Mucho se habla en los
medios de comunicación acerca de los problemas que nos aquejan a los mexicanos
y de sus causas y soluciones. En las conversaciones del café se despotrica en
contra del gobierno actual y se llega a decir que son los únicos responsables
de la situación actual. Sin embargo, la politización de los problemas que nos aquejan
no ha contribuido de algún modo a su solución, sino que al contrario, tal
parece que se agravan de manera importante. Y es que tal parece que es un ciclo
pues en cada campaña política los que aspiran a cargos de elección popular le
echan a los opositores en cara sus corruptelas y viceversa y no se ve solución.
Las personas están verdaderamente decepcionadas de la clase política pues se
van con cualquiera que les hable bonito y a la hora de la verdad dan la espalda
y puede que hasta una patada.
La mayoría pensara que
nuestros problemas fundamentales son nuevos pero no lo son y quizá comprender
por qué nos ayude a tener una mejor visión. México nunca ha podido formar un
Estado funcional debido a las envidias de la clase política que piensa que el
poder es un patrimonio de una persona o de un grupo y cuando otro lo obtiene no
es legítimo. Basta con ver el número de presidentes desde 1824 hasta 1876 y los
golpes de Estado por los que muchos llegaron al poder. Es más, en aquella época,
al igual que ahora, la gente quería a políticos que les decían lo que querían oír
siendo Antonio López de Santa Anna el claro ejemplo. En el país pululaban la
pobreza, la mala educación, los salteadores de caminos y un ejército federal
voraz. Los empleados públicos tardaban meses y años para cobrar su sueldo. Así era
el siglo XIX en nuestro país y esto fue una de las causas primordiales para
perder la mitad de nuestro territorio porque hasta en los momentos difíciles salían
a relucir las ansias de poder de los políticos. Y aun así no se acabaron los
cuartelazos sino hasta décadas después de estos terribles hechos.
Tal parece que los
problemas de nuestro país solo obtienen solución bajo autoritarismos pues
cuando se han dejado de lado las luchas por el poder el país crece. En el
México independiente han sido dos periodos de gobierno autoritario y sí, son
los regímenes que se imaginan: el Porfiriato y la dictadura de partido único en
el poder. Esto se debe a que los políticos están tan enfrascados en sus luchas
que se olvidan de todo lo demás. Y es que en ambos periodos por fin se pudo
atender problemas como la inseguridad o la falta de infraestructura adecuada. Sin
embargo, ambos regímenes cometieron un error garrafal pues al sentirse siempre necesarios
para el desarrollo del país y la “ilegitimidad” de que otros detenten el poder
finalmente trajeron de regreso las luchas por el poder. Aun así no voy a negar
que los dos regímenes lograron cosas que no se habrían de tener de otro modo
pues las luchas por el poder no dejan espacio para atender los verdaderos
problemas. En el caso de Porfirio Díaz llegó la Revolución Industrial a nuestro
país, por fin se pudo tener dinero para infraestructura y por primera vez en la
historia se tuvieron grandes reservas monetarias mientras que el PRI llevó la educación
a casi todo el país y lograron el mayor poder adquisitivo en la historia de
nuestro país.
Aun con lo anterior estoy
convencido de que debemos evitar una dictadura pues no son garantía de una
mejor vida. Un régimen autoritario no resuelve los problemas a muy largo plazo
pues desde la salida del PRI tal parece que volvimos al punto que aparentemente
ya habíamos superado. Lo que sí he notado es que no hemos madurado lo
suficiente como sociedad pues aun creemos lo que dicen muchos políticos. En realidad
nunca los he visto que ellos se pongan a hablar sobre cómo resolver los
problemas que nos aquejan. Al contrario, sacan cada ocurrencia y con la promesa
de que ahora “sí se van a solucionar nuestros problemas” mientras atacan al
opositor y a la hora de la verdad no solucionan nada y es cuando empiezan todas
las quejas. En realidad es porque siempre hemos tenido gobiernos de “hombre
fuerte” cuando en el país todo funciona y sin duda esto es el reflejo de las monarquías
que no fueron en 1822 y 1867. El caudillismo no es más que el efecto de la institución
que era la figura del monarca que nuestros antepasados destruyeron sin tomar en
cuenta las consecuencias. Y como sociedad no hemos podido tomar el rumbo de
nuestras vidas pues mucho menos los altos destinos a los que aspira nuestro país.
Es por eso que estos últimos años he visto cierta reivindicación hacia la
figura de Porfirio Díaz y quizá debamos retomar algunas de sus acciones pero
una dictadura de ese tipo no garantiza solución más que por unas cuantas décadas.