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jueves, 13 de septiembre de 2018

A 50 años del movimiento del 68


Una transición de poder justo cuando se celebran 50 años del mítico movimiento de 1968 que cimbró a un régimen autoritario hasta los cimientos. Yo mismo he criticado al régimen al que se enfrentaron, aunque nunca he apoyado ni el motivo que los llevó a lanzarse a las calles a protestar ni las consignas que gritaban en las protestas alabando a un régimen igual o peor como el Castrista de Cuba. Y aunque es criticable el modo en el que salieron las cosas al final debido a la masacre de Tlatelolco (para el gobierno, claro está) no puedo dejar de preguntarme si ese movimiento fue para bien. Ha pasado prácticamente medio siglo, el suficiente tiempo como para sopesar los efectos que tuvo el movimiento estudiantil de 1968 en el México actual. Muchos de ustedes me van a odiar, pero tengo la idea de qe las consecuencias del movimiento estudiantil no fueron del todo positivas por lo que estamos viviendo ahora. Ya lo he dicho anteriormente: las decisiones del pasado tienen repercusiones hasta el presente.
¿Por qué digo que las consecuencias del movimiento del 68 no fueron del todo para bien? Porque estoy convencido de que hay algo que nos ha faltado y es dejar de lado el amor que sienten los mexicanos por el Partido Revolucionario Institucional. Los que leen este espacio de manera regular saben que tengo la idea de que la mayoría de los mexicanos que sufragaron el 1 de julio eligieron un gobierno que reencarna lo peor del PRI. Llámenlo síndrome de Estocolmo, amnesia, masoquismo o miedo a lo desconocido, el mexicano promedio habla mal de los gobiernos de tricolor del pasado reciente, pero no de lo que pasó antes, como si las cosas salieran mal porque sí. Estas divagaciones son importantes porque la gente tiene la peor opinión del PRI, pero les aseguro que muy pocas personas me saben responder cómo se construyó ese régimen. Por ejemplo, ahora sé que uno de los principales partidarios de los estudiantes ayudó a construir el régimen al que combatieron, el general Lázaro Cárdenas. Y el mismo Cárdenas fue un represor y para que se den cuenta revisen lo ocurrido en la jornada electoral de 1940. Como lo he dicho antes: no podemos romper con el pasado y nos tropezamos una y otra vez con la misma piedra.
Para muestra un botón: muchos de los que votaron por MORENA lo hicieron porque “querían darle la oportunidad a personas, ideas y políticas nuevas”. Lamento decepcionarlos, pero por lo que he visto hasta el momento es que le dieron otra oportunidad a lo peor del PRI tanto en “capital” humano, ideas y políticas. En mi opinión, esto es porque el adoctrinamiento del régimen de la Revolución sigue vigente a pesar del odio que se le tiene. MORENA básicamente nos vende un modelo de país con políticas públicas que de alguno modo u otro ya fracasaron estrepitosamente. Las ideas que trae MORENA para la “cuarta transformación nacional” se nota que son del corporativismo que fue traído por Plutarco Elías Calles y refrendado por Cárdenas con el que se construyó el régimen que masacró jóvenes en Tlatelolco el 2 de octubre de 1968 y el 10 de junio de 1971 en San Cosme. El tamaño de lo que estoy diciendo es que en 1968 el PRI estaba en la cúspide del poder cuando los estudiantes fueron y desafiaron ese poderío protestando en la calle. Y los mexicanos de hoy en día, sin querer por supuesto, defienden las bases de ese régimen porque así fueron adoctrinados justificando al mismo.
Ahora lo que me inquieta es que en este momento que se cumple medio siglo de aquellos funestos acontecimientos hay problemas otra vez al interior de la máxima casa de estudios de nuestro país. Estoy perfectamente bien enterado de que los porros son grupos de choque al interior de las universidades, públicas sobre todo, y que son financiados por alguno nivel de gobierno o partidos políticos. Tienen por objetivo causar problemas al interior de esas instituciones, sobre todo cuando salen a protestar los estudiantes tienen la meta de reventarlas por medio de la violencia. Dirán que soy paranoico, pero aquí hay algo que no me gusta, sobre todo por los 50 años de lo ocurrido en Tlatelolco y porque un nuevo gobierno que “representa” las esperanzas de una sociedad “ávida” de cambios profundos está por tomar el poder pone a mi parecer un escenario bastante sospechoso al no parecerme algo fortuito. Esto es porque hay grupos en el nuevo gobierno y en el actual en desatar el caos. Pero algo que no puedo pasar por alto es que el gobierno que entra en diciembre quiere tener el control de todo, y me parece que las universidades públicas no son la excepción puesto que durante gran parte del siglo pasado fueron un dolor de cabeza para el gobierno. El nuevo gobierno está dispuesto a vender el futuro del país al derogar la reforma educativa y todo por unos cuantos votos y acarreados de un sindicato charro. Y ese es el legado de aquellos universitarios que hace medio siglo desafiaron a un régimen autoritario: que este ha cambiado de rostro, pero no de esencia.    

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