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jueves, 7 de junio de 2018

Contienda complicada

En los tiempos tan turbulentos que vivimos los mexicanos queda cada vez más claro que el hígado puede más que la razón. Aunque muchas personas piensen que esto no podría ser pero, la verdad es que tenemos mucho que ganar, pero también mucho que perder. Quisiera ser optimista, pero por obvias razones no puedo serlo. La verdad es quiero ganar lo mucho que podríamos hacerlo, pero eso depende de las decisiones que tomemos. Tomar las decisiones correctas no es fácil, ya que requiere hacer algunos sacrificios para obtener beneficios en el futuro, algo que la verdad es algo que no forma parte de la cultura mexicana. En realidad, las cosas podrían ser peores ya que en otros países de Latinoamérica en este momento pasan por una crisis sin precedentes ya que ni siquiera tienen lo más básico para vivir, pero los mexicanos, los buenos latinos, no vemos los problemas del exterior que pueden tener impacto en nuestras vidas.
El contexto internacional es complejo pues la renegociación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá nos tiene contra las cuerdas y el gobierno de nuestro vecino del norte amaga a nuestros paisanos que están de manera ilegal en aquel país. El tema electoral de nuestro país no ayuda pues ninguno de los aspirantes a la amada silla presidencial tiene propuestas para responder a la complejidad del desafío. El país (lo crean o no) ha estado peor, podríamos estar mejor sin duda, aunque nunca hemos estado del todo bien. En realidad lo que pasa en el México actual no es un problema nuevo, pues el debilitamiento del Estado se debe a los pleitos de la clase política a la que solo le interesa el poder para medrar de manera inescrupulosa y obviamente que queda relegada la administración del gobierno y la casta gobernante reduce su acción a conflictos político-electorales. La transmisión y conservación del poder es el problema fundamental de toda América Latina, de ahí que la clase política nunca puede unirse para resolver problemas que afectan a todos y hace que el Estado solo sea funcional con dictaduras.
Tampoco es que quiera una dictadura, pues en muchos casos no siempre responden a todas las necesidades de la población a largo plazo tal como sucede en nuestro país con las dos grandes dictaduras: el Porfiriato y el PRI. Al no haber deseo de transmisión del poder (ambas tuvieron eso en común), la oposición se volvió radical y cuando llega al poder resultan  decepcionante y es cuando se vuelven a desatar los problemas. En el caso de México, los ejemplos serian lo sucedido luego del fallido Primer Imperio, la presidencia de Madero y la transición del año 2000. En los tres periodos se desató la violencia de manera escandalosa y marcada ya que prácticamente se daba y se dio el reinicio de las luchas por el poder. No me cabe la menor duda de que las dictaduras y el buen funcionamiento del Estado que con las mismas no es más que el reflejo de la ausencia de la monarquía y la falta de madurez para manejar una república democrática por parte de la mayoría de nosotros. Tal vez les parezca radical mi idea pero si se analiza bien no dudo ni un poco que es la verdad. Siendo sincero, quisiera que la situación fuera otra cosa, pero en la época colonial la figura del rey era la que mantenía la cohesión social, y de hecho Brasil fue una temida potencia cuando fue monarquía en el siglo XIX. Al perderse esa figura, las cosas no resultaron como se pensaron.
“Poca política, mucha administración”, era el lema del gobierno de Porfirio Díaz y tal parece que la frase tiene mucho sentido en la actualidad. Esto es porque la administración del Estado Mexicano ha quedado en segundo plano mientras que las campañas políticas son permanentes. La democracia en realidad no ha traído a los mejores líderes y esto es porque las personas piensan que con cambiar al gobierno basta para que el estado de las cosas cambien. Pero lo que se ha visto en los últimos dos siglos de vida independientes es exactamente lo contrario porque incluso cuando vemos cuantas constituciones llevamos lamento informar que las cosas no han funcionado como nosotros quisiéramos. La verdad es que la mayoría de nuestros gobernantes caen en tres categorías: corruptos (Manuel González, Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles), ineptos (Antonio López de Santa Anna y Francisco I. Madero) e ineptos y corruptos (Luis Echeverría y sus sucesores hasta la actualidad) y la verdad es que no aprendemos. Tampoco nos ha ayudado el hecho de no tener los líderes adecuados en los momentos clave de la historia de nuestro país y temo decir que en la actualidad no es la excepción. Siendo así las cosas, no tengo motivo para ser optimista con el gobierno que va a relevar al actual. Lo que sí pido atentamente a todos los que leen este blog es que no piensen que las cosas van a mejorar por sí solas. En esta vida hay que luchar porque eso es lo único que nos queda en esta adversidad que vivimos.     

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