo. Layda Sansores San Román es la primera de la lista y es la mayor tránsfuga de la política mexicana al haber militado en cinco partidos, empezando con el odiado PRI, que abandonó al no satisfacer sus caprichos políticos y así fue con los demás institutos políticos que abandonó y todo para evidentemente vivir del presupuesto y bastante bien por lo que se pudo constatar en su último escándalo. Marcelo Ebrard, futuro secretario de Relaciones Exteriores, tiene en su haber el fraude de la línea 12 del metro de la Ciudad de México y no es solo que sean compras a sobreprecio sino que dicha línea estuvo cerrada por espacio de año y medio por riesgo de descarrilamiento en el tramo elevado de la misma poniendo en riesgo la integridad y vida de miles de personas, tanto usuarios como los que están alrededor de la misma. Además de ellos dos, personas como Nestora Salgado y Napoleón Gómez Urrutia deberían estar en la cárcel por los diversos delitos de los que se les ha acusado y no siendo futuro funcionaros públicos.
Y como lo dije, no se trata de justificar a otros grupos políticos, sino de convencernos de que es mejor no tener altas expectativas del gobierno que se va a establecer el 1 de diciembre. Las otras tres transformaciones del país solo sirvieron para desplazar elites corruptas por otras iguales o peores. Lo peor es que en la escuela nos las vendieron como la panacea para justificar el estado de las cosas y ahora imagínense como fueron, como son y cómo serán las cosas. Y todo ha sido por el afán de quitarnos la responsabilidad hasta de pensar por nosotros mismos y cedérselo a otra persona para que lo haga por nosotros. Esa es la piedra en la que nos tropezamos una y otra vez en espera de un mesías que con unos cuantos pases mágicos resuelva nuestros problemas. Lo peor del caso es que hemos caído varias veces en la trampa: Santa Anna, Madero y Cárdenas son el claro ejemplo de lo que digo pues en su momento los subieron al altar de “salvador de la patria” y solo generaron problemas a corto y largo plazo. Con tristeza debo decir que tienen razón aquellos pensadores que dicen que quienes no conocen su pasado están condenados a repetirlo. Y los mexicanos al parecer carecemos de memoria histórica puesto que seguimos pasando tercamente por donde está esa maldita piedra con la que ya hemos tropezado tres veces y acabamos de hacerlo, en mi opinión, por cuarta ocasión. La verdad es que también soy terco, pues parece que le hablo a la maldita pared.  

martes, 3 de julio de 2018

El Foro de Sao Paulo


Como todos ya sabemos, Andrés Manuel López Obrador se convertirá en el próximo presidente de la república. Francamente, es un momento que no deseaba ver nunca, pero es un hecho consumado y nada puedo hacer, por el momento. Desde el año 2000 con la derrota del Partido Revolucionario Institucional la situación nacional ha ido de mal en peor y el ascenso de López Obrador al poder no se puede explicar sin esos acontecimientos. Durante los últimos tres años estuve hablando acerca de cómo López Obrador estaba trayendo de nueva cuenta las políticas de Luis Echeverría que llevaron al país a una de las peores crisis económicas de su historia, del haber admitido a todo tipo de especímenes políticos pero sobre todo cleptómanos. De lo que casi nunca hable fue de las relaciones que tiene (supuestamente) el partido MORENA con el chavismo venezolano. Pero ahora tengo pruebas que en mi opinión no se pueden ignorar.
Voy a remontarme al año 1987 cuando la Perestroika estaba en auge en la Rusia soviética, que prácticamente estaba ya en decadencia. Fidel Castro, viendo la inminente caída de su principal proveedor se dio cuenta de que era necesario replantearse el cómo llevar su revolución a otros rincones del continente. También por ese entonces cayeron algunos de los regímenes dictatoriales militares en países como Argentina, Chile, Guatemala, El Salvador y Nicaragua. Como ya no iba a haber quien patrocinara las guerrillas comunistas, a Fidel Castro y a Luis Inacio Lula da Silva se les ocurrió la idea de hacer una organización que agrupara a todos los partidos políticos y organizaciones de izquierda de Latinoamérica haciendo un frente común de gobiernos aliados. Con esto se reunieron en Sao Paulo en julio de 1990 (luego de la caída del Muro de Berlín) y desde entonces se han reunido en una ciudad latinoamericana cada año. Estoy convencido de que inicialmente patrocinaron guerrillas por el intento fallido de golpe de Estado perpetrado en Venezuela por Hugo Chávez en 1992 y por el que estuvo preso. En aquellos años Venezuela atravesaba una crisis institucional por una enorme corrupción de las autoridades y que finalmente llevó a Chávez al poder en 1998.
Con este primer éxito llevaron al poder a Luis Inacio Lula da Silva a la presidencia de Brasil en 2001, a Evo Morales a la de Bolivia en 2003, a Néstor Kirchner a la de Argentina en 2007 y a Rafael Correa a la de Ecuador también en 2007. Casi desde el principio el sistema implantado, el “Socialismo del siglo XXI”, dio muestras de sus bemoles con la expropiación de empresas (salvo en Brasil) y una enorme corrupción en los países gobernados por los partidos políticos miembros, siendo el más significativo el de la empresa brasileña Odebrecht que sobornó a funcionarios de todos los gobiernos latinoamericanos que llevó a la caída de varios de ellos como la lacaya de Lula da Silva, Dilma Rouseff y el mismo Lula. Ahora, veinte años después de la llegada de Chávez al poder los venezolanos lamentan no haber escuchado a los que los advirtieron que las políticas de la Revolución Bolivariana llevarían al empobrecimiento masivo, destrucción de la planta productiva, inflación incontrolable y escasez de productos de primera necesidad y se arrepienten también el haberlos tildado de locos en 1998. En los primeros años es cierto que lograron aparentes avances en el bienestar de la población pero con el tiempo las ineficiencias de esas políticas los llevaron al escenario actual.
La característica principal de los casos de los países gobernados por partidos miembros del Foro de Sao Paulo (nuevamente se excluye a Brasil) es que la mayoría de ellos pasaban, al igual que México, por una crisis en todos los aspectos: pobreza, corrupción, crisis económica, quizá inseguridad y le hicieron caso al primero que les habló bonito. Tampoco puedo ignorar que varios militantes destacados de MORENA como Gerardo Fernández Noroña, Yeidckol Polevnsky, John Ackerman, entre otros, alaben el chavismo. Desde que escuche a la politóloga guatemalteca Gloria Álvarez decir que MORENA es miembro del Foro de Sao Paulo decidí investigar sus afirmaciones. Me encontré con que es cierto y que incluso hay un mensaje de López Obrador en el portal “Regeneración” para una reunión del grupo realizada en 2011 y la participación de militantes de su partido en las reuniones del grupo. También encontré que el PRD y PT son miembros de esta organización a la que considero nefasta y hay que tomar en cuenta que AMLO perteneció al primero y el segundo es palero de su instituto político.
Señores, creo que estamos ante las puertas del infierno. Lo único que lamento es no haber encontrado esto antes porque ahora es demasiado tarde, aunque creo que en el transcurso de los siguientes años podemos hacer algo. Por temor a una futura persecución les dejo esta información con la esperanza de que lo que estoy diciendo ahora no sea en balde.       

jueves, 28 de junio de 2018

Tonterías mexicanas

Tal parece que los mexicanos nos conformamos con poco y tal parece que lo que respecta a la clase política no es la excepción. Aunque también es cierto que muy pocos de mis compatriotas tienen las agallas para salir adelante. El mexicano promedio no busca buenos líderes, sino un padre que lo protegerá y que le quite responsabilidades. Los mexicanos que se salen de este molde casi siempre se han ido del país para buscar mejores oportunidades independientemente de la clase social. Y aunque entiendo que el payaso del actual proceso electoral es Jaime Rodríguez Calderón, tiene razón al decir que tanto asistencialismo no ha servido para bajar los índices de pobreza que aquejan a cerca de la mitad de la población y la verdad es que coincido con él en que se debe buscar otra estrategia para combatir este mal. El problema es que el mexicano promedio piensa que el Estado debe hacerse cargo de todas las necesidades y bajo esta lógica jamás se podrá avanzar en dicha materia.
Ustedes que leen esto bien saben que al candidato al que más criticó es López Obrador debido a las incongruencias de él y los militantes de su partido. El punto en este momento es que él y los militantes de MORENA dicen que van a llevar a cabo la “cuarta transformación del país”, aunque no entiendo cómo. La Independencia, la Reforma y la Revolución en realidad solo representan el desplazamiento de una elite gobernante por otra pero en realidad nunca se han resuelto los problemas que aquejan al país desde hace mucho tiempo, siglos en la mayoría de los casos. Sin embargo, los mexicanos tal parece que tenemos talento natural para tropezarnos con la misma piedra una y otra vez porque siempre la gente le cree a las personas que prometen bajar el sol, la luna y las estrellas sin detenernos a pensar que tal vez es mejor hacer las cosas de otro modo y podríamos obtener resultados diferentes. Este tipo de cuestiones afectan incluso a personas aparentemente cultas pero en el fondo se dejan guiar por la moda del momento y les aseguro que si López Obrador fuera nazi muchos traerían la esvástica de Hitler.
Con los antecedentes de lo que pasó en nuestro país en las supuestas “grandes transformaciones” afortunadamente ya cada vez menos gentes se lo cree. En algunos sitios de internet veo que hay cierta reivindicación de figuras como Agustín de Iturbide, Maximiliano y Porfirio Díaz al darse cuenta de que el régimen de la Revolución los satanizó para justificar el estado de las cosas y que tal vez sea mejor tomar otra vía para poder resolver nuestros problemas. Pero este tipo de cuestiones no han permeado en el grueso de la población y esto puede hacer que el estado de las cosas se perpetúe. Aunque sí considero que en buena medida esto sucede gracias a que la mayoría de los mexicanos se comporte como padre consintiendo a un grupo de niños malcriados a los que se les cumplen todos sus caprichos. Es también muy curioso que en la actualidad una buena cantidad de personas detesten al Partido Revolucionario Institucional por corrupto pero al parecer no sucede lo mismo con prácticas que llevaron al poder a dicho instituto político y por supuesto que me refiero a la demagogia, el corporativismo y la corrupción. Esto se debe primordialmente a que el pasado nacional no se analiza a fondo y esto es especialmente marcado en las nuevas generaciones.
Estamos prácticamente a una nada de los comicios más importantes del país y tal parece que nos empeñamos en seguir empujando el país al barranco. Esto es porque nos encontramos nuevamente en un periodo de la historia de gran inestabilidad política y los problemas como la mala educación y la inseguridad solo son síntomas de la inoperancia del Estado que se manifiesta con la incapacidad de hacer valer la ley. Prácticamente estamos en un periodo parecido a la Revolución caracterizada por luchas por el poder aunque en estos tiempos no hay levantamientos armados para obtener la amada silla. Basta con ver las campañas electorales recientes para comprobarlo pues los debates de los aspirantes a cargos de elección popular se reducen a descalificaciones que tienen por objetivo ver quién ha sido más corrupto. La clase política mexicana siempre se ha caracterizado por ver únicamente por sus intereses personales y los de los grupos que los respaldan sin voltear a ver a la población sino solo para pedir el voto. Lo he dicho ya varias veces, este no es un periodo único, pues contrario a lo que se pudiera pensar ya ha habido en el pasado periodos similares en los que parece que la delincuencia tiene terreno fértil. Y esto va a seguir ocurriendo mientras el grueso de la población siga esperando al mesías pues en buena medida estamos así al dejar todo en manos de los políticos.   

jueves, 7 de junio de 2018

Contienda complicada

En los tiempos tan turbulentos que vivimos los mexicanos queda cada vez más claro que el hígado puede más que la razón. Aunque muchas personas piensen que esto no podría ser pero, la verdad es que tenemos mucho que ganar, pero también mucho que perder. Quisiera ser optimista, pero por obvias razones no puedo serlo. La verdad es quiero ganar lo mucho que podríamos hacerlo, pero eso depende de las decisiones que tomemos. Tomar las decisiones correctas no es fácil, ya que requiere hacer algunos sacrificios para obtener beneficios en el futuro, algo que la verdad es algo que no forma parte de la cultura mexicana. En realidad, las cosas podrían ser peores ya que en otros países de Latinoamérica en este momento pasan por una crisis sin precedentes ya que ni siquiera tienen lo más básico para vivir, pero los mexicanos, los buenos latinos, no vemos los problemas del exterior que pueden tener impacto en nuestras vidas.
El contexto internacional es complejo pues la renegociación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá nos tiene contra las cuerdas y el gobierno de nuestro vecino del norte amaga a nuestros paisanos que están de manera ilegal en aquel país. El tema electoral de nuestro país no ayuda pues ninguno de los aspirantes a la amada silla presidencial tiene propuestas para responder a la complejidad del desafío. El país (lo crean o no) ha estado peor, podríamos estar mejor sin duda, aunque nunca hemos estado del todo bien. En realidad lo que pasa en el México actual no es un problema nuevo, pues el debilitamiento del Estado se debe a los pleitos de la clase política a la que solo le interesa el poder para medrar de manera inescrupulosa y obviamente que queda relegada la administración del gobierno y la casta gobernante reduce su acción a conflictos político-electorales. La transmisión y conservación del poder es el problema fundamental de toda América Latina, de ahí que la clase política nunca puede unirse para resolver problemas que afectan a todos y hace que el Estado solo sea funcional con dictaduras.
Tampoco es que quiera una dictadura, pues en muchos casos no siempre responden a todas las necesidades de la población a largo plazo tal como sucede en nuestro país con las dos grandes dictaduras: el Porfiriato y el PRI. Al no haber deseo de transmisión del poder (ambas tuvieron eso en común), la oposición se volvió radical y cuando llega al poder resultan  decepcionante y es cuando se vuelven a desatar los problemas. En el caso de México, los ejemplos serian lo sucedido luego del fallido Primer Imperio, la presidencia de Madero y la transición del año 2000. En los tres periodos se desató la violencia de manera escandalosa y marcada ya que prácticamente se daba y se dio el reinicio de las luchas por el poder. No me cabe la menor duda de que las dictaduras y el buen funcionamiento del Estado que con las mismas no es más que el reflejo de la ausencia de la monarquía y la falta de madurez para manejar una república democrática por parte de la mayoría de nosotros. Tal vez les parezca radical mi idea pero si se analiza bien no dudo ni un poco que es la verdad. Siendo sincero, quisiera que la situación fuera otra cosa, pero en la época colonial la figura del rey era la que mantenía la cohesión social, y de hecho Brasil fue una temida potencia cuando fue monarquía en el siglo XIX. Al perderse esa figura, las cosas no resultaron como se pensaron.
“Poca política, mucha administración”, era el lema del gobierno de Porfirio Díaz y tal parece que la frase tiene mucho sentido en la actualidad. Esto es porque la administración del Estado Mexicano ha quedado en segundo plano mientras que las campañas políticas son permanentes. La democracia en realidad no ha traído a los mejores líderes y esto es porque las personas piensan que con cambiar al gobierno basta para que el estado de las cosas cambien. Pero lo que se ha visto en los últimos dos siglos de vida independientes es exactamente lo contrario porque incluso cuando vemos cuantas constituciones llevamos lamento informar que las cosas no han funcionado como nosotros quisiéramos. La verdad es que la mayoría de nuestros gobernantes caen en tres categorías: corruptos (Manuel González, Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles), ineptos (Antonio López de Santa Anna y Francisco I. Madero) e ineptos y corruptos (Luis Echeverría y sus sucesores hasta la actualidad) y la verdad es que no aprendemos. Tampoco nos ha ayudado el hecho de no tener los líderes adecuados en los momentos clave de la historia de nuestro país y temo decir que en la actualidad no es la excepción. Siendo así las cosas, no tengo motivo para ser optimista con el gobierno que va a relevar al actual. Lo que sí pido atentamente a todos los que leen este blog es que no piensen que las cosas van a mejorar por sí solas. En esta vida hay que luchar porque eso es lo único que nos queda en esta adversidad que vivimos.     

jueves, 3 de mayo de 2018

Eterna lucha por el poder


Mucho se habla en los medios de comunicación acerca de los problemas que nos aquejan a los mexicanos y de sus causas y soluciones. En las conversaciones del café se despotrica en contra del gobierno actual y se llega a decir que son los únicos responsables de la situación actual. Sin embargo, la politización de los problemas que nos aquejan no ha contribuido de algún modo a su solución, sino que al contrario, tal parece que se agravan de manera importante. Y es que tal parece que es un ciclo pues en cada campaña política los que aspiran a cargos de elección popular le echan a los opositores en cara sus corruptelas y viceversa y no se ve solución. Las personas están verdaderamente decepcionadas de la clase política pues se van con cualquiera que les hable bonito y a la hora de la verdad dan la espalda y puede que hasta una patada.
La mayoría pensara que nuestros problemas fundamentales son nuevos pero no lo son y quizá comprender por qué nos ayude a tener una mejor visión. México nunca ha podido formar un Estado funcional debido a las envidias de la clase política que piensa que el poder es un patrimonio de una persona o de un grupo y cuando otro lo obtiene no es legítimo. Basta con ver el número de presidentes desde 1824 hasta 1876 y los golpes de Estado por los que muchos llegaron al poder. Es más, en aquella época, al igual que ahora, la gente quería a políticos que les decían lo que querían oír siendo Antonio López de Santa Anna el claro ejemplo. En el país pululaban la pobreza, la mala educación, los salteadores de caminos y un ejército federal voraz. Los empleados públicos tardaban meses y años para cobrar su sueldo. Así era el siglo XIX en nuestro país y esto fue una de las causas primordiales para perder la mitad de nuestro territorio porque hasta en los momentos difíciles salían a relucir las ansias de poder de los políticos. Y aun así no se acabaron los cuartelazos sino hasta décadas después de estos terribles hechos.
Tal parece que los problemas de nuestro país solo obtienen solución bajo autoritarismos pues cuando se han dejado de lado las luchas por el poder el país crece. En el México independiente han sido dos periodos de gobierno autoritario y sí, son los regímenes que se imaginan: el Porfiriato y la dictadura de partido único en el poder. Esto se debe a que los políticos están tan enfrascados en sus luchas que se olvidan de todo lo demás. Y es que en ambos periodos por fin se pudo atender problemas como la inseguridad o la falta de infraestructura adecuada. Sin embargo, ambos regímenes cometieron un error garrafal pues al sentirse siempre necesarios para el desarrollo del país y la “ilegitimidad” de que otros detenten el poder finalmente trajeron de regreso las luchas por el poder. Aun así no voy a negar que los dos regímenes lograron cosas que no se habrían de tener de otro modo pues las luchas por el poder no dejan espacio para atender los verdaderos problemas. En el caso de Porfirio Díaz llegó la Revolución Industrial a nuestro país, por fin se pudo tener dinero para infraestructura y por primera vez en la historia se tuvieron grandes reservas monetarias mientras que el PRI llevó la educación a casi todo el país y lograron el mayor poder adquisitivo en la historia de nuestro país.
Aun con lo anterior estoy convencido de que debemos evitar una dictadura pues no son garantía de una mejor vida. Un régimen autoritario no resuelve los problemas a muy largo plazo pues desde la salida del PRI tal parece que volvimos al punto que aparentemente ya habíamos superado. Lo que sí he notado es que no hemos madurado lo suficiente como sociedad pues aun creemos lo que dicen muchos políticos. En realidad nunca los he visto que ellos se pongan a hablar sobre cómo resolver los problemas que nos aquejan. Al contrario, sacan cada ocurrencia y con la promesa de que ahora “sí se van a solucionar nuestros problemas” mientras atacan al opositor y a la hora de la verdad no solucionan nada y es cuando empiezan todas las quejas. En realidad es porque siempre hemos tenido gobiernos de “hombre fuerte” cuando en el país todo funciona y sin duda esto es el reflejo de las monarquías que no fueron en 1822 y 1867. El caudillismo no es más que el efecto de la institución que era la figura del monarca que nuestros antepasados destruyeron sin tomar en cuenta las consecuencias. Y como sociedad no hemos podido tomar el rumbo de nuestras vidas pues mucho menos los altos destinos a los que aspira nuestro país. Es por eso que estos últimos años he visto cierta reivindicación hacia la figura de Porfirio Díaz y quizá debamos retomar algunas de sus acciones pero una dictadura de ese tipo no garantiza solución más que por unas cuantas décadas.

miércoles, 25 de abril de 2018

Precisiones sobre el debate


Después de haber visto el primer debate creo que ya se mostraron cuáles son los verdaderos rostros de los candidatos. El nuevo formato lo hizo más dinámico y tal parece que mostró lo que pueden hacer los aspirantes a la presidencia bajo presión y en este caso defender su proyecto de gobierno en caso de ganar las elecciones. Este tipo de ejercicios deben servir para que los votantes contrasten las ideas de lo que se oferta como proyecto gubernamental. Algo que sí debo precisar es que el formato hizo que los aspirantes a la presidencia pudieran replicar los proyectos de los contrincantes pero también confirmó la pobre oferta política para los enormes retos. El gran ganador fue sin duda Ricardo Anaya, pues supo poner en aprietos a Meade y a López Obrador, el Bronco fue el elemento cómico y Margarita Zavala pasó sin pena ni gloria. Los moderadores fueron Denise Mearker, Sergio Sarmiento y Azucena Uresti que hicieron preguntas incisivas y directas y no tuvieron preferencias mostrando un profesionalismo muy alto.
Yendo de lo peor a lo mejor creo que los candidatos independientes fueron los que dejaron más que desear en este debate. Margarita Zavala puso sobre la mesa propuestas bastante interesantes pero se le dificultaba hilar palabras y no tanto porque no se hubiese preparado para el debate sino por los nervios y no usar su derecho de réplica hicieron que tuviera una participación bastante gris. Jaime Rodríguez fue el elemento cómico pues sacó algunas ocurrencias como cortarles la mano a los políticos corruptos como ocurre en China. Lo que sí cabe destacar del Bronco es el hecho de que a López Obrador lo puso en su lugar varias veces con comentarios directos a la yugular como lo referente a la promesa de vender el avión presidencial a lo cual el aspirante independiente le recordó que primero tenía que ganar y luego hacer lo que quería. De hecho es de destacar que el regiomontano tuvo más reacciones que la ex primera dama es patente de lo que digo. El Bronco no ha dejado de ser un rancherote norteño y Margarita parece que carga con la sombra del gobierno de su marido. 

López Obrador queda en tercer lugar porque no se alteró (algo bastante difícil en su persona) pero de plano se le notaban los nervios. Sin duda por ser el puntero fue el más atacado por tres de los aspirantes que compiten por el mismo cargo. En realidad lo de ayudar a su hijo a llenar el álbum de Panini® respondió a la necesidad de aparentar ante sus seguidores que el debate lo tenía sin cuidado pero él no prepararse tuvo un costo y fue que apenas pudo responder los cuestionamientos de los moderadores y las réplicas de sus contrincantes ni mucho menos los señalamientos de sus errores en el GDF de parte de Anaya, Meade y el Bronco. Lo único que hizo sin duda fue repetir lo que es un discurso para las masas y nada más. López Obrador no hizo sin demostrar que está haciendo uso de uno de los mayores vicios priistas que es la simulación y es algo que debemos tomar muy en cuenta. Meade queda en segundo lugar en mi opinión debido a que a pesar de ocupar el tercer lugar en las encuestas pudo responder a los señalamientos en su contra respecto a que carga con los errores de la administración de Peña Nieto. 
En cuanto al formato fue bueno en general ya que permitió ver a los candidatos defender su proyecto gubernamental y replicar los puntos con los que no estaban de acuerdo con los contrincantes. Los moderadores fueron bastante incisivos con todos y demostraron un profesionalismo muy grande al no inclinarse por algún candidato. Jamás en la vida me imagine que Sergio Sarmiento fuera de esa forma algo que sí era de esperar de parte de Denis Mearker. De Azucena Uresti no tengo mucho que decir pues desconozco su trayectoria profesional salvo que trabaja en Milenio Televisión. Lo que sí queda claro es que la caballada política está más flaca que nunca.       


miércoles, 11 de abril de 2018

Inician las campañas presidenciales

Están iniciando formalmente las campañas a la presidencia de la república pero antes de empezar los aspirantes ya me tenían harto. Motivos no me hacen falta pues por lo menos los tres aspirantes a la presidencial que van adelante en las encuestas se han lanzado con todo en un desfile de dimes y diretes en un intento por demostrar quién ha sido más corrupto en sus cargos anteriores. En parte son absurdas las leyes electorales mexicanas hechas para aumentar el poder de los partidos políticos con absurdos tales como “precampañas”, “periodo intercampañas” y “veda electoral” que en realidad no son más que tonterías para limitar la de por sí magra democracia mexicana. La polarización de la sociedad en nuestro país es, además, un problema bastante antiguo y ha causado estragos muy importantes en nuestra nación pues la clase política se siente dueña del poder y cuidado cuando otro lo obtiene.
Empecemos con José Antonio Meade que de ganar continuaría con las políticas de Peña Nieto por otros seis años al menos. Sin embargo, el partido que lo postula es el que tiene el peor historial entre la población. No es para menos, pues el Partido Revolucionario Institucional llevó al poder a personas cleptómanas y asesinas. Aunque yo mismo puedo reconocer algunos de sus logros, sus negativos los eclipsan totalmente. Además, tiene que cargar con la mala administración de Peña Nieto que se durmió en sus laureles mientras fortalecía a sus opositores, en especial a López Obrador. El tema de las reformas estructurales estuvo muy mal manejado desde el principio y fue cuando el presidente no pudo enfrentar a los demonios engendrados por su partido. Lo ocurrido con los estudiantes de Ayotzinapa no se ha aclarado del todo y se lo achacan al gobierno federal. La corrupción ha sido constante a lo largo del sexenio que termina y actualmente hay varios gobernadores prófugos, mientras que funcionarios del gabinete desaparecen dinero a diestra y siniestra. Meade se me hace una persona bastante decente pero su sequito es otra cosa y con lo anterior se antoja tremendamente complicada su victoria en las elecciones.
El joven Ricardo Anaya Cortes pareciera ser la promesa opositora a Peña Nieto pero sin llegar a los radicalismos de López Obrador. Sin embargo, para el joven queretano las cosas no pintan color de rosa y motivos sobran. La primera de ellas tiene que ver con el hecho de que llegó a donde está traicionando a medio mundo, en especial a su mentor, Gustavo Madero, y al matrimonio Calderón-Zavala provocando una fuga de militantes en el albiazul. Además, los señalamientos por lavado de dinero debido a la venta de naves industriales en su natal Querétaro lo han hecho caer en las preferencias electorales sobre todo por no transparentar el asunto. Aun así, se ha posicionado segundo lugar en las encuestas y podría vencer a López Obrador pero con bastante dificultad. Y es que debido a las traiciones cometidas para llegar a la candidatura a la presidencia muchos cuadros de los partidos que los patrocinan, en especial del PAN, se han ido a engrosar las filas de MORENA fortaleciendo a su dueño que además va primero en las encuestas. Además, las propuestas de Anaya son más que absurdas y basta con ver lo del “Ingreso Básico Universal” para tener idea de lo demagogo que puede llegar a ser.
A López Obrador lo deje para el último porque es el puntero en las encuestas y tal parece que es proclive a autodestruirse. Algo que no ha trascendido en muchos medios de comunicación es que hay protestas por parte de los militantes de MORENA en contra de López Obrador por las candidaturas. Es evidente que las ansias de llegar a la presidencia de López Obrador lo han llevado a incluir cuadros de grupos disidentes de otros partidos (la mayoría de ellos del PRI, que además tienen un historial muy largo de corrupción) y por eso ha dado candidaturas a los recién llegados. Esto ha desatado el enojo de los militantes que fundaron MORENA debido a que se sienten traicionados por su líder. Sin temor a equivocarme, la única candidata a un puesto de elección popular de los militantes fundadores es Claudia Sheinbaum. Por este motivo se han presentado protestas de militantes de MORENA en Apodaca (Nuevo León), Chihuahua, Durango, Ocoyacac (Estado de México), Ciudad de México (el bastión más fuerte de MORENA), Toluca y no sé si son todas hasta el momento. También cabe señalar que candidaturas plurinominales como las de Napoleón Gómez Urrutia y Nestora Salgado han sido cuestionadas en diversos medios de comunicación pues ambos aspirantes han sido señalados por diversos delitos. Además, amenazas tales como cancelar el proyecto del aeropuerto y de derogar la reforma educativa son temas en los que el candidato y su sequito no se ponen de acuerdo pues el aspirante presidencial insiste en ello mientras que sus colaboradores señalan que solo serán revisados. Y por último, el dueño de MORENA y sus empleados ya se sienten presidente y miembros del gabinete, respectivamente, pero se les pasó por alto que el dicho dice que del plato a la boca se cae la sopa. 

viernes, 23 de marzo de 2018

Comedia electoral mexicana


A pocos días del arranque formal de las campañas electorales cualquier persona se da cuenta de que la situación nacional es precaria en muchos sentidos. Tengo bastantes motivos de preocupación pues para la mayoría la situación es desesperante y la desesperación es mala consejera. Hay mucho que ganar, pero también mucho que perder y me refiero al problema de que casi la mitad de la población está en condición de pobreza y la otra mitad, dependiendo de la decisión tomada en las urnas, dependerá si la otra parte nos vamos a la miseria. El desafío nacional no es pequeño y debemos entender que muchas veces lo que queremos no es lo mejor y que hay que hacer muchas veces sacrificios para obtener lo que queremos pero en este momento es más fácil aferrarse a un cambio que despertar a la realidad puesto que significa renunciar a esa esperanza. Pero la realidad siempre se impone y cuando esto suceda el despertar será muy duro y lo que se verá es que nada cambió.
El primer problema que yo veo es que las leyes electorales en nuestro país son de risa pues sin duda fueron hechas para darle zancadillas a los opositores. Tenemos precampañas, intercampañas y otras tonterías por el estilo. De algo de lo que estoy convencido es que las leyes electorales son tendientes a limitar la democracia, irónicamente. Por ejemplo se tiene que los medios de comunicación no deben tener preferencia por algún candidato o partido. Esto se me hace tan antidemocrático y de hecho fue una de las peticiones del movimiento “Yo soy 132” disfrazado de “democratización de los medios de comunicación”. Desde luego que este tipo de acciones las considero contrarias a la libertad de expresión sin la cual la democracia no tiene sentido y deja de existir, pues es su pilar más importante. La actividad política en nuestro país está tan arraigada entre la población que la clase política se dedica a la campaña política permanente mientras se olvida de la administración pública. Las campañas electorales de nuestro país son de hecho no un momento para el debate, sino para ver quién ha sido más corrupto en sus cargos públicos anteriores.
El siguiente punto tiene que ver con los debates que organiza el árbitro electoral que tienen un formato bastante acartonado. Esto impide ver a los aspirantes a cargos de elección popular defender su proyecto de gobierno y a los electores dilucidad cuál es la mejor opción la que más les conviene. En realidad, el formato utilizado en los supuestos debates organizados en las tres últimas elecciones solo han servido para echar lodo para ver quién ha sido más corrupto más que para defender o cuestionar proyectos de nación. Busquen los debates organizados por el IFE para las elecciones de 2006 y 2012 y verán de lo que estoy hablando. En mi opinión, el mejor debate fue el que organizó el movimiento “Yo soy 132” en la Universidad Iberoamericana, al que no fue Enrique Peña Nieto y, al ser un formato más libre, se tuvo una mejor idea del proyecto de nación de cada aspirante y eso que yo nunca fui partidario del 132 porque al final se terminaron vendiendo a la izquierda (pero eso es otra historia). Ahora, con un nuevo árbitro electoral se prepara, al parecer, un nuevo formato para los debates, aunque no soy optimista. Para remediar lo expuesto en este párrafo, el árbitro electoral se debe abstener de organizar los debates, pues se ha visto que son más enriquecedores cuando son organizados por otros medios.
Algo que debería preocuparnos a todos y que no había tenido la oportunidad de comentar es lo referente a las transas de los candidatos independientes. Algo que tengo que aclarar es que los requisitos de los candidatos independientes están hecho para que sea muy difícil llegar a la boleta electoral y que así lo hicieron los partidos políticos por temor a que les hicieran sombra como fueron los casos de Jaime Rodríguez Calderón y Pedro Kumamoto, que ganaron las elecciones y, en el caso del segundo, promover políticas en contra de los partidos y sus abusos. El asunto es que las reglas son reglas y tres de los aspirantes quisieron llegar falsificando firmas. Estos fueron Jaime Rodríguez Calderón, Armando Ríos Piter y Margarita Zavala, y solo esta última figurara en la boleta. Los que hicieron las cosas bien, Marichuy y Pedro Ferriz de Con, no figuraran en la boleta. Anteriormente ya había previsto que las candidaturas independientes podrían decepcionar al electorado y que deberíamos ser cautos con ellas y tal parece que no me equivoque. Creo que esto finalmente confirma que la clase política y los ciudadanos hablamos idiomas distintos y por lo tanto nuestro divorcio es inevitable. No sé qué vaya a pasar en el futuro, pero si no tomamos el destino en nuestras manos y dejamos de depender tanto del gobierno otro gallo nos cantaría. Pero la mayoría no piensa así y creo que no tengo motivos para ser optimista.