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miércoles, 26 de octubre de 2016

Los ataques del peje

Como me he caracterizado desde que abrí el blog hace más de un año, voy a criticar una vez más a Andrés Manuel López Obrador. Ahora por los ataques verbales lanzados contra ciertos personajes de la política en la actualidad. Todos ellos tienen algo en común: son dirigidos en contra de personas que han manifestado interés en contender por la presidencia o personas que los medios de comunicación han señalado como candidatos a dicho cargo. Desde luego, hay algunos individuos que no están preparados para el reto, como es el caso de los miembros del gabinete presidencial, o  son muy corruptos, como es el caso de Graco Ramírez. Sin embargo, también hay gente mucho más capacitada para el cargo, como es el caso de Jaime Rodríguez Calderón “El Bronco”. Entonces es cuando uno debería ponerse a analizar si el proyecto de nación pejista es viable en comparación con los otros. Hay algo que los seguidores del señor López no han aprendido: distinguir algo que es en realidad criticable de lo que es un insulto o una descalificación inmisericorde.
El motivo de todo lo anterior es que el peje intentara por todos los medios darle zancadillas a todo aquel que aspire a la presidencia o ataque a sus grupos de choque. Desde luego estoy hablando de Claudio X. González, presidente de la organización civil Mexicanos Primero, que se opone a seguir aceptando que los sindicatos docentes sigan usando la educación como instrumento de ascenso político. La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación es un sindicato charro que ha dado su apoyo incondicional al líder de MORENA a cambio de la abrogación de la Reforma Educativa que lesiona los intereses de sus dirigentes. Todo esto en un movimiento propio de las peores épocas del partido tricolor que estableció alianzas con los sindicatos a cambio de todo tipo de concesiones que con el tiempo dañaron al país de forma grave en término económicos.
Desde luego, nada de lo anterior es recordado por los mexicanos, en especial los que apoyan a López Obrador, que dicho sea de paso, añoran sin querer el rancio régimen priísta de las peores épocas: el de los años 70. La mayoría de los mexicanos no recuerda como el gobierno se hizo con el 60% de la actividad económica y de cómo eso dio como resultado la quiebra del país a inicios de la década de los 80. De lo anterior no habla la izquierda porque en su mayoría eran miembros del partido tricolor, además de que los políticos que proponen ahora las mimas políticas que fueron un fracaso hace 4 décadas. Es decir, al igual que las personas que critican hasta el cansancio, ellos le apuestan a la desmemoria de los mexicanos para hacer política. El manipular la información de ese modo es tramposo, aunque la mayoría de los seguidores de MORENA lo alaban, mostrando una ignorancia igual o peor que la de los seguidores del partido tricolor a las que les dicen que son unos desinformados, aunque los seguidores de la izquierda no cantan mal las rancheras.

Lo peor es que López Obrador ha destruido algo que en el pasado había costado mucho realizar: la unificación de la izquierda. Cuando abandono el PRD debido a un berrinche desatado por la firma del instituto político del Pacto por México lo único que hizo fue destruir las aspiraciones de dicho espectro político de acceder a la presidencia. Cabe destacar que fue hasta entonces que los defectos del partido del sol azteca se comenzaron a notar. Antes no se notaban las compras de votos o cómo Alejandro Encinas ayudó a escapar al narcodiputado Julio Cesar Godoy, al que llevó a la Cámara de Diputados para tomar posesión y luego sacarlo de ahí en la cajuela de su automóvil. Si ataca a personajes como el gobernador de Morelos, Graco Ramírez, no es porque el señor sea un falso y corrupto (en realidad lo es) sino porque él ha expresado su deseo de contender por la presidencia. Lo sucedido con Arturo Núñez tiene que ver con el hecho de que este se negó a transferirle 500 millones de pesos anuales de las arcas del estado a los fondos de MORENA. Pero no ha sido capaz de atacar a Ángel Aguirre, por ejemplo, por el solo hecho de poner en aprietos a la administración del odiado Peña Nieto. Tampoco se ha expresado por la fuga de Javier Duarte, que ayudó a MORENA a crecer en Veracruz. Básicamente el discurso de López Obrador se reduce a decir que todos los demás son corruptos, pero él no. Esta es una práctica inventada por el PRI, pero nadie se acuerda. Y es necesario recordar, de lo contrario caeremos una y otra vez en los mismos errores históricos que nos han costado muy caro como nación.    

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