Buscar este blog

jueves, 3 de septiembre de 2020

El gobierno en bancarrota

Todos los economistas serios lo advirtieron: no habrá dinero para todas las ocurrencias de López Obrador. No existe registro hasta la fecha en la historia de este país de un gobierno que haya quebrado la hacienda pública en tan poco tiempo: menos de dos años. A Echeverría y López Portillo les tomó por lo menos unas cinco veces más para hacer lo que hizo López Obrador en mucho menos tiempo. El gobierno no tiene un solo centavo para hacer frente a lo que restra del año. De ahí que se busque la manera de hacer recortes en todas las áreas aunque la estructura del estado ya se encuentre prácticamente en los huesos. “Voto masivo a AMLO” decían en 2018, ¿qué podría salir mal? Ya lo estamos viendo, el gobierno ha agotado todos sus fondos entre el presupuesto de egresos y los ahorros que dejaron los “corruptísimos gobiernos neoliberales” de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Estos fondos los despilfarraron en gasto corriente puesto que desde el año pasado los fondos para estabilizar el presupuesto se fueron agotando.

El sábado pasado, 29 de agosto del presente año, el inútil arrastrado del secretario de Hacienda dijo que 2021 será un año muy difícil y que básicamente tenemos que apretarnos el cinturón. Fundamentalmente, ya voy entendiendo por qué se fue Carlos Urzúa de la Secretaría de Hacienda y Germán Martínez del Seguro Social: le pusieron sus manotazos al presidente para evitar que tomara dinero tanto de los fondos de estabilización como de las cuotas de los trabajadores que cotizan en el IMSS. Urzúa hizo lo mismo que Hugo B. Margaín en el sexenio de Luis Echeverría: renunció ante tanto desatino y ocurrencia del presidente que requieren un gasto público fuera de la realidad. Pero mientras Margaín aguantó tres años, Urzúa prácticamente se fue a los seis meses del inicio de la administración porque este último de plano tuvo menos aguante que el primero o los planteamientos del presidente en materia económica estaban muy jalados de los pelos. Cualquier tiburón de las finanzas correría en tales condiciones porque sabe que la quiebra de la hacienda pública es inminente junto con la crisis económica obligada. Urzúa es evidente que cada que el presidente intentaba tomar una moneda de la caja le daba un golpe en la mano, pero los pleitos desgastan y, harto, prefirió poner tierra de por medio antes de seguir con ese espantoso drama.

Lo peor del caso es que el año que viene hay elecciones en las que se renueva la Cámara de Diputados, quince gobiernos estatales y un gran número de diputados locales y ayuntamientos. Es una elección bastante grande y hay que hacer uso de los recursos públicos para comprar conciencias. Lo que tenemos ahora es a la estructura del gobierno trabajando en los puros hueso, producto de los permanentes recortes en todas las dependencias para mantener los futuros elefantes blancos y por otro lado para sostener los programas populistas de compra de votos. Para rematar, tenemos, como lo dijo Arturo Herrera, que se gastaron los ahorros que los corruptos gobiernos neoliberales tardaron años en reunir y que fueron dilapidados en menos de dos años. Esos fondos eran para alguna emergencia (tal vez la pandemia que actualmente azota a todo el globo) y no para que un gobierno fracasado porque no sabe administrar bien recursos los tire en gasto corriente por muy buenas intenciones que tenga. Repartir dinero a diestra y siniestra no ayuda a los más pobres a salir de esa espantosa condición y puede causar un agujero muy grande en las finanzas públicas, como ya ocurrió, que a la larga los puede afectar más, es la receta para el desastre, incluso en países ricos.

Y para terminar de cavar la tumba, el presidente no está dispuesto a ceder en sus políticas, sino que va a continuar por esa ruta. Entonces no esperemos que las cosas mejoren en el futuro puesto que ya sabemos que el despilfarro mayúsculo va a continuar en los años venideros. Y la situación se puede poner peor con el asunto de PEMEX, puesto que la insistencia de López Obrador en inyectarle recursos públicos a una empresa quebrada que ya es imposible de salvar y de continuar por ese camino pues la deuda del sector público puede ser la más afectada, pero el presidente no entiende. La Comisión Federal de Electricidad está en la misma situación, o peor, porque con la cancelación de contratos de energías renovables y de gas natural están generando una crisis de desabasto de electricidad que puede afectar de manera muy importante la inversión en el futuro, crisis que ya está afectando a Baja California porque a sus habitantes se les pide no usar el aire acondicionado en las horas de mayor demanda. Todo lo anterior ya está causando estragos en las ya de por sí frágiles finanzas públicas y las consecuencias las vamos a pagar cada uno de nosotros en el futuro. Y como dije, los primeros en pasar a cuchillo son los más pobres entre los aumentos en los precios productos de la inflación, prohibiciones absurdas como la del maíz transgénico y algunos pesticidas, los recortes en áreas como la salud y la educación. Y los más pobres son los más afectados en cualquier crisis económica, no nada más en México. sin los ahorros la situación será grave y ya de por sí es bastante mala. Pero el presidente se niega a rectificar el camino y todos vamos a pagar las consecuencias de un despilfarro mayúsculo como consecuencia de un gobierno que pretende salvar al país.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Se acepta todo tipo de comentarios, menos insultos hacia el público o al editor.