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sábado, 9 de noviembre de 2019

Gobierno corrupto


Mi abuelo siempre dijo que era mejor desconfiar de aquellas personas que se la pasan hablando bien de sí mismas. Este es el caso de Andrés Manuel López Obrador, que siempre se la pasa diciendo que es una persona honesta, no como los miembros de otros partidos políticos tales como sus dos antecesores inmediatos. Incluso llegando a afirmar que de haber llegado a la presidencia de la república en 2006 en lugar de Felipe Calderón la situación del país sería mejor. La razón por la que mi abuelo decía que era mejor desconfiar de este tipo de personas es porque en la vida real resultaban ser las peores, es decir, todo lo contrario a lo que presumen. Esto lo digo en tiempos en los que los ancianos son vistos como un estorbo, aunque la sabiduría que tienen es producto de todo lo que han vivido. En estos tiempos que corren, y que vamos conociendo cómo es López Obrador en la realidad te das cuenta de que las cosas no habrían resultado tan diferentes como él lo afirma.
Solo imagínense que habría pasado si los escándalos de la administración actual hubiesen pasado en la de Peña Nieto, incluyendo los recientes comentarios de Olga Sánchez Cordero sobre la llamada Ley Bonilla, con la cancelación de una obra importante mediante una consulta ciudadana amañanda, compras sin ninguna licitación o la falta de medicinas en los hospitales. Definitivamente López Obrador y sus seguidores ya habrían puesto como Dios puso al perico a Peña Nieto. Pero, todo esto que acabo de mencionar no ocurrió en la presidencia de Peña Nieto, sino en la actual y ahora todas aquellas hordas que criticaron a las administraciones pasadas se quedan calladas ante evidentes actos de corrupción que en otros países ya le habrían costado el puesto al presidente sin lugar a dudas. Pero eso no es todo puesto que en algún momento el presidente López Obrador criticó a Peña Nieto por un crecimiento de 0.8% en el lejano 2014 y ahora el país crece al 0.4 o menos en promedio. ¿Con qué cara ahora critica a Peña Nieto?


En el caso de Baja California ya se puede ver la verdadera cara de Olga Sánchez Cordero y una muestra de lo que se cuece en los corredores de Palacio Nacional. Desde la reforma electoral de 2014 se estableció que el periodo del gobierno electo en Baja California para el año 2019 sería de dos años para emparejarlo con las elecciones federales. Sin embargo, el candidato de MORENA y ahora gobernador de dicho estado, Jaime Bonilla, buscó la manera de extender su mandato por tres años más de lo establecido mediante maniobras fuera de la ley, como un decreto del congreso local o una consulta amañada. El caso ya está siendo ventilado en la Suprema Corte, pero los comentarios hechos por la Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, me hacen suponer que esta movida ilegal está siendo promovida desde la presidencia, o mejor dicho, por órdenes del presidente, pero francamente no sé cuál es la verdadera razón que estoy seguro que se verá con el tiempo, aunque no me cabe la menor duda de que es para ver la medición de algún evento futuro y no muy legal que digamos.


Ahora que también hay otros detalles que me hacen dudar de la honorabilidad del gobierno de López Obrador. Hay que decirlo con toda claridad: el presidente no es muy afecto a la transparencia y la rendición de cuentas y ese es un paso clave en el combate a la corrupción. Para muestra un botón puesto que la mayoría de los contratos públicos se han entregado por asignación directa lo cual sin duda es muy sospechoso. Además, no se quieren abrir al escrutinio público los proyectos más importantes como el aeropuerto de Santa Lucía, la refinería de Dos Bocas o el tren maya, lo que hace pensar que están hechos de manera improvisada y que hay negocios turbios detrás de ellas. Esto no es nuevo, puesto que López Obrador no se ha caracterizado por ser muy transparente que digamos y de ahí que hasta la fecha nadie conozca los gastos de MORENA o que el padrón del partido sea un desastre. Con una transparencia nula el combate a la corrupción de torna imposible al impedir que se puedan fiscalizar las cuentas públicas. Con esto y lo anterior la verdad es que no se puede considerar a López Obrador como una persona honesta a pesar de presumir de ello, por eso mismo tengo que darle la razón a mi abuelo por palabras tan sabias.


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Anexo.
Mientras escribía estas líneas la verdad pasó algo totalmente despreciable en el Senado de la República. Resulta que se tenía que elegir al presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos. El procedimiento para elegirlo consiste en que el presidente manda una terna al Senado y ellos eligen a la persona idónea. En esta ocasión resultó electa Rosario Piedra Ibarra, hija de la activista Rosario Ibarra de Piedra. Sin embargo, la nueva titular no cumple con algunos requisitos indispensables como no haber militado en algún partido político, cosa que sin duda la señorita Piedra Ibarra viola al haber sido candidata de MORENA a una diputación en Nuevo León. Además de todo, los partidos políticos opositores al presidente denunciaron que la elección fue fraudulenta al faltar dos votos de los 116 senadores que había en ese momento. Y dado que en un vídeo se observa a Ricardo Monreal echando dos votos en la urna anda circulando en redes sociales y temo que hay criterio suficiente para creer. ¿Así es cómo la 4T pretende limpiar al país de corrupción, cometiendo ese tipo de bajezas? Ya van tres hasta el momento y no parece ser la última. 


martes, 5 de noviembre de 2019

Persiguiendo humo


Trece años han pasado desde que el presidente Felipe Calderón decretara la llamada Guerra contra el narcotráfico. Los costos son miles de vidas por la incompetencia de las autoridades ente todos los problemas que los rebasan. Sin embargo, la incompetencia de las autoridades alcanza cotas que en administraciones pasadas pensaba que eran inalcanzables. La inseguridad pública es sin duda el indicador más importante de la capacidad del Estado para hacer frente a los diferentes problemas, pues la seguridad y la impartición de justicia son las actividades más importantes del Estado y que de no tomarse en serio puede poner su existencia misma en entre dicho como ya ha ocurrido en otros periodos de nuestra historia. El problema principal de la época actual seria que ya desde el gobierno de Calderón la situación era insostenible, pues ahora está peor que nunca.
Para explicarme y que entiendan los lectores que no son mexicanos: hay una película que en mi opinión retrata muy bien la situación de amplias zonas de México. No es una de esas cintas horrendas de narcos que encuentras en los puestos de películas piratas a 3x10 pesos ni tampoco es una de Damián Alcázar, de hecho es animada y se pueden sentar a verla con sus hijos o sus sobrinos más pequeños. Es la película de Disney-Pixar “Bichos”, estrenada en 1998 (y por lo tanto es anterior a todo lo que sucede actualmente en México). La trama es sobre una colonia de hormigas que son aterrorizadas por un grupo de saltamontes con el fin de sacarles comida a cambio de protección de los “bichos malos” que hay fuera del hormiguero. Eso tiene un solo nombre: extorsión. Y todo sucede sin balaceras o muertes traumáticas (salvo la del líder de los saltamontes al final de la cinta). No voy a contar más, pero esta trama es el pan nuestro de cada día en amplias zonas del país, sobre todo rurales e incluso hay poblaciones que se han armado en contra de los grupos criminales ante la incapacidad de las autoridades para remediar el problema, cosa que tampoco aporta mucho.
Desde el operativo fallido en Culiacán todo mundo se pregunta por la estrategia de seguridad de la administración de López Obrador. Para mí es evidente que no tienen un plan claro y que al igual que en otros rubros, todo es improvisado. Pero en lugar de buscar maneras de arrojar resultados, el gobierno está más preocupado por desviar la atención de su incapacidad o de los resbalones de Olga Sánchez Cordero atacando a sus críticos acusándolos de tener bots para poner como Dios puso al perico a AMLO. Lo más curioso del asunto es que cuando el presidente trata de manipular la realidad con su narrativa que cada día funciona menos, la realidad da un revés: el inicio de obras de la terminal de autobuses de Santa Lucía se opacó con el operativo fallido en Culiacán y su ataque a sus críticos fue desviado por el asesinato vil y cobarde de 9 miembros de la familia del activista Julián LeBaron en el límite de Chihuahua y Sonora. López Obrador ya debería saber que la tirana realidad siempre se impone a la narrativa que pretende hacernos creer que “vamos requetebién” o “el pueblo está feliz, feliz, feliz”.


De la película “Bichos” hay una lección que podemos aprender: las hormigas se dieron cuenta de que unidas tenían la suficiente fuerza para hacer frente a los saltamontes y salir victoriosas. Claro que en nuestro caso no implica que tomemos un rifle para salir a matar a los criminales.  Simplemente digo que hay que alzar la voz para decir basta y exigir a las autoridades que dejen de hacerse patos persiguiendo a los que se atreven a criticarlos (con toda razón de hacer esa crítica) y se pongan a trabajar en nuestro beneficio. Ya se ha visto demasiada simulación, no solo de esta administración, sino también de las dos anteriores, como para seguir tolerando esta situación. Pero nosotros también debemos poner de nuestra parte por ejemplo al dejar de lado la llamada narcocultura que lleva a la sociedad a admirar figuras que son el peor desperdicio de la humanidad al ser capaces de cometer crímenes contra humanos indefensos (siete de las víctimas del ataque contra los LeBaron son niños de 2, 8 y 11 años) sin el más mínimo rubor. La polarización que promueven las autoridades tampoco ayuda pues al pelearnos entre nosotros mismos ayudamos al gobierno a seguir construyendo su narrativa de un mundo de caramelo en el que López Obrador pretende hacernos creer que vivimos mientras la realidad nos jala hasta ponernos los pies sobre la tierra. Lo siento para el presidente, pero el desafío del México moderno es complejo y él no está a la altura del mismo.