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sábado, 8 de septiembre de 2018

Porros y grupos de choque


En mi opinión uno de los temas más escandalosos y sucios de la política mexicana es el referente a los grupos de choque. La misión de estos grupos es la de intimidar a la población mediante violencia cuando los medios pacíficos han fallado para hacer entender el punto de vista del gobierno. Esto llegó a México de la mano con la fundación del Partido Nacional Revolucionario que traía ideas de partidos de corte autoritario y totalitario del Partido Nacional Fascista de Italia y del Partido Comunista de la Unión Soviética, respectivamente. En Italia, por ejemplo, los “Camisas Negras” fueron un grupo de choque utilizado por el régimen fascista para hacer presión social. El primer grupo de choque en nuestro país fue sin duda los “Camisas Pardas”, creados por el gobernador de Tabasco Tomás Garrido Canabal para perseguir a la Iglesia Católica en el sureño estado de nuestro país. A partir del movimiento estudiantil de 1968 se crearon grupos de choque llamados “porros” al interior de la UNAM y el IPN para reventar las manifestaciones.
En la actualidad los grupos de choque más conocidos son “Antorcha Campesina” y la Confederación Nacional Campesina, ambos relacionados con el Partido Revolucionario Institucional. Estos grupos hacen manifestaciones para perturbar la paz y a cambio el partido tricolor les da prebendas y concesiones. El PRI fue en buena medida el que alimentó la causa de Antorcha Campesina, por ejemplo, con el estrepitoso fracaso de la Reforma Agraria de Lázaro Cárdenas. No son pocos los historiadores que hablan de esto, pues el ejido fue un fracaso de pies a cabeza debido al fraccionamiento masivo de la tierra para cultivar, el desconocimiento de los productores agrícolas de lo más básico para sembrar y el desinterés de varios gobiernos llevó a la emigración de personas del campo a la ciudad, lo que llevó a la insuficiencia de vivienda en estas. A partir de los años 70 el gobierno les permitió invadir terrenos en las ciudades, siendo los ejemplos más importantes los municipios del oriente del Estado de México y las zonas altas de la Ciudad de México (delegaciones Álvaro Obregón y Cuajimalpa). El resultado fue un desorden en el crecimiento de muchas ciudades hasta el día de hoy, cinturones de miseria y colonias con delincuencia desbordada. Es decir, lo que llaman en la Ciudad de México “ciudades pérdidas”.
Es decir, el partido político que creo los problemas que padecen y por los que muchos grupos de choque salen a las calles a protestar es el que también los alienta a hacerlo. Sin embargo, el régimen de la Revolución los supo adoctrinar muy bien al hacerles creer que antes vivían los campesinos pobres y explotados por una burguesía abusiva para hacerles creer que ahora son libres. Pero si en realidad se analiza la situación con lupa, uno se puede dar cuenta que pasaron de ser un grupo empobrecido y explotado por otra clase de burguesía igual o peor de abusiva que la anterior. “Pan o palo”, herramientas usadas en el Porfiriato para el control social: pan, sobornos para los opositores; palo, ostracismo, intimidación, etc. Ambas herramientas fueron rescatadas por el régimen de la Revolución para el control social de los opositores, aunque el palo se volvió más cruento que en la época de Díaz. Los que creían que habíamos avanzado, les digo que en el mejor de los casos no hemos avanzado gran cosa, pues con la salida del PRI de la presidencia en 2000 la influencia de los grupos de choque perdió influencia pero no desapareció. Es más, algunos como el CDP en Chihuahua se cambiaron y formaron cuadros con partidos de izquierda como el Partido del Trabajo y ahora hacen proselitismo a favor de los institutos políticos de dicho espectro ideológico.  
Los porros son grupos de choque adscritos a universidades, tanto públicas como privadas, aunque su presencia es mayor en las primeras. Estos grupos se volvieron comunes luego del movimiento estudiantil de 1968 con el objetivo de reventar las manifestaciones estudiantiles. Obviamente se crearon en el contexto de la llamada “Guerra Sucia” de la década de los 70. En la mayoría de los casos son patrocinados por partidos políticos e incluso gobiernos locales y el federal. El grupo de porros más famoso es sin duda el Consejo General de Huelga de la UNAM, que organizó la huelga estudiantil de esa institución en el periodo 1999-2000. El líder del ala más radical de dicha organización fue Alejandro Echavarría Zarco, apodado “el Mosh”, estudiante de sociología y expulsado de la universidad por Juan Ramón de la Fuente por la agresión a miembros del cuerpo académico de la UNAM. Desde entonces, el auditorio Justo Sierra (fundador de la UNAM) es ocupado por un grupo que dedica el espacio para la cultura a la venta de estupefacientes y la prostitución (incluso insultan a don Justo cuando lo rebautizaron con el nombre de uno de los personajes más infames de nuestro continente, el Che Guevara). Esta es la razón del actual conflicto que se vive al interior de la máxima casa de estudios de nuestro país. Ahora se involucran estudiantes del Instituto Politécnico Nacional, lo cual creo que es un deja vu para las personas que rebasan los 60 años más o menos. Lo que me llama la atención es que estamos en vísperas del 50 aniversario de la matanza de Tlatelolco y que estamos en plena transición gubernamental así que para mí no son eventos espontáneos y fortuitos como parecen. Quizá me equivoque, quizá esté en lo correcto, es algo que solo el tiempo dirá. Lo único que deseo es que las cosas no terminen de forma trágica como en 1968.   

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