Buscar este blog

sábado, 22 de septiembre de 2018

Transición agitada


Este año es aparentemente de grandes transformaciones, sin embargo, y como muchos de mis lectores se imaginan, tengo mis reservas. Es mi naturaleza desconfiar de aquellas personas que hablan bien de sí mismas porque a la hora de la verdad resultan ser todo lo contrario. “Yo soy honesto” es una frase que he oído durante demasiado tiempo, prácticamente desde que supe la existencia de López Obrador como político, pero la ha repetido tanto que ya pienso que a la persona a la que trata de convencer de su honestidad es a sí mismo. Las veces que yo he conocido a ese tipo de personas la verdad es que considero que ese razonamiento tan empírico tiene bastante razón. Esto es algo que decía mmi abuelo hace ya bastante tiempo y es algo que tengo muy presente en un mundo lleno de aparatos electrónicos y que se ha olvidado que las personas ancianas tienen la experiencia de la vida, aunque se piense que tengan ideas anticuadas. Pero volviendo al punto, también me hace desconfiar de López Obrador la gente de la que se rodea.
Hablar bien de sí mismo, la gente que lo rodea, creo que me faltan sus escándalos recientes, que de haberlos cometido otro partido hubiese sido motivo de que pusiera el grito en el cielo. No tengo tampoco la menor duda de que sus comentarios recientes tienen por objeto hacer que las personas desvíen las futuras frustraciones hacia su gobierno en contra del que lo antecedió porque no va poder cumplir con todas las demandas o siquiera con sus promesas, que por cierto no he conocido economía al día de hoy que las aguante. Las necesidades más apremiantes del país son muchas, y gran parte de ellas no se resuelven arrojando dinero ni basta con buenas intenciones. El camino al infierno está lleno de buenas intenciones, y esto se refiere sobre todo a aquellas acciones que están encaminadas con la intención de ayudar y mejorar, pero a la larga pueden tener efectos contraproducentes. Cuidado también con aquellas personas que prometen bajarnos el sol, la luna y las estrellas porque a la larga van a resultar contrarios a lo que prometieron. Gobiernos gastalones ya hemos tenido y las cosas salieron terriblemente mal con una de las peores crisis económicas de la historia. No conozco hasta la fecha nación alguna que se haya hecho prospera regalando dinero a diestra y siniestra, pero sí conozco muchos países arruinados por hacerlo.
Más que un gobierno gastalón, necesitamos uno responsable, que dé las herramientas para que nosotros mismos salgamos adelante. Cuando el Estado se coloca como proveedor de todo y de todos, es una aberración porque el Estado se sostiene de los impuestos de todos, y nadie tiene la obligación de mantener a nadie, además de que las personas se vuelven atenidas de las dadivas del gobierno sin importar quien pague. En realidad este es un círculo vicioso, pues todos queremos tener derechos, pero pocas personas hablan de obligaciones y de cumplirlas. Bajo este esquema, la receta para el desastre está presente, se quiera admitir o no. El futuro gobierno lo que debe poner son las condiciones para que todos podamos emprender nuestros proyectos de vida, no importa cuales sean, solo si no le hacen daño a terceros. Al querer imponer una constitución moral el gobierno se está metiendo en terrenos que no le competen, al decirnos que pensar y que hacer fuera de nuestras propias convicciones. Esto ya ni siquiera es de gobiernos autoritarios, sino que es propio de totalitarismos como lo fueron la Unión Soviética o lo son Cuba y Corea del Norte. Estas son cosas que bajo ningún motivo debemos permitir porque es limitar nuestras libertades de un modo terrible y después serán difíciles de recuperar.
Yo no tengo la menor duda de que López Obrador está ofreciendo el paraíso, pero también debemos reflexionar algunas cosas. Y lo primero es cuántas veces nos han prometido cambios y cuantas veces nos han decepcionado. Por lo que he leído han sido muchas veces y la verdad es que me he dado cuenta que los peores gobernantes prometieron el oro y el moro y al final las cosas salieron al revés. ¿Cuántas personas nos han prometido el oro y el moro? La verdad no sé exactamente, pero han sido demasiadas y ya estoy cansado de dar oportunidades a gente nueva que al final de cuentas va a terminar por decepcionarnos del mismo modo porque hacen las mismas cosas una y otra vez y sin cambiar los procedimientos. Esto sin duda tiene que ver con las personas que le dieron independencia a este país. Sin embargo, y por lo visto en estos 200 años de vida independiente, no hemos aprendido nada. Solo se exige pero no se quiere poner de nuestra parte para ser un mejor país y ahí es donde radica el problema. Quisiera ver en serio, que esto no solo dependiera de las autoridades, pero esto no ha sido así. No tengo motivos para confiar en López Obrador porque se ha rodeado de personas no gratas, tiene un programa de gobierno que no es muy claro y habla muy bien de sí mismo todo el tiempo. Además todos se han puesto expectativas muy altas acerca de su administración.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Se acepta todo tipo de comentarios, menos insultos hacia el público o al editor.