En días recientes se han
destapado varios casos de corrupción en los medios de comunicación. Y es que
aunque no lo queramos reconocer, la corrupción es un problema endémico de la
sociedad mexicana, lo queramos aceptar o no, el primer paso para resolver un
problema es reconocer que existe. En el caso de nuestra clase política, que es
horrenda, la corrupción no tienen nada que ver con el partido político al que
pertenezca un legislador o funcionario del gobierno, no importa su nivel o ideología
(aunque estas pesan cada vez menos). Ahora bien, los escándalos en la delegación
Cuauhtémoc, los robos de los gobernadores y las idioteces de los diputados y
senadores tienen a buena parte de la población con las cejas arqueadas. Entremos
en materia.
El pasado 15 de
septiembre sorprendieron a Pedro Pablo Antuñano, Director Jurídico y de
Gobierno de la delegación Cuauhtémoc en Polanco con $600,000 pesos (un poco
menos de 30 mil dólares) en efectivo. Como no pudo demostrar la procedencia del
dinero, fue remitido al ministerio público. Desde luego, la opinión pública
reacciono muy indignada, en especial el diario Reforma, que fue el que destapo
el escándalo. En las notas de dicho periódico del 23 y 24 de septiembre afirman
que Antuñano estaba en una celebración en un conocido local de la colonia
Doctores, dicho festejo fue realizado por un locatario, al parecer para poder
operar su negocio sin que nadie lo moleste. Esto debido a que es una práctica común
en varias partes del país, incluyendo la Ciudad de México, extorsionar a los locatarios
de los llamados giros negros (bares, discotecas, table dances, etc.) para
evitar el cierre del negocio. Ya sea que los propietarios sobornen a los
inspectores de protección civil por irregularidades o que estos últimos saquen
dinero a los dueños de los giros negros por irregularidades inventadas, y
debido a que en la Cuauhtémoc abundan este tipo de lugares, no es de extrañar
este tipo de prácticas. Si no me creen, recuerden lo ocurrido en la discoteca “Lobohombo”,
que se incendió en octubre de 2000 y no cumplía con las reglamentaciones de
seguridad.
Y continuando con la corrupción,
mismo partido que en el caso anterior, pero diferente personaje. El diario estadounidense
The Wall Street Journal ha sacado una nota muy comprometedora para la “austeridad
republicana” y la “honestidad valiente”. Resulta que el líder de MORENA ocultó
el hecho de que posee dos departamentos en la colonia Copilco, en la delegación
Coyoacán. Esto es muy importante resaltarlo, ya que López Obrador dijo en su declaración
3de3 que no poseía propiedades de ningún tipo y reconoció haber donado sus
pertenencias a sus hijos. Sin embargo, el periódico The Wall Street Journal
afirma haber investigado en el Registro Público de la Propiedad, donde según ellos
constan la posesión de dichas propiedades. Por lo pronto, el peje ya dijo que
va demandar a dicho diario neoyorkino (como si fuera barato) y con su ya
cansado discurso de que es una artimaña de la “mafia del poder” de la que él es
integrante, dicho sea de paso.
De lo que casi no he
hablado en este espacio es acerca de la corrupción de algunos gobernadores
panistas, tal es el caso de Guillermo Padrés Elías, Emilio González Márquez y
Luis Armando Reynoso Femat. El primero de ellos, gobernador de Sonora en el
periodo 2009-2015, y resultó ser un ratero de primera clase. Entre las cosas
que hizo fue hacerse una enorme presa en el interior de su rancho, despojando a
las comunidades cercanas de agua para sus cultivos y animales. Además, Claudia
Pavlovich, actual gobernadora de Sonora le ha comprobado numerosos desvíos de
recursos, y resulta que Padrés ahora tienen muchos negocios y que el rancho
antes citado estaba muerto antes de entrar al cargo y cuando llegó, de repente
dicha propiedad empezó a tener árboles frutales, cultivos y cabezas de ganado. El
caso de Emilio González Márquez fue que hizo negocios muy jugosos cuando fueron
los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011. Lo de siempre, compras a sobreprecio,
licitaciones amañadas y todo el tinglado de corrupción, incluyendo un aumento estratosférico
de la deuda de Jalisco por los Juegos Panamericanos. En cuanto a Armando
Reynoso Femat los robos fueron en infraestructura del estado, sin embargo, esta
era inexistente, como fue el caso del aparato de resonancia magnética que
supuestamente fue adquirido para el Hospital General de Aguascalientes y nunca apareció
en ninguna parte. Esto debería ponernos a pensar que la corrupción no es cosa
nada más de un partido político, sino que es un mal que se ha generalizado en
la sociedad, y la clase política solo es un reflejo de nosotros, por lo que deberíamos
plantearnos nuestro papel como sociedad.
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