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jueves, 28 de junio de 2018

Tonterías mexicanas

Tal parece que los mexicanos nos conformamos con poco y tal parece que lo que respecta a la clase política no es la excepción. Aunque también es cierto que muy pocos de mis compatriotas tienen las agallas para salir adelante. El mexicano promedio no busca buenos líderes, sino un padre que lo protegerá y que le quite responsabilidades. Los mexicanos que se salen de este molde casi siempre se han ido del país para buscar mejores oportunidades independientemente de la clase social. Y aunque entiendo que el payaso del actual proceso electoral es Jaime Rodríguez Calderón, tiene razón al decir que tanto asistencialismo no ha servido para bajar los índices de pobreza que aquejan a cerca de la mitad de la población y la verdad es que coincido con él en que se debe buscar otra estrategia para combatir este mal. El problema es que el mexicano promedio piensa que el Estado debe hacerse cargo de todas las necesidades y bajo esta lógica jamás se podrá avanzar en dicha materia.
Ustedes que leen esto bien saben que al candidato al que más criticó es López Obrador debido a las incongruencias de él y los militantes de su partido. El punto en este momento es que él y los militantes de MORENA dicen que van a llevar a cabo la “cuarta transformación del país”, aunque no entiendo cómo. La Independencia, la Reforma y la Revolución en realidad solo representan el desplazamiento de una elite gobernante por otra pero en realidad nunca se han resuelto los problemas que aquejan al país desde hace mucho tiempo, siglos en la mayoría de los casos. Sin embargo, los mexicanos tal parece que tenemos talento natural para tropezarnos con la misma piedra una y otra vez porque siempre la gente le cree a las personas que prometen bajar el sol, la luna y las estrellas sin detenernos a pensar que tal vez es mejor hacer las cosas de otro modo y podríamos obtener resultados diferentes. Este tipo de cuestiones afectan incluso a personas aparentemente cultas pero en el fondo se dejan guiar por la moda del momento y les aseguro que si López Obrador fuera nazi muchos traerían la esvástica de Hitler.
Con los antecedentes de lo que pasó en nuestro país en las supuestas “grandes transformaciones” afortunadamente ya cada vez menos gentes se lo cree. En algunos sitios de internet veo que hay cierta reivindicación de figuras como Agustín de Iturbide, Maximiliano y Porfirio Díaz al darse cuenta de que el régimen de la Revolución los satanizó para justificar el estado de las cosas y que tal vez sea mejor tomar otra vía para poder resolver nuestros problemas. Pero este tipo de cuestiones no han permeado en el grueso de la población y esto puede hacer que el estado de las cosas se perpetúe. Aunque sí considero que en buena medida esto sucede gracias a que la mayoría de los mexicanos se comporte como padre consintiendo a un grupo de niños malcriados a los que se les cumplen todos sus caprichos. Es también muy curioso que en la actualidad una buena cantidad de personas detesten al Partido Revolucionario Institucional por corrupto pero al parecer no sucede lo mismo con prácticas que llevaron al poder a dicho instituto político y por supuesto que me refiero a la demagogia, el corporativismo y la corrupción. Esto se debe primordialmente a que el pasado nacional no se analiza a fondo y esto es especialmente marcado en las nuevas generaciones.
Estamos prácticamente a una nada de los comicios más importantes del país y tal parece que nos empeñamos en seguir empujando el país al barranco. Esto es porque nos encontramos nuevamente en un periodo de la historia de gran inestabilidad política y los problemas como la mala educación y la inseguridad solo son síntomas de la inoperancia del Estado que se manifiesta con la incapacidad de hacer valer la ley. Prácticamente estamos en un periodo parecido a la Revolución caracterizada por luchas por el poder aunque en estos tiempos no hay levantamientos armados para obtener la amada silla. Basta con ver las campañas electorales recientes para comprobarlo pues los debates de los aspirantes a cargos de elección popular se reducen a descalificaciones que tienen por objetivo ver quién ha sido más corrupto. La clase política mexicana siempre se ha caracterizado por ver únicamente por sus intereses personales y los de los grupos que los respaldan sin voltear a ver a la población sino solo para pedir el voto. Lo he dicho ya varias veces, este no es un periodo único, pues contrario a lo que se pudiera pensar ya ha habido en el pasado periodos similares en los que parece que la delincuencia tiene terreno fértil. Y esto va a seguir ocurriendo mientras el grueso de la población siga esperando al mesías pues en buena medida estamos así al dejar todo en manos de los políticos.   

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