Este año es aparentemente
de grandes transformaciones, sin embargo, y como muchos de mis lectores se
imaginan, tengo mis reservas. Es mi naturaleza desconfiar de aquellas personas
que hablan bien de sí mismas porque a la hora de la verdad resultan ser todo lo
contrario. “Yo soy honesto” es una frase que he oído durante demasiado tiempo,
prácticamente desde que supe la existencia de López Obrador como político, pero
la ha repetido tanto que ya pienso que a la persona a la que trata de convencer
de su honestidad es a sí mismo. Las veces que yo he conocido a ese tipo de
personas la verdad es que considero que ese razonamiento tan empírico tiene
bastante razón. Esto es algo que decía mmi abuelo hace ya bastante tiempo y es
algo que tengo muy presente en un mundo lleno de aparatos electrónicos y que se
ha olvidado que las personas ancianas tienen la experiencia de la vida, aunque
se piense que tengan ideas anticuadas. Pero volviendo al punto, también me hace
desconfiar de López Obrador la gente de la que se rodea.
Hablar bien de sí mismo,
la gente que lo rodea, creo que me faltan sus escándalos recientes, que de
haberlos cometido otro partido hubiese sido motivo de que pusiera el grito en
el cielo. No tengo tampoco la menor duda de que sus comentarios recientes
tienen por objeto hacer que las personas desvíen las futuras frustraciones
hacia su gobierno en contra del que lo antecedió porque no va poder cumplir con
todas las demandas o siquiera con sus promesas, que por cierto no he conocido economía
al día de hoy que las aguante. Las necesidades más apremiantes del país son
muchas, y gran parte de ellas no se resuelven arrojando dinero ni basta con
buenas intenciones. El camino al infierno está lleno de buenas intenciones, y
esto se refiere sobre todo a aquellas acciones que están encaminadas con la intención
de ayudar y mejorar, pero a la larga pueden tener efectos contraproducentes. Cuidado
también con aquellas personas que prometen bajarnos el sol, la luna y las
estrellas porque a la larga van a resultar contrarios a lo que prometieron. Gobiernos
gastalones ya hemos tenido y las cosas salieron terriblemente mal con una de
las peores crisis económicas de la historia. No conozco hasta la fecha nación alguna
que se haya hecho prospera regalando dinero a diestra y siniestra, pero sí
conozco muchos países arruinados por hacerlo.
Más que un gobierno
gastalón, necesitamos uno responsable, que dé las herramientas para que
nosotros mismos salgamos adelante. Cuando el Estado se coloca como proveedor de
todo y de todos, es una aberración porque el Estado se sostiene de los
impuestos de todos, y nadie tiene la obligación de mantener a nadie, además de
que las personas se vuelven atenidas de las dadivas del gobierno sin importar
quien pague. En realidad este es un círculo vicioso, pues todos queremos tener
derechos, pero pocas personas hablan de obligaciones y de cumplirlas. Bajo este
esquema, la receta para el desastre está presente, se quiera admitir o no. El futuro
gobierno lo que debe poner son las condiciones para que todos podamos emprender
nuestros proyectos de vida, no importa cuales sean, solo si no le hacen daño a
terceros. Al querer imponer una constitución moral el gobierno se está metiendo
en terrenos que no le competen, al decirnos que pensar y que hacer fuera de
nuestras propias convicciones. Esto ya ni siquiera es de gobiernos
autoritarios, sino que es propio de totalitarismos como lo fueron la Unión
Soviética o lo son Cuba y Corea del Norte. Estas son cosas que bajo ningún
motivo debemos permitir porque es limitar nuestras libertades de un modo
terrible y después serán difíciles de recuperar.
Yo no tengo la menor duda
de que López Obrador está ofreciendo el paraíso, pero también debemos
reflexionar algunas cosas. Y lo primero es cuántas veces nos han prometido
cambios y cuantas veces nos han decepcionado. Por lo que he leído han sido
muchas veces y la verdad es que me he dado cuenta que los peores gobernantes
prometieron el oro y el moro y al final las cosas salieron al revés. ¿Cuántas
personas nos han prometido el oro y el moro? La verdad no sé exactamente, pero
han sido demasiadas y ya estoy cansado de dar oportunidades a gente nueva que
al final de cuentas va a terminar por decepcionarnos del mismo modo porque
hacen las mismas cosas una y otra vez y sin cambiar los procedimientos. Esto sin
duda tiene que ver con las personas que le dieron independencia a este país. Sin
embargo, y por lo visto en estos 200 años de vida independiente, no hemos
aprendido nada. Solo se exige pero no se quiere poner de nuestra parte para ser
un mejor país y ahí es donde radica el problema. Quisiera ver en serio, que
esto no solo dependiera de las autoridades, pero esto no ha sido así. No tengo
motivos para confiar en López Obrador porque se ha rodeado de personas no
gratas, tiene un programa de gobierno que no es muy claro y habla muy bien de
sí mismo todo el tiempo. Además todos se han puesto expectativas muy altas acerca
de su administración.
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