El presidente López Obrador llega a su segundo informe de gobierno con las manos vacías. El año pasado de por sí no había nada para presumir (aunque dudo que un gobernante tenga logros para presumir) al segundo año, por lo menos hasta el sexenio pasado, había logros, quizá pequeños, pero los había. Ahora, si el informe tiene tres renglones es mucho. Pero a López Obrador le gusta exhibirse de esa manera pensando que así tal vez pueda ganar votos para su partido en los comicios del año entrante. En este momento, como dije, el presidente no tiene nada para presumir, a menos que diga que quebró la hacienda pública en tiempo record como bien lo señaló el inútil de Arturo Herrera, secretario de Hacienda. Esto ya había sido augurado por economistas incluso antes de las elecciones de hace dos años. También podría presumir que va que vuela para romper el record de asesinatos cometidos durante la administración de Enrique Peña Nieto.
El rubro económico es sin
duda el más golpeado durante esta administración puesto que las políticas son
muy erráticas. El presidente anunció desde antes incluso de la campaña
presidencial que la corrupción le costaba al país 500 mil millones de pesos y
presumió todo lo que iba a hacer con ese dinero. Evidentemente en este momento
del tiempo en el que las finanzas públicas están en quiebra por la pésima de
López Obrador, en serio uno se pregunta si no se ha acabado con la corrupción o
las afirmaciones del presidente son una tomadura de pelo. Lo peor del caso es
la caída de la inversión prácticamente desde el inicio del sexenio con lo que
la recaudación fiscal también tendrá una reducción considerable. Y para acabar
de empujar el buey a la barranca, las declaraciones de Arturo Herrera,
secretario de Hacienda, acerca de los ahorros dejados por los gobiernos
anteriores que prácticamente están agotados por lo que 2021 va a ser un año muy
difícil. Y todavía no acaba ahí el asunto, pues el presidente no está dispuesto
a hacer los recortes en los programas de compra de votos o en sus disparates faraónicos.
Lo peor del caso es la desconfianza de los inversionistas privados y la fuga de
capitales actualmente en curso sin que nadie haga ni diga nada.
Salud es quizá el rubro donde se note más la incompetencia del presidente después del económico. Ya he hablado en este espacio acerca del desabasto persistente de medicamento en el sector salud y que ya ha cobrado varias vidas. Esto es porque el presidente, o al menos eso cree, tiene cuentas pendientes con el sector farmacéutico. Y por otro lado está el manejo de la pandemia cuyos números no dejan bien parado a nuestro país. El bajo número de pruebas en relación con el número de habitantes (países más pobres aplican más) y la necedad del presidente de salir de gira (y saludar a la madre del narcotraficante más peligroso de México) han hecho que las medidas para reducir el contagio sean ineficientes. Y la avanzada contra la industria de la comida chatarra es sin duda una manera de echarle la culpa de la incompetencia en el manejo de la pandemia de coronavirus al responsabilizarla exclusivamente de la epidemia de obesidad en nuestro país que desde hace años causa problemas entre la población, aunque países con peores niveles de obesidad han controlado mejor la pandemia. Y para echar más sal a la herida, recortaron el 75% del presupuesto de salud y el 95% de los programas de vacunación, así que cuando esté lista la vacuna contra el coronavirus es posible que no haya recursos para adquirir siquiera las dosis necesarias para la población vulnerable.
En el rubro de seguridad tampoco queda muy bien el presidente puesto que va que vuela para superar el número de asesinatos cometidos durante el gobierno de Peña Nieto: 60 mil muertos y contando. Lo peor del caso es que dijo que se habían acabado las masacres. ¿Y la de la familia LeBaron, que la acribillaron a tiros en el límite de Chihuahua con Sonora? Y hace poco hubo un asesinato múltiple en un centro de rehabilitación en Irapuato, Guanajuato. En el caso del robo de combustible, no solo no ha disminuido, sino que ha aumentado de forma considerable sin que el gobierno tome cartas en el asunto. Y en ambos caso el presidente al negar la existencia de ambos delios lo cual es muy, muy grave pues le da pie a la delincuencia de una carta de impunidad muy, muy poderosa ante una autoridad ausente.
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