Después de haber visto el
primer debate creo que ya se mostraron cuáles son los verdaderos rostros de los
candidatos. El nuevo formato lo hizo más dinámico y tal parece que mostró lo
que pueden hacer los aspirantes a la presidencia bajo presión y en este caso
defender su proyecto de gobierno en caso de ganar las elecciones. Este tipo de
ejercicios deben servir para que los votantes contrasten las ideas de lo que se
oferta como proyecto gubernamental. Algo que sí debo precisar es que el formato
hizo que los aspirantes a la presidencia pudieran replicar los proyectos de los
contrincantes pero también confirmó la pobre oferta política para los enormes
retos. El gran ganador fue sin duda Ricardo Anaya, pues supo poner en aprietos
a Meade y a López Obrador, el Bronco fue el elemento cómico y Margarita Zavala
pasó sin pena ni gloria. Los moderadores fueron Denise Mearker, Sergio
Sarmiento y Azucena Uresti que hicieron preguntas incisivas y directas y no
tuvieron preferencias mostrando un profesionalismo muy alto.
Yendo de lo peor a lo
mejor creo que los candidatos independientes fueron los que dejaron más que
desear en este debate. Margarita Zavala puso sobre la mesa propuestas bastante
interesantes pero se le dificultaba hilar palabras y no tanto porque no se
hubiese preparado para el debate sino por los nervios y no usar su derecho de
réplica hicieron que tuviera una participación bastante gris. Jaime Rodríguez
fue el elemento cómico pues sacó algunas ocurrencias como cortarles la mano a
los políticos corruptos como ocurre en China. Lo que sí cabe destacar del
Bronco es el hecho de que a López Obrador lo puso en su lugar varias veces con
comentarios directos a la yugular como lo referente a la promesa de vender el
avión presidencial a lo cual el aspirante independiente le recordó que primero
tenía que ganar y luego hacer lo que quería. De hecho es de destacar que el
regiomontano tuvo más reacciones que la ex primera dama es patente de lo que
digo. El Bronco no ha dejado de ser un rancherote norteño y Margarita parece
que carga con la sombra del gobierno de su marido.
López Obrador queda en tercer lugar porque no se alteró (algo bastante
difícil en su persona) pero de plano se le notaban los nervios. Sin duda por
ser el puntero fue el más atacado por tres de los aspirantes que compiten por
el mismo cargo. En realidad lo de ayudar a su hijo a llenar el álbum de Panini®
respondió a la necesidad de aparentar
ante sus seguidores que el debate lo tenía sin cuidado pero él no prepararse
tuvo un costo y fue que apenas pudo responder los cuestionamientos de los
moderadores y las réplicas de sus contrincantes ni mucho menos los
señalamientos de sus errores en el GDF de parte de Anaya, Meade y el Bronco. Lo
único que hizo sin duda fue repetir lo que es un discurso para las masas y nada
más. López Obrador no hizo sin demostrar que está haciendo uso de uno de los
mayores vicios priistas que es la simulación y es algo que debemos tomar muy en
cuenta. Meade queda en segundo lugar en mi opinión debido a que a pesar de
ocupar el tercer lugar en las encuestas pudo responder a los señalamientos en
su contra respecto a que carga con los errores de la administración de Peña
Nieto.
En cuanto al formato fue
bueno en general ya que permitió ver a los candidatos defender su proyecto
gubernamental y replicar los puntos con los que no estaban de acuerdo con los
contrincantes. Los moderadores fueron bastante incisivos con todos y
demostraron un profesionalismo muy grande al no inclinarse por algún candidato.
Jamás en la vida me imagine que Sergio Sarmiento fuera de esa forma algo que sí
era de esperar de parte de Denis Mearker. De Azucena Uresti no tengo mucho que
decir pues desconozco su trayectoria profesional salvo que trabaja en Milenio
Televisión. Lo que sí queda claro es que la caballada política está más flaca
que nunca.
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