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sábado, 14 de julio de 2018

Corrupción del nuevo gobierno


A dos semanas el “histórico” triunfo de López Obrador en las urnas y después de ver algunos escabrosos detalles que averigüe hay algunos otros datos que no debemos pasar por alto. No voy a defender el gobierno saliente de Peña Nieto sencillamente porque fue corrupto, timorato y en buena medida es por eso que estamos aquí. El PAN, por otra parte, no supo construir un nuevo orden pues se valió de algunas prácticas del PRI y sumergió al país en una sangrienta espiral de violencia en un intento por legitimar su poder. Sin embargo, ahora que se está asimilando la noticia de que los mexicanos votaron por la “cuarta transformación” estoy cada vez más convencido de que hemos vuelto a tropezarnos con la misma piedra. Las otras tres grandes transformaciones no fueron más que sustituir a una elite gobernante por otra igual o peor y para muestra un botón: la dinastía sonorense fue más sanguinaria y corrupta que Porfirio Díaz y su séquito, aunque la historia oficial diga lo contrario. Entonces la verdad es que tengo expectativas muy bajas del gobierno próximo a entrar en funciones y no es para menos.  
Insisto en que el gobierno que ya se va no merece ser defendido, pero no por eso el que va a entrar es mejor. Las principales banderas de López Obrador son el combate a la corrupción y el eliminar los privilegios de los altos funcionarios. El problema es que antes de entrar el nuevo gobierno ya lleva en su haber escándalos de corrupción que no debemos pasar por alto. El más reciente es el desvío de 97 millones de pesos del fideicomiso que supuestamente hicieron los militantes de MORENA para los damnificados de los sismos de septiembre del año pasado. De la noche a la mañana desapareció el dinero que fue retirado por militantes de MORENA y nadie pertenecía la lista de damnificados de los movimientos telúricos. Dado que el partido fundado por y para López Obrador tiene un historial de transparencia muy pobre la verdad es que no me cabe la menor duda de que el dinero se usó como financiamiento de las pasadas campañas e incluso compra de votos (aunque la mitómana de Yeidckol Polevnsky diga que “se quiso decir o hacer otra cosa”). Mal de muchos, consuelo de tontos dice el dicho, pues no podemos ni debemos justificar estos actos de corrupción utilizando los de otros grupos porque no aporta algo para solucionar el problema. Tiene razón el que afirma que es más fácil aferrarse a una esperanza a pesar de que no existe que enfrentar la cruda realidad de aceptar que es así.
En cuanto a los colaboradores de López Obrador la verdad es que se ha rodeado de personas que tienen un historial político que va de malo a pésimo. Layda Sansores San Román es la primera de la lista y es la mayor tránsfuga de la política mexicana al haber militado en cinco partidos, empezando con el odiado PRI, que abandonó al no satisfacer sus caprichos políticos y así fue con los demás institutos políticos que abandonó y todo para evidentemente vivir del presupuesto y bastante bien por lo que se pudo constatar en su último escándalo. Marcelo Ebrard, futuro secretario de Relaciones Exteriores, tiene en su haber el fraude de la línea 12 del metro de la Ciudad de México y no es solo que sean compras a sobreprecio sino que dicha línea estuvo cerrada por espacio de año y medio por riesgo de descarrilamiento en el tramo elevado de la misma poniendo en riesgo la integridad y vida de miles de personas, tanto usuarios como los que están alrededor de la misma. Además de ellos dos, personas como Nestora Salgado y Napoleón Gómez Urrutia deberían estar en la cárcel por los diversos delitos de los que se les ha acusado y no siendo futuro funcionaros públicos.
Y como lo dije, no se trata de justificar a otros grupos políticos, sino de convencernos de que es mejor no tener altas expectativas del gobierno que se va a establecer el 1 de diciembre. Las otras tres transformaciones del país solo sirvieron para desplazar elites corruptas por otras iguales o peores. Lo peor es que en la escuela nos las vendieron como la panacea para justificar el estado de las cosas y ahora imagínense como fueron, como son y cómo serán las cosas. Y todo ha sido por el afán de quitarnos la responsabilidad hasta de pensar por nosotros mismos y cedérselo a otra persona para que lo haga por nosotros. Esa es la piedra en la que nos tropezamos una y otra vez en espera de un mesías que con unos cuantos pases mágicos resuelva nuestros problemas. Lo peor del caso es que hemos caído varias veces en la trampa: Santa Anna, Madero y Cárdenas son el claro ejemplo de lo que digo pues en su momento los subieron al altar de “salvador de la patria” y solo generaron problemas a corto y largo plazo. Con tristeza debo decir que tienen razón aquellos pensadores que dicen que quienes no conocen su pasado están condenados a repetirlo. Y los mexicanos al parecer carecemos de memoria histórica puesto que seguimos pasando tercamente por donde está esa maldita piedra con la que ya hemos tropezado tres veces y acabamos de hacerlo, en mi opinión, por cuarta ocasión. La verdad es que también soy terco, pues parece que le hablo a la maldita pared.  

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