Como me he caracterizado
desde que abrí el blog hace más de un año, voy a criticar una vez más a Andrés
Manuel López Obrador. Ahora por los ataques verbales lanzados contra ciertos
personajes de la política en la actualidad. Todos ellos tienen algo en común:
son dirigidos en contra de personas que han manifestado interés en contender
por la presidencia o personas que los medios de comunicación han señalado como
candidatos a dicho cargo. Desde luego, hay algunos individuos que no están
preparados para el reto, como es el caso de los miembros del gabinete
presidencial, o son muy corruptos, como
es el caso de Graco Ramírez. Sin embargo, también hay gente mucho más
capacitada para el cargo, como es el caso de Jaime Rodríguez Calderón “El
Bronco”. Entonces es cuando uno debería ponerse a analizar si el proyecto de nación
pejista es viable en comparación con los otros. Hay algo que los seguidores del
señor López no han aprendido: distinguir algo que es en realidad criticable de
lo que es un insulto o una descalificación inmisericorde.
El motivo de todo lo
anterior es que el peje intentara por todos los medios darle zancadillas a todo
aquel que aspire a la presidencia o ataque a sus grupos de choque. Desde luego
estoy hablando de Claudio X. González, presidente de la organización civil
Mexicanos Primero, que se opone a seguir aceptando que los sindicatos docentes
sigan usando la educación como instrumento de ascenso político. La Coordinadora
Nacional de Trabajadores de la Educación es un sindicato charro que ha dado su
apoyo incondicional al líder de MORENA a cambio de la abrogación de la Reforma
Educativa que lesiona los intereses de sus dirigentes. Todo esto en un
movimiento propio de las peores épocas del partido tricolor que estableció
alianzas con los sindicatos a cambio de todo tipo de concesiones que con el
tiempo dañaron al país de forma grave en término económicos.
Desde luego, nada de lo
anterior es recordado por los mexicanos, en especial los que apoyan a López
Obrador, que dicho sea de paso, añoran sin querer el rancio régimen priísta de
las peores épocas: el de los años 70. La mayoría de los mexicanos no recuerda
como el gobierno se hizo con el 60% de la actividad económica y de cómo eso dio
como resultado la quiebra del país a inicios de la década de los 80. De lo
anterior no habla la izquierda porque en su mayoría eran miembros del partido
tricolor, además de que los políticos que proponen ahora las mimas políticas que
fueron un fracaso hace 4 décadas. Es decir, al igual que las personas que
critican hasta el cansancio, ellos le apuestan a la desmemoria de los mexicanos
para hacer política. El manipular la información de ese modo es tramposo,
aunque la mayoría de los seguidores de MORENA lo alaban, mostrando una
ignorancia igual o peor que la de los seguidores del partido tricolor a las que
les dicen que son unos desinformados, aunque los seguidores de la izquierda no
cantan mal las rancheras.
Lo peor es que López
Obrador ha destruido algo que en el pasado había costado mucho realizar: la unificación
de la izquierda. Cuando abandono el PRD debido a un berrinche desatado por la
firma del instituto político del Pacto por México lo único que hizo fue
destruir las aspiraciones de dicho espectro político de acceder a la
presidencia. Cabe destacar que fue hasta entonces que los defectos del partido
del sol azteca se comenzaron a notar. Antes no se notaban las compras de votos
o cómo Alejandro Encinas ayudó a escapar al narcodiputado Julio Cesar Godoy, al
que llevó a la Cámara de Diputados para tomar posesión y luego sacarlo de ahí en
la cajuela de su automóvil. Si ataca a personajes como el gobernador de
Morelos, Graco Ramírez, no es porque el señor sea un falso y corrupto (en
realidad lo es) sino porque él ha expresado su deseo de contender por la
presidencia. Lo sucedido con Arturo Núñez tiene que ver con el hecho de que
este se negó a transferirle 500 millones de pesos anuales de las arcas del
estado a los fondos de MORENA. Pero no ha sido capaz de atacar a Ángel Aguirre,
por ejemplo, por el solo hecho de poner en aprietos a la administración del
odiado Peña Nieto. Tampoco se ha expresado por la fuga de Javier Duarte, que
ayudó a MORENA a crecer en Veracruz. Básicamente el discurso de López Obrador
se reduce a decir que todos los demás son corruptos, pero él no. Esta es una práctica
inventada por el PRI, pero nadie se acuerda. Y es necesario recordar, de lo
contrario caeremos una y otra vez en los mismos errores históricos que nos han
costado muy caro como nación.