Tengo motivos para
desconfiar del gobierno de López Obrador, incluso aun más que hablando de la
administración que llegó a su fin. Para mí, en lo personal, López Obrador me
parece un demagogo de lo peor que está pretendiendo regalar dinero a diestra y
siniestra, aunque se ha hecho durante décadas sin resultados positivos a largo plazo.
Los índices de pobreza no bajan del 40% desde hace cinco décadas a pesar de los
programas sociales, los controles gubernamentales propician la corrupción, pero
no parece que haya interés por corregir el rumbo. Lo peor es que se pretenden
cancelar grandes proyectos de infraestructura como lo es el Nuevo Aeropuerto de
la Ciudad de México al someterlo a una consulta con fuertes sospechas de estar
amañada para cancelar el aeropuerto e imponer el proyecto de Santa Lucía. López
Obrador sabe ser polémico para llevar los reflectores a su persona y no perder
legitimidad ante los mexicanos.
Tal parece que López
Obrador sigue en campaña y es evidente que viajar en avión comercial y
renunciar al Estado Mayor Presidencial causa furor entre las masas. Se toma
selfies con sus seguidores para aparentar “cercanía con las causas del pueblo”.
Sostengo, sin embargo, que el lema del gobierno de Porfirio Díaz sigue vigente
aunque no lo parezca: “Poca política y mucha administración”, y ahora es
completamente al revés: “Demasiad política, absolutamente nada de
administración”, pero nadie se acuerda porque Díaz es el peor villano de
nuestra historia, el ejemplo de lo que “no se debe hacer”. Partiendo de esto,
López Obrador no entiende que la confianza no es algo que se pueda pedir, sino
que es algo que se gana, y la verdad es que ha hecho poco o nada para ganarse a
los inversionistas. Para ocultar este pequeño pero importante detalle se escuda
en la opinión del “pueblo bueno” de tal modo que cuando se equivoque nadie de
sus seguidores se lo va a recriminar “porque el pueblo nunca se equivoca”. Sin embargo,
al ver lo ocurrido en otros países de Latinoamérica, tengo mis reservas con
respecto a esa afirmación, pues estoy viendo pueblos que se equivocaron y ahora
lo están pagando caro.
Alguna vez ya había dicho
en este espacio que no es bueno llevarle la contraria al gobierno solo por
oponerse. Y ahora, cuando me doy cuenta que la oposición en México al PRI
siempre ha sido radical, pero solo para desplazar al partido en el poder, no
así su régimen. ¿Acaso no se dan cuenta que López Obrador defiende la demagogia
que hizo poderoso al PRI que tanto dicen odiar, pero en el fondo aman y añoran?
Y algo que aprendí con los años es que cuando la clase política se da baños de
pueblo las cosas tienden a salir terriblemente mal para todos en prácticamente
todos aspectos, basta con ver a Echeverría en los 70 para darse cuenta de lo
que digo. Pero yo sé que no lo van a hacer porque en este mundo moderno en el
que la información está más que al alcance de la mano nadie se da el tiempo
para investigar que rayos pasó en nuestro pasado reciente, o más atrás, de ahí
que está presente aquella frase que dice “Quien no conoce su pasado está
condenado a repetirlo”. En realidad, creo que esta no es la primera vez que los
mexicanos pasamos por tiempos difíciles, pero también es un buen momento para
reflexionar el país que queremos y la ruta más adecuada para tenerlo.
Y ahora está el tema del
Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, que se construye en Texcoco, Estado de
México. Se argumenta que la obra es muy costosa, y que no se necesita, aunque
los estudios técnicos digan lo contrario. Creo que Gustavo Madero podría tener razón
en sus comentarios, pues tal vez su gente desea meter las manos en el dinero
del aeropuerto y por eso fingen que quieren cancelarlo. El punto es que lo hace
demasiado bien porque han convencido a la gente de la intención de cancelar el
proyecto. Aunque duela esta parte, López Obrador se ha convertido en lo que
tanto critica (o solo demuestra su verdadera forma de ser) con respecto a la cancelación
de uno de los proyectos de infraestructura más importantes de los últimos años.
Y esto es importante, porque se manipuló la consulta a su antojo para evadir su
responsabilidad política. En lo que considero que puede ganar lo va a someter a
consulta, lo que no, sencillamente no lo hará. Con esto López Obrador nos
demuestra varias cosas: cómo será su gobierno, la corrupción va a ser la tónica
toda su administración y el saque va a seguir siendo constante durante su
gobierno. Lo siento por López Obrador, pero se está metiendo en camisa de once
varas al no medir las consecuencias de sus palabras y de sus actos. Si se fuera
solo al barranco, no diría nada, pero nos lleva a todos entre las patas.