En mi opinión uno de los
temas más escandalosos y sucios de la política mexicana es el referente a los
grupos de choque. La misión de estos grupos es la de intimidar a la población mediante
violencia cuando los medios pacíficos han fallado para hacer entender el punto
de vista del gobierno. Esto llegó a México de la mano con la fundación del
Partido Nacional Revolucionario que traía ideas de partidos de corte
autoritario y totalitario del Partido Nacional Fascista de Italia y del Partido
Comunista de la Unión Soviética, respectivamente. En Italia, por ejemplo, los “Camisas
Negras” fueron un grupo de choque utilizado por el régimen fascista para hacer presión
social. El primer grupo de choque en nuestro país fue sin duda los “Camisas
Pardas”, creados por el gobernador de Tabasco Tomás Garrido Canabal para
perseguir a la Iglesia Católica en el sureño estado de nuestro país. A partir
del movimiento estudiantil de 1968 se crearon
grupos de choque llamados “porros” al interior de la UNAM y el IPN para
reventar las manifestaciones.
En la actualidad los grupos
de choque más conocidos son “Antorcha Campesina” y la Confederación Nacional
Campesina, ambos relacionados con el Partido Revolucionario Institucional. Estos
grupos hacen manifestaciones para perturbar la paz y a cambio el partido
tricolor les da prebendas y concesiones. El PRI fue en buena medida el que
alimentó la causa de Antorcha Campesina, por ejemplo, con el estrepitoso
fracaso de la Reforma Agraria de Lázaro Cárdenas. No son pocos los
historiadores que hablan de esto, pues el ejido fue un fracaso de pies a cabeza
debido al fraccionamiento masivo de la tierra para cultivar, el desconocimiento
de los productores agrícolas de lo más básico para sembrar y el desinterés de
varios gobiernos llevó a la emigración de personas del campo a la ciudad, lo
que llevó a la insuficiencia de vivienda en estas. A partir de los años 70 el
gobierno les permitió invadir terrenos en las ciudades, siendo los ejemplos más
importantes los municipios del oriente del Estado de México y las zonas altas
de la Ciudad de México (delegaciones Álvaro Obregón y Cuajimalpa). El resultado
fue un desorden en el crecimiento de muchas ciudades hasta el día de hoy,
cinturones de miseria y colonias con delincuencia desbordada. Es decir, lo que
llaman en la Ciudad de México “ciudades pérdidas”.
Es decir, el partido político
que creo los problemas que padecen y por los que muchos grupos de choque salen
a las calles a protestar es el que también los alienta a hacerlo. Sin embargo,
el régimen de la Revolución los supo adoctrinar muy bien al hacerles creer que
antes vivían los campesinos pobres y explotados por una burguesía abusiva para
hacerles creer que ahora son libres. Pero si en realidad se analiza la
situación con lupa, uno se puede dar cuenta que pasaron de ser un grupo
empobrecido y explotado por otra clase de burguesía igual o peor de abusiva que
la anterior. “Pan o palo”, herramientas usadas en el Porfiriato para el control
social: pan, sobornos para los opositores; palo, ostracismo, intimidación, etc.
Ambas herramientas fueron rescatadas por el régimen de la Revolución para el
control social de los opositores, aunque el palo se volvió más cruento que en
la época de Díaz. Los que creían que habíamos avanzado, les digo que en el
mejor de los casos no hemos avanzado gran cosa, pues con la salida del PRI de
la presidencia en 2000 la influencia de los grupos de choque perdió influencia
pero no desapareció. Es más, algunos como el CDP en Chihuahua se cambiaron y formaron
cuadros con partidos de izquierda como el Partido del Trabajo y ahora hacen
proselitismo a favor de los institutos políticos de dicho espectro ideológico.
Los porros son grupos de
choque adscritos a universidades, tanto públicas como privadas, aunque su
presencia es mayor en las primeras. Estos grupos se volvieron comunes luego del
movimiento estudiantil de 1968 con el objetivo de reventar las manifestaciones
estudiantiles. Obviamente se crearon en el contexto de la llamada “Guerra Sucia”
de la década de los 70. En la mayoría de los casos son patrocinados por partidos
políticos e incluso gobiernos locales y el federal. El grupo de porros más
famoso es sin duda el Consejo General de Huelga de la UNAM, que organizó la
huelga estudiantil de esa institución en el periodo 1999-2000. El líder del ala
más radical de dicha organización fue Alejandro Echavarría Zarco, apodado “el
Mosh”, estudiante de sociología y expulsado de la universidad por Juan Ramón de
la Fuente por la agresión a miembros del cuerpo académico de la UNAM. Desde entonces,
el auditorio Justo Sierra (fundador de la UNAM) es ocupado por un grupo que
dedica el espacio para la cultura a la venta de estupefacientes y la prostitución
(incluso insultan a don Justo cuando lo rebautizaron con el nombre de uno de
los personajes más infames de nuestro continente, el Che Guevara). Esta es la razón
del actual conflicto que se vive al interior de la máxima casa de estudios de
nuestro país. Ahora se involucran estudiantes del Instituto Politécnico
Nacional, lo cual creo que es un deja vu para las personas que rebasan los 60
años más o menos. Lo que me llama la atención es que estamos en vísperas del 50
aniversario de la matanza de Tlatelolco y que estamos en plena transición gubernamental
así que para mí no son eventos espontáneos y fortuitos como parecen. Quizá me
equivoque, quizá esté en lo correcto, es algo que solo el tiempo dirá. Lo único
que deseo es que las cosas no terminen de forma trágica como en 1968.
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