Mi abuelo siempre dijo
que era mejor desconfiar de aquellas personas que se la pasan hablando bien de
sí mismas. Este es el caso de Andrés Manuel López Obrador, que siempre se la
pasa diciendo que es una persona honesta, no como los miembros de otros
partidos políticos tales como sus dos antecesores inmediatos. Incluso llegando
a afirmar que de haber llegado a la presidencia de la república en 2006 en
lugar de Felipe Calderón la situación del país sería mejor. La razón por la que
mi abuelo decía que era mejor desconfiar de este tipo de personas es porque en
la vida real resultaban ser las peores, es decir, todo lo contrario a lo que
presumen. Esto lo digo en tiempos en los que los ancianos son vistos como un
estorbo, aunque la sabiduría que tienen es producto de todo lo que han vivido. En
estos tiempos que corren, y que vamos conociendo cómo es López Obrador en la
realidad te das cuenta de que las cosas no habrían resultado tan diferentes
como él lo afirma.
Solo imagínense que habría
pasado si los escándalos de la administración actual hubiesen pasado en la de
Peña Nieto, incluyendo los recientes comentarios de Olga Sánchez Cordero sobre
la llamada Ley Bonilla, con la cancelación de una obra importante mediante una
consulta ciudadana amañanda, compras sin ninguna licitación o la falta de
medicinas en los hospitales. Definitivamente López Obrador y sus seguidores ya habrían
puesto como Dios puso al perico a Peña Nieto. Pero, todo esto que acabo de
mencionar no ocurrió en la presidencia de Peña Nieto, sino en la actual y ahora
todas aquellas hordas que criticaron a las administraciones pasadas se quedan
calladas ante evidentes actos de corrupción que en otros países ya le habrían costado
el puesto al presidente sin lugar a dudas. Pero eso no es todo puesto que en
algún momento el presidente López Obrador criticó a Peña Nieto por un
crecimiento de 0.8% en el lejano 2014 y ahora el país crece al 0.4 o menos en
promedio. ¿Con qué cara ahora critica a Peña Nieto?
En el caso de Baja
California ya se puede ver la verdadera cara de Olga Sánchez Cordero y una
muestra de lo que se cuece en los corredores de Palacio Nacional. Desde la
reforma electoral de 2014 se estableció que el periodo del gobierno electo en
Baja California para el año 2019 sería de dos años para emparejarlo con las
elecciones federales. Sin embargo, el candidato de MORENA y ahora gobernador de
dicho estado, Jaime Bonilla, buscó la manera de extender su mandato por tres
años más de lo establecido mediante maniobras fuera de la ley, como un decreto
del congreso local o una consulta amañada. El caso ya está siendo ventilado en
la Suprema Corte, pero los comentarios hechos por la Secretaria de Gobernación,
Olga Sánchez Cordero, me hacen suponer que esta movida ilegal está siendo
promovida desde la presidencia, o mejor dicho, por órdenes del presidente, pero
francamente no sé cuál es la verdadera razón que estoy seguro que se verá con
el tiempo, aunque no me cabe la menor duda de que es para ver la medición de
algún evento futuro y no muy legal que digamos.
Ahora que también hay
otros detalles que me hacen dudar de la honorabilidad del gobierno de López
Obrador. Hay que decirlo con toda claridad: el presidente no es muy afecto a la
transparencia y la rendición de cuentas y ese es un paso clave en el combate a
la corrupción. Para muestra un botón puesto que la mayoría de los contratos
públicos se han entregado por asignación directa lo cual sin duda es muy
sospechoso. Además, no se quieren abrir al escrutinio público los proyectos más
importantes como el aeropuerto de Santa Lucía, la refinería de Dos Bocas o el
tren maya, lo que hace pensar que están hechos de manera improvisada y que hay
negocios turbios detrás de ellas. Esto no es nuevo, puesto que López Obrador no
se ha caracterizado por ser muy transparente que digamos y de ahí que hasta la
fecha nadie conozca los gastos de MORENA o que el padrón del partido sea un
desastre. Con una transparencia nula el combate a la corrupción de torna
imposible al impedir que se puedan fiscalizar las cuentas públicas. Con esto y
lo anterior la verdad es que no se puede considerar a López Obrador como una
persona honesta a pesar de presumir de ello, por eso mismo tengo que darle la razón
a mi abuelo por palabras tan sabias.
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Anexo.
Mientras escribía estas
líneas la verdad pasó algo totalmente despreciable en el Senado de la
República. Resulta que se tenía que elegir al presidente de la Comisión
Nacional de Derechos Humanos. El procedimiento para elegirlo consiste en que el
presidente manda una terna al Senado y ellos eligen a la persona idónea. En esta
ocasión resultó electa Rosario Piedra Ibarra, hija de la activista Rosario
Ibarra de Piedra. Sin embargo, la nueva titular no cumple con algunos
requisitos indispensables como no haber militado en algún partido político,
cosa que sin duda la señorita Piedra Ibarra viola al haber sido candidata de
MORENA a una diputación en Nuevo León. Además de todo, los partidos políticos
opositores al presidente denunciaron que la elección fue fraudulenta al faltar
dos votos de los 116 senadores que había en ese momento. Y dado que en un vídeo
se observa a Ricardo Monreal echando dos votos en la urna anda circulando en
redes sociales y temo que hay criterio suficiente para creer. ¿Así es cómo la
4T pretende limpiar al país de corrupción, cometiendo ese tipo de bajezas? Ya van
tres hasta el momento y no parece ser la última.
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