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martes, 5 de noviembre de 2019

Persiguiendo humo


Trece años han pasado desde que el presidente Felipe Calderón decretara la llamada Guerra contra el narcotráfico. Los costos son miles de vidas por la incompetencia de las autoridades ente todos los problemas que los rebasan. Sin embargo, la incompetencia de las autoridades alcanza cotas que en administraciones pasadas pensaba que eran inalcanzables. La inseguridad pública es sin duda el indicador más importante de la capacidad del Estado para hacer frente a los diferentes problemas, pues la seguridad y la impartición de justicia son las actividades más importantes del Estado y que de no tomarse en serio puede poner su existencia misma en entre dicho como ya ha ocurrido en otros periodos de nuestra historia. El problema principal de la época actual seria que ya desde el gobierno de Calderón la situación era insostenible, pues ahora está peor que nunca.
Para explicarme y que entiendan los lectores que no son mexicanos: hay una película que en mi opinión retrata muy bien la situación de amplias zonas de México. No es una de esas cintas horrendas de narcos que encuentras en los puestos de películas piratas a 3x10 pesos ni tampoco es una de Damián Alcázar, de hecho es animada y se pueden sentar a verla con sus hijos o sus sobrinos más pequeños. Es la película de Disney-Pixar “Bichos”, estrenada en 1998 (y por lo tanto es anterior a todo lo que sucede actualmente en México). La trama es sobre una colonia de hormigas que son aterrorizadas por un grupo de saltamontes con el fin de sacarles comida a cambio de protección de los “bichos malos” que hay fuera del hormiguero. Eso tiene un solo nombre: extorsión. Y todo sucede sin balaceras o muertes traumáticas (salvo la del líder de los saltamontes al final de la cinta). No voy a contar más, pero esta trama es el pan nuestro de cada día en amplias zonas del país, sobre todo rurales e incluso hay poblaciones que se han armado en contra de los grupos criminales ante la incapacidad de las autoridades para remediar el problema, cosa que tampoco aporta mucho.
Desde el operativo fallido en Culiacán todo mundo se pregunta por la estrategia de seguridad de la administración de López Obrador. Para mí es evidente que no tienen un plan claro y que al igual que en otros rubros, todo es improvisado. Pero en lugar de buscar maneras de arrojar resultados, el gobierno está más preocupado por desviar la atención de su incapacidad o de los resbalones de Olga Sánchez Cordero atacando a sus críticos acusándolos de tener bots para poner como Dios puso al perico a AMLO. Lo más curioso del asunto es que cuando el presidente trata de manipular la realidad con su narrativa que cada día funciona menos, la realidad da un revés: el inicio de obras de la terminal de autobuses de Santa Lucía se opacó con el operativo fallido en Culiacán y su ataque a sus críticos fue desviado por el asesinato vil y cobarde de 9 miembros de la familia del activista Julián LeBaron en el límite de Chihuahua y Sonora. López Obrador ya debería saber que la tirana realidad siempre se impone a la narrativa que pretende hacernos creer que “vamos requetebién” o “el pueblo está feliz, feliz, feliz”.


De la película “Bichos” hay una lección que podemos aprender: las hormigas se dieron cuenta de que unidas tenían la suficiente fuerza para hacer frente a los saltamontes y salir victoriosas. Claro que en nuestro caso no implica que tomemos un rifle para salir a matar a los criminales.  Simplemente digo que hay que alzar la voz para decir basta y exigir a las autoridades que dejen de hacerse patos persiguiendo a los que se atreven a criticarlos (con toda razón de hacer esa crítica) y se pongan a trabajar en nuestro beneficio. Ya se ha visto demasiada simulación, no solo de esta administración, sino también de las dos anteriores, como para seguir tolerando esta situación. Pero nosotros también debemos poner de nuestra parte por ejemplo al dejar de lado la llamada narcocultura que lleva a la sociedad a admirar figuras que son el peor desperdicio de la humanidad al ser capaces de cometer crímenes contra humanos indefensos (siete de las víctimas del ataque contra los LeBaron son niños de 2, 8 y 11 años) sin el más mínimo rubor. La polarización que promueven las autoridades tampoco ayuda pues al pelearnos entre nosotros mismos ayudamos al gobierno a seguir construyendo su narrativa de un mundo de caramelo en el que López Obrador pretende hacernos creer que vivimos mientras la realidad nos jala hasta ponernos los pies sobre la tierra. Lo siento para el presidente, pero el desafío del México moderno es complejo y él no está a la altura del mismo. 

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