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jueves, 17 de septiembre de 2020

Circo barato y malo

 

A esto se ha reducido el gobierno: a circos baratos y de pésima calidad solo para encubrir su sorprendente ineptitud. Tal como lo escenifican Brozo y Carlos Loret de Mola con el avión presidencial, un circo y ahora con el lugar donde el presidente predica sobre lo que no sabe además de fungir como fiscal, juez y verdugo de las personas que le son adversas. El presidente no tolera la crítica ni la disidencia a su incompetencia como gobernante y a la evidencia me remito: la seguridad es un desastre, el manejo de la pandemia es terrible, el gobierno prácticamente está en bancarrota, la economía tiene un pésimo desempeño desde el inicio de la administración. En otras palabras: este gobierno agravó los problemas existentes y creo otros nuevos de la nada. Entiendo que la situación ya era muy difícil hace dos años cuando fueron las elecciones, pero no solo no ha mejorado sino que ha ido de mal en peor y el presidente quiere que miremos a otro lado.

La rifa del avión presidencial es uno de los mayores distractores hasta este momento de la terrible situación que pasamos. Desde el año pasado el presidente ha utilizado la venta del avión presidencial para distraer y evitar el compromiso de hacer cumplir sus funciones y evadir su responsabilidad ante todos nosotros. De repente todos nuestros problemas serían mágicamente resueltos con la venta del “mayor símbolo de exceso y opulencia” de los pasados gobiernos: proyectos para dotar de agua potable a las comunidades que no tienen dicho servicio, drenaje, electricidad, construcción y remodelación de escuelas, la pavimentación de un camino, de repente todo se podía solucionar con la venta de dicho aparato. Hay entonces una estrategia perversa del gobierno para no dotar de servicios básicos y no cumplir con sus obligaciones primarias, algo bastante grave. Desde el año pasado también se ha venido reportando acerca del despilfarro de los ahorros dejados por los gobiernos pasados y este años varias dependencias reportaron que ya gastaron prácticamente todo el presupuesto que tenían asignado para este año. Con la venta del avión, se pretenden, o al menos eso se quiere hacer que creamos, que se van a resolver mágicamente esos huevos en las finanzas públicas y no es así.

Como el circo anterior ya va a cerrar sus funciones, el presidente tiene que distraer a sus seguidores con otros asuntos. Para eso sirve el juicio a los ex presidentes, para que sea tema de conversación eso y no los problemas derivados de la incompetencia de su gobierno. El problema aquí es que se está poniendo en entredicho la presunción de inocencia de las personas que para bien o para mal los destinos de esta nación. Cuando se persigue a un delincuente y se le lleva ante la justicia se debe presentar pruebas contundentes de la comisión de un delito, cosa que no se está haciendo en este caso. La aplicación de la ley es algo que no se consulta, se aplica y punto. Si el presidente tiene pruebas de que sus antecesores cometieron delitos durante sus gestiones que se presenten las pruebas correspondientes como bien lo ha señalado el ex presidente Felipe Calderón de manera acertada. En cuanto a la Suprema Corte de Justicia de la Nación de su fallo en contra de las pretensiones de López Obrador de hacer un juicio a los ex presidentes en el que él fungiría como fiscal, juez y verdugo estoy seguro de que se lanzaría contra los magistrados del tribunal más importante del país al no cumplir con sus caprichos de niño berrinchudo.

El problema principal de todo esto es que el circo va a hartar a la ciudadanía tarde o temprano, en especial al voltear a ver su bolsillo y verlo vacío. Y el problema ya está visible con el desempleo generalizado que se padece en el país, sin embargo, el presidente dice que avanza y no se quita y pretende que todos, evidentemente, vivamos de las dadivas gubernamentales lo cual es una soberana estupidez, puesto que los ingresos del gobierno provienen de los impuestos de los empresarios y de los trabajadores. Con estos antecedentes, no me sorprende que el gobierno esté prácticamente en la quiebre entre programas clientelares y proyectos de obra pública que se convertirán en elefantes blancos. Y para eso son los circos, para evitar que la gente se centre en la incompetencia de López Obrador como presidente que ha llevado a un desabasto de insumos en el sector salud, que varias dependencias hayan agotado prácticamente el presupuesto que tenían asignado para este año, el desempleo por la quiebra de 350 mil pequeñas y medianas empresas con lo que el número de beneficiarios de los programas electoreros va a aumentar los gastos pero no así los ingresos.   

jueves, 3 de septiembre de 2020

El gobierno en bancarrota

Todos los economistas serios lo advirtieron: no habrá dinero para todas las ocurrencias de López Obrador. No existe registro hasta la fecha en la historia de este país de un gobierno que haya quebrado la hacienda pública en tan poco tiempo: menos de dos años. A Echeverría y López Portillo les tomó por lo menos unas cinco veces más para hacer lo que hizo López Obrador en mucho menos tiempo. El gobierno no tiene un solo centavo para hacer frente a lo que restra del año. De ahí que se busque la manera de hacer recortes en todas las áreas aunque la estructura del estado ya se encuentre prácticamente en los huesos. “Voto masivo a AMLO” decían en 2018, ¿qué podría salir mal? Ya lo estamos viendo, el gobierno ha agotado todos sus fondos entre el presupuesto de egresos y los ahorros que dejaron los “corruptísimos gobiernos neoliberales” de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Estos fondos los despilfarraron en gasto corriente puesto que desde el año pasado los fondos para estabilizar el presupuesto se fueron agotando.

El sábado pasado, 29 de agosto del presente año, el inútil arrastrado del secretario de Hacienda dijo que 2021 será un año muy difícil y que básicamente tenemos que apretarnos el cinturón. Fundamentalmente, ya voy entendiendo por qué se fue Carlos Urzúa de la Secretaría de Hacienda y Germán Martínez del Seguro Social: le pusieron sus manotazos al presidente para evitar que tomara dinero tanto de los fondos de estabilización como de las cuotas de los trabajadores que cotizan en el IMSS. Urzúa hizo lo mismo que Hugo B. Margaín en el sexenio de Luis Echeverría: renunció ante tanto desatino y ocurrencia del presidente que requieren un gasto público fuera de la realidad. Pero mientras Margaín aguantó tres años, Urzúa prácticamente se fue a los seis meses del inicio de la administración porque este último de plano tuvo menos aguante que el primero o los planteamientos del presidente en materia económica estaban muy jalados de los pelos. Cualquier tiburón de las finanzas correría en tales condiciones porque sabe que la quiebra de la hacienda pública es inminente junto con la crisis económica obligada. Urzúa es evidente que cada que el presidente intentaba tomar una moneda de la caja le daba un golpe en la mano, pero los pleitos desgastan y, harto, prefirió poner tierra de por medio antes de seguir con ese espantoso drama.

Lo peor del caso es que el año que viene hay elecciones en las que se renueva la Cámara de Diputados, quince gobiernos estatales y un gran número de diputados locales y ayuntamientos. Es una elección bastante grande y hay que hacer uso de los recursos públicos para comprar conciencias. Lo que tenemos ahora es a la estructura del gobierno trabajando en los puros hueso, producto de los permanentes recortes en todas las dependencias para mantener los futuros elefantes blancos y por otro lado para sostener los programas populistas de compra de votos. Para rematar, tenemos, como lo dijo Arturo Herrera, que se gastaron los ahorros que los corruptos gobiernos neoliberales tardaron años en reunir y que fueron dilapidados en menos de dos años. Esos fondos eran para alguna emergencia (tal vez la pandemia que actualmente azota a todo el globo) y no para que un gobierno fracasado porque no sabe administrar bien recursos los tire en gasto corriente por muy buenas intenciones que tenga. Repartir dinero a diestra y siniestra no ayuda a los más pobres a salir de esa espantosa condición y puede causar un agujero muy grande en las finanzas públicas, como ya ocurrió, que a la larga los puede afectar más, es la receta para el desastre, incluso en países ricos.

Y para terminar de cavar la tumba, el presidente no está dispuesto a ceder en sus políticas, sino que va a continuar por esa ruta. Entonces no esperemos que las cosas mejoren en el futuro puesto que ya sabemos que el despilfarro mayúsculo va a continuar en los años venideros. Y la situación se puede poner peor con el asunto de PEMEX, puesto que la insistencia de López Obrador en inyectarle recursos públicos a una empresa quebrada que ya es imposible de salvar y de continuar por ese camino pues la deuda del sector público puede ser la más afectada, pero el presidente no entiende. La Comisión Federal de Electricidad está en la misma situación, o peor, porque con la cancelación de contratos de energías renovables y de gas natural están generando una crisis de desabasto de electricidad que puede afectar de manera muy importante la inversión en el futuro, crisis que ya está afectando a Baja California porque a sus habitantes se les pide no usar el aire acondicionado en las horas de mayor demanda. Todo lo anterior ya está causando estragos en las ya de por sí frágiles finanzas públicas y las consecuencias las vamos a pagar cada uno de nosotros en el futuro. Y como dije, los primeros en pasar a cuchillo son los más pobres entre los aumentos en los precios productos de la inflación, prohibiciones absurdas como la del maíz transgénico y algunos pesticidas, los recortes en áreas como la salud y la educación. Y los más pobres son los más afectados en cualquier crisis económica, no nada más en México. sin los ahorros la situación será grave y ya de por sí es bastante mala. Pero el presidente se niega a rectificar el camino y todos vamos a pagar las consecuencias de un despilfarro mayúsculo como consecuencia de un gobierno que pretende salvar al país.


martes, 1 de septiembre de 2020

Segundo (no) informe de gobierno

 El presidente López Obrador llega a su segundo informe de gobierno con las manos vacías. El año pasado de por sí no había nada para presumir (aunque dudo que un gobernante tenga logros para presumir) al segundo año, por lo menos hasta el sexenio pasado, había logros, quizá pequeños, pero los había. Ahora, si el informe tiene tres renglones es mucho. Pero a López Obrador le gusta exhibirse de esa manera pensando que así tal vez pueda ganar votos para su partido en los comicios del año entrante. En este momento, como dije, el presidente no tiene nada para presumir, a menos que diga que quebró la hacienda pública en tiempo record como bien lo señaló el inútil de Arturo Herrera, secretario de Hacienda. Esto ya había sido augurado por economistas incluso antes de las elecciones de hace dos años. También podría presumir que va que vuela para romper el record de asesinatos cometidos durante la administración de Enrique Peña Nieto.

El rubro económico es sin duda el más golpeado durante esta administración puesto que las políticas son muy erráticas. El presidente anunció desde antes incluso de la campaña presidencial que la corrupción le costaba al país 500 mil millones de pesos y presumió todo lo que iba a hacer con ese dinero. Evidentemente en este momento del tiempo en el que las finanzas públicas están en quiebra por la pésima de López Obrador, en serio uno se pregunta si no se ha acabado con la corrupción o las afirmaciones del presidente son una tomadura de pelo. Lo peor del caso es la caída de la inversión prácticamente desde el inicio del sexenio con lo que la recaudación fiscal también tendrá una reducción considerable. Y para acabar de empujar el buey a la barranca, las declaraciones de Arturo Herrera, secretario de Hacienda, acerca de los ahorros dejados por los gobiernos anteriores que prácticamente están agotados por lo que 2021 va a ser un año muy difícil. Y todavía no acaba ahí el asunto, pues el presidente no está dispuesto a hacer los recortes en los programas de compra de votos o en sus disparates faraónicos. Lo peor del caso es la desconfianza de los inversionistas privados y la fuga de capitales actualmente en curso sin que nadie haga ni diga nada.

Salud es quizá el rubro donde se note más la incompetencia del presidente después del económico. Ya he hablado en este espacio acerca del desabasto persistente de medicamento en el sector salud y que ya ha cobrado varias vidas. Esto es porque el presidente, o al menos eso cree, tiene cuentas pendientes con el sector farmacéutico. Y por otro lado está el manejo de la pandemia cuyos números no dejan bien parado a nuestro país. El bajo número de pruebas en relación con el número de habitantes (países más pobres aplican más) y la necedad del presidente de salir de gira (y saludar a la madre del narcotraficante más peligroso de México) han hecho que las medidas para reducir el contagio sean ineficientes. Y la avanzada contra la industria de la comida chatarra es sin duda una manera de echarle la culpa de la incompetencia en el manejo de la pandemia de coronavirus al responsabilizarla exclusivamente de la epidemia de obesidad en nuestro país que desde hace años causa problemas entre la población, aunque países con peores niveles de obesidad han controlado mejor la pandemia. Y para echar más sal a la herida, recortaron el 75% del presupuesto de salud y el 95% de los programas de vacunación, así que cuando esté lista la vacuna contra el coronavirus es posible que no haya recursos para adquirir siquiera las dosis necesarias para la población vulnerable.

En el rubro de seguridad tampoco queda muy bien el presidente puesto que va que vuela para superar el número de asesinatos cometidos durante el gobierno de Peña Nieto: 60 mil muertos y contando. Lo peor del caso es que dijo que se habían acabado las masacres. ¿Y la de la familia LeBaron, que la acribillaron a tiros en el límite de Chihuahua con Sonora? Y hace poco hubo un asesinato múltiple en un centro de rehabilitación en Irapuato, Guanajuato. En el caso del robo de combustible, no solo no ha disminuido, sino que ha aumentado de forma considerable sin que el gobierno tome cartas en el asunto. Y en ambos caso el presidente al negar la existencia de ambos delios lo cual es muy, muy grave pues le da pie a la delincuencia de una carta de impunidad muy, muy poderosa ante una autoridad ausente.

 Lo más frustrante de todo es que el presidente nos vende un México que no corresponde al de la realidad. Y todos quisiéramos vivir en el México de sus discursos. Yo no sé quién se traga todas las mentiras que dice López Obrador pues el país se cae a pedazos y ahora tenemos a un gobierno más ausente que nunca. Ya no podemos negarlo, necesitamos otro gobierno y otro poder legislativo porque los que tenemos no pueden o no quieren lidiar con el paquete delicado que es México.