Todos los economistas
serios lo advirtieron: no habrá dinero para todas las ocurrencias de López
Obrador. No existe registro hasta la fecha en la historia de este país de un
gobierno que haya quebrado la hacienda pública en tan poco tiempo: menos de dos
años. A Echeverría y López Portillo les tomó por lo menos unas cinco veces más
para hacer lo que hizo López Obrador en mucho menos tiempo. El gobierno no
tiene un solo centavo para hacer frente a lo que restra del año. De ahí que se
busque la manera de hacer recortes en todas las áreas aunque la estructura del
estado ya se encuentre prácticamente en los huesos. “Voto masivo a AMLO” decían
en 2018, ¿qué podría salir mal? Ya lo estamos viendo, el gobierno ha agotado
todos sus fondos entre el presupuesto de egresos y los ahorros que dejaron los “corruptísimos
gobiernos neoliberales” de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Estos
fondos los despilfarraron en gasto corriente puesto que desde el año pasado los
fondos para estabilizar el presupuesto se fueron agotando.
El sábado pasado, 29 de
agosto del presente año, el inútil arrastrado del secretario de Hacienda dijo
que 2021 será un año muy difícil y que básicamente tenemos que apretarnos el cinturón.
Fundamentalmente, ya voy entendiendo por qué se fue Carlos Urzúa de la
Secretaría de Hacienda y Germán Martínez del Seguro Social: le pusieron sus
manotazos al presidente para evitar que tomara dinero tanto de los fondos de estabilización
como de las cuotas de los trabajadores que cotizan en el IMSS. Urzúa hizo lo
mismo que Hugo B. Margaín en el sexenio de Luis Echeverría: renunció ante tanto
desatino y ocurrencia del presidente que requieren un gasto público fuera de la
realidad. Pero mientras Margaín aguantó tres años, Urzúa prácticamente se fue a
los seis meses del inicio de la administración porque este último de plano tuvo
menos aguante que el primero o los planteamientos del presidente en materia económica
estaban muy jalados de los pelos. Cualquier tiburón de las finanzas correría en
tales condiciones porque sabe que la quiebra de la hacienda pública es
inminente junto con la crisis económica obligada. Urzúa es evidente que cada
que el presidente intentaba tomar una moneda de la caja le daba un golpe en la
mano, pero los pleitos desgastan y, harto, prefirió poner tierra de por medio
antes de seguir con ese espantoso drama.
Lo peor del caso es que
el año que viene hay elecciones en las que se renueva la Cámara de Diputados,
quince gobiernos estatales y un gran número de diputados locales y
ayuntamientos. Es una elección bastante grande y hay que hacer uso de los
recursos públicos para comprar conciencias. Lo que tenemos ahora es a la
estructura del gobierno trabajando en los puros hueso, producto de los
permanentes recortes en todas las dependencias para mantener los futuros
elefantes blancos y por otro lado para sostener los programas populistas de
compra de votos. Para rematar, tenemos, como lo dijo Arturo Herrera, que se
gastaron los ahorros que los corruptos gobiernos neoliberales tardaron años en
reunir y que fueron dilapidados en menos de dos años. Esos fondos eran para
alguna emergencia (tal vez la pandemia que actualmente azota a todo el globo) y
no para que un gobierno fracasado porque no sabe administrar bien recursos los
tire en gasto corriente por muy buenas intenciones que tenga. Repartir dinero a
diestra y siniestra no ayuda a los más pobres a salir de esa espantosa condición
y puede causar un agujero muy grande en las finanzas públicas, como ya ocurrió,
que a la larga los puede afectar más, es la receta para el desastre, incluso en
países ricos.
Y para terminar de cavar
la tumba, el presidente no está dispuesto a ceder en sus políticas, sino que va
a continuar por esa ruta. Entonces no esperemos que las cosas mejoren en el
futuro puesto que ya sabemos que el despilfarro mayúsculo va a continuar en los
años venideros. Y la situación se puede poner peor con el asunto de PEMEX,
puesto que la insistencia de López Obrador en inyectarle recursos públicos a
una empresa quebrada que ya es imposible de salvar y de continuar por ese
camino pues la deuda del sector público puede ser la más afectada, pero el
presidente no entiende. La Comisión Federal de Electricidad está en la misma
situación, o peor, porque con la cancelación de contratos de energías renovables
y de gas natural están generando una crisis de desabasto de electricidad que
puede afectar de manera muy importante la inversión en el futuro, crisis que ya
está afectando a Baja California porque a sus habitantes se les pide no usar el
aire acondicionado en las horas de mayor demanda. Todo lo anterior ya está
causando estragos en las ya de por sí frágiles finanzas públicas y las
consecuencias las vamos a pagar cada uno de nosotros en el futuro. Y como dije,
los primeros en pasar a cuchillo son los más pobres entre los aumentos en los precios
productos de la inflación, prohibiciones absurdas como la del maíz transgénico y
algunos pesticidas, los recortes en áreas como la salud y la educación. Y los
más pobres son los más afectados en cualquier crisis económica, no nada más en
México. sin los ahorros la situación será grave y ya de por sí es bastante
mala. Pero el presidente se niega a rectificar el camino y todos vamos a pagar
las consecuencias de un despilfarro mayúsculo como consecuencia de un gobierno
que pretende salvar al país.
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