A dos semanas el “histórico”
triunfo de López Obrador en las urnas y después de ver algunos escabrosos
detalles que averigüe hay algunos otros datos que no debemos pasar por alto. No
voy a defender el gobierno saliente de Peña Nieto sencillamente porque fue
corrupto, timorato y en buena medida es por eso que estamos aquí. El PAN, por
otra parte, no supo construir un nuevo orden pues se valió de algunas prácticas
del PRI y sumergió al país en una sangrienta espiral de violencia en un intento
por legitimar su poder. Sin embargo, ahora que se está asimilando la noticia de
que los mexicanos votaron por la “cuarta transformación” estoy cada vez más
convencido de que hemos vuelto a tropezarnos con la misma piedra. Las otras
tres grandes transformaciones no fueron más que sustituir a una elite
gobernante por otra igual o peor y para muestra un botón: la dinastía sonorense
fue más sanguinaria y corrupta que Porfirio Díaz y su séquito, aunque la
historia oficial diga lo contrario. Entonces la verdad es que tengo
expectativas muy bajas del gobierno próximo a entrar en funciones y no es para
menos.
Insisto en que el gobierno
que ya se va no merece ser defendido, pero no por eso el que va a entrar es
mejor. Las principales banderas de López Obrador son el combate a la corrupción
y el eliminar los privilegios de los altos funcionarios. El problema es que
antes de entrar el nuevo gobierno ya lleva en su haber escándalos de corrupción
que no debemos pasar por alto. El más reciente es el desvío de 97 millones de
pesos del fideicomiso que supuestamente hicieron los militantes de MORENA para
los damnificados de los sismos de septiembre del año pasado. De la noche a la
mañana desapareció el dinero que fue retirado por militantes de MORENA y nadie
pertenecía la lista de damnificados de los movimientos telúricos. Dado que el
partido fundado por y para López Obrador tiene un historial de transparencia
muy pobre la verdad es que no me cabe la menor duda de que el dinero se usó
como financiamiento de las pasadas campañas e incluso compra de votos (aunque
la mitómana de Yeidckol Polevnsky diga que “se quiso decir o hacer otra cosa”).
Mal de muchos, consuelo de tontos dice el dicho, pues no podemos ni debemos
justificar estos actos de corrupción utilizando los de otros grupos porque no
aporta algo para solucionar el problema. Tiene razón el que afirma que es más fácil
aferrarse a una esperanza a pesar de que no existe que enfrentar la cruda
realidad de aceptar que es así.
En cuanto a los
colaboradores de López Obrador la verdad es que se ha rodeado de personas que
tienen un historial político que va de malo a pésimo. Layda Sansores San Román
es la primera de la lista y es la mayor tránsfuga de la política mexicana al
haber militado en cinco partidos, empezando con el odiado PRI, que abandonó al
no satisfacer sus caprichos políticos y así fue con los demás institutos
políticos que abandonó y todo para evidentemente vivir del presupuesto y
bastante bien por lo que se pudo constatar en su último escándalo. Marcelo Ebrard,
futuro secretario de Relaciones Exteriores, tiene en su haber el fraude de la
línea 12 del metro de la Ciudad de México y no es solo que sean compras a
sobreprecio sino que dicha línea estuvo cerrada por espacio de año y medio por
riesgo de descarrilamiento en el tramo elevado de la misma poniendo en riesgo
la integridad y vida de miles de personas, tanto usuarios como los que están
alrededor de la misma. Además de ellos dos, personas como Nestora Salgado y Napoleón
Gómez Urrutia deberían estar en la cárcel por los diversos delitos de los que
se les ha acusado y no siendo futuro funcionaros públicos.
Y como lo dije, no se
trata de justificar a otros grupos políticos, sino de convencernos de que es
mejor no tener altas expectativas del gobierno que se va a establecer el 1 de
diciembre. Las otras tres transformaciones del país solo sirvieron para
desplazar elites corruptas por otras iguales o peores. Lo peor es que en la
escuela nos las vendieron como la panacea para justificar el estado de las
cosas y ahora imagínense como fueron, como son y cómo serán las cosas. Y todo
ha sido por el afán de quitarnos la responsabilidad hasta de pensar por
nosotros mismos y cedérselo a otra persona para que lo haga por nosotros. Esa es
la piedra en la que nos tropezamos una y otra vez en espera de un mesías que
con unos cuantos pases mágicos resuelva nuestros problemas. Lo peor del caso es
que hemos caído varias veces en la trampa: Santa Anna, Madero y Cárdenas son el
claro ejemplo de lo que digo pues en su momento los subieron al altar de “salvador
de la patria” y solo generaron problemas a corto y largo plazo. Con tristeza
debo decir que tienen razón aquellos pensadores que dicen que quienes no
conocen su pasado están condenados a repetirlo. Y los mexicanos al parecer
carecemos de memoria histórica puesto que seguimos pasando tercamente por donde
está esa maldita piedra con la que ya hemos tropezado tres veces y acabamos de
hacerlo, en mi opinión, por cuarta ocasión. La verdad es que también soy terco,
pues parece que le hablo a la maldita pared.
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