Trece años han pasado
desde que el presidente Felipe Calderón decretara la llamada Guerra contra el narcotráfico.
Los costos son miles de vidas por la incompetencia de las autoridades ente
todos los problemas que los rebasan. Sin embargo, la incompetencia de las
autoridades alcanza cotas que en administraciones pasadas pensaba que eran
inalcanzables. La inseguridad pública es sin duda el indicador más importante
de la capacidad del Estado para hacer frente a los diferentes problemas, pues
la seguridad y la impartición de justicia son las actividades más importantes
del Estado y que de no tomarse en serio puede poner su existencia misma en
entre dicho como ya ha ocurrido en otros periodos de nuestra historia. El problema
principal de la época actual seria que ya desde el gobierno de Calderón la
situación era insostenible, pues ahora está peor que nunca.
Para explicarme y que
entiendan los lectores que no son mexicanos: hay una película que en mi opinión
retrata muy bien la situación de amplias zonas de México. No es una de esas
cintas horrendas de narcos que encuentras en los puestos de películas piratas a
3x10 pesos ni tampoco es una de Damián Alcázar, de hecho es animada y se pueden
sentar a verla con sus hijos o sus sobrinos más pequeños. Es la película de
Disney-Pixar “Bichos”, estrenada en 1998 (y por lo tanto es anterior a todo lo
que sucede actualmente en México). La trama es sobre una colonia de hormigas
que son aterrorizadas por un grupo de saltamontes con el fin de sacarles comida
a cambio de protección de los “bichos malos” que hay fuera del hormiguero. Eso tiene
un solo nombre: extorsión. Y todo sucede sin balaceras o muertes traumáticas (salvo
la del líder de los saltamontes al final de la cinta). No voy a contar más,
pero esta trama es el pan nuestro de cada día en amplias zonas del país, sobre
todo rurales e incluso hay poblaciones que se han armado en contra de los
grupos criminales ante la incapacidad de las autoridades para remediar el
problema, cosa que tampoco aporta mucho.
Desde el operativo
fallido en Culiacán todo mundo se pregunta por la estrategia de seguridad de la
administración de López Obrador. Para mí es evidente que no tienen un plan
claro y que al igual que en otros rubros, todo es improvisado. Pero en lugar de
buscar maneras de arrojar resultados, el gobierno está más preocupado por
desviar la atención de su incapacidad o de los resbalones de Olga Sánchez Cordero atacando a sus críticos acusándolos de tener bots para poner como Dios puso al
perico a AMLO. Lo más curioso del asunto es que cuando el presidente trata de
manipular la realidad con su narrativa que cada día funciona menos, la realidad
da un revés: el inicio de obras de la terminal de autobuses de Santa Lucía se
opacó con el operativo fallido en Culiacán y su ataque a sus críticos fue
desviado por el asesinato vil y cobarde de 9 miembros de la familia del activista
Julián LeBaron en el límite de Chihuahua y Sonora. López Obrador ya debería
saber que la tirana realidad siempre se impone a la narrativa que pretende
hacernos creer que “vamos requetebién” o “el pueblo está feliz, feliz, feliz”.
De la película “Bichos”
hay una lección que podemos aprender: las hormigas se dieron cuenta de que
unidas tenían la suficiente fuerza para hacer frente a los saltamontes y salir
victoriosas. Claro que en nuestro caso no implica que tomemos un rifle para
salir a matar a los criminales. Simplemente
digo que hay que alzar la voz para decir basta y exigir a las autoridades que
dejen de hacerse patos persiguiendo a los que se atreven a criticarlos (con
toda razón de hacer esa crítica) y se pongan a trabajar en nuestro beneficio. Ya
se ha visto demasiada simulación, no solo de esta administración, sino también de
las dos anteriores, como para seguir tolerando esta situación. Pero nosotros también
debemos poner de nuestra parte por ejemplo al dejar de lado la llamada
narcocultura que lleva a la sociedad a admirar figuras que son el peor
desperdicio de la humanidad al ser capaces de cometer crímenes contra humanos
indefensos (siete de las víctimas del ataque contra los LeBaron son niños de 2,
8 y 11 años) sin el más mínimo rubor. La polarización que promueven las
autoridades tampoco ayuda pues al pelearnos entre nosotros mismos ayudamos al
gobierno a seguir construyendo su narrativa de un mundo de caramelo en el que
López Obrador pretende hacernos creer que vivimos mientras la realidad nos jala
hasta ponernos los pies sobre la tierra. Lo siento para el presidente, pero el
desafío del México moderno es complejo y él no está a la altura del mismo.
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