En el marco de las
celebraciones de la matanza de Tlatelolco, de la que ya han pasado cincuenta
años, todavía hay detalles que me producen mucho desasosiego. Lo ocurrido en
los últimos 50 años no considero que sea del todo positivo, en especial ya en
tiempos más recientes. La generación de los grandes movimientos sociales inició
con el consumo indiscriminado de drogas, la rebeldía como forma de vida y
comenzó la relajación de la constancia y la disciplina. Dicen los que saben que
el movimiento del 68 fue un parteaguas y que llevó al régimen de la Revolución
a su declive y caída. Ahora la verdad es que estoy convencido de que el
movimiento del 68 llevó al PRI a su decadencia y caída, al régimen como tal la
verdad es que no fue así. Aunque la mayoría no lo quiere reconocer, los
mexicanos añoran al régimen que impuso el tricolor, aunque no lo reconozcan de
manera abierta.
Y tengo mis dudas acerca
de los efectos que tuvo el movimiento del 68 debido a los sucesos de los
tiempos recientes. El consumo excesivo de drogas, la mala educación y la escasa
cultura de las personas son efectos que sin duda comenzaron con la generación que
estuvo presente en los eventos del año 1968. En aquellos años en los que la
Guerra de Vietnam estaba en sus inicios, los hippies se lanzaban a las calles
con su mensaje de “paz y amor, se generalizaba el consumo de drogas, aparecía
la minifalda y también la pastilla anticonceptiva, por lo que se sentaron las
bases de lo que vivimos en los tiempos recientes. En aquellos años también estaba
en auge la Revolución Cubana y sus íconos: Fidel Castro, Ernesto el “Che”
Guevara y Camilo Cienfuegos y hasta los ponían como ejemplo de democracia y
prosperidad, pero como siempre, el tiempo se ha encargado de desmentirlo. Y es
que en aquellos años las personas (sobre todo los estudiantes universitarios en
Latinoamérica) soñaban con emular a ese trio al subir a las montañas para
derribar a las dictaduras que en aquellos años asolaban a la región e instaurar
un régimen socialista. Eso sí, por eso considero que fueron una generación bastante
ingenua, planeaba tirar regímenes autoritarios y poner otros peores.
Es cierto que en los años
siguientes el PRI entro en decadencia, pero eso era inevitable por la misma
estructura que lo conformaba. Las cifras económicas de los 70 fueron las que
llevaron al partido a su decadencia, esto porque nunca pudo alejarse de la
demagogia que lo llevó a la cúspide de su poder. El movimiento del 68 también
llevó al surgimiento de guerrillas comunistas en todo el territorio nacional
durante la llamada Guerra Sucia de los años 70. Tengo motivos para pensar que
en el fondo esto era lo que llevó a los estudiantes a las calles en primer
lugar. Esto es porque todos aquellos movimientos emulaban lo hecho por Fidel
Castro, Camilo Cienfuegos y el Che Guevara y de ese modo poder imponer el socialismo.
Sin embargo, no vieron con suficiente atención a su alrededor, pues los
gobiernos de Luis Echeverría y José López Portillo aplicaron medidas
socialistoides que al final llevaron al país a la ruina. ¿De qué les sirvió
entonces subir al profesor Lucio Cabañas a la Sierra de Guerrero, si otros ya hacían
lo que pregonaba en sus panfletos? La verdad es que la Guerra Sucia es un
evento que no he comprendido del todo.
Lo peor del caso es que
los estudiantes que murieron en 1968 lo hicieron en balde, pues tengo bastantes
motivos que el régimen que intentaron hacer caer está renaciendo. Renaciendo,
en una regresión mucho peor que cuando estaba en su apogeo pues ahora se va a
tratar de una dictadura personal al estilo de la de Calles. El movimiento del
68 tal vea haya herido de muerte al Partido Revolucionario Institucional, pero
no al régimen de la Revolución que sigue vigente a pesar de lo que ha ocurrido
en los últimos años. El PRI adoctrino bastante bien a los mexicanos al imponer
el dogma de la Revolución del mismo modo en el que se relata en la novela de
George Orwell “Rebelión en la Granja”, al repetir una y otra vez que estábamos mejor
que antes, lo cual no es cierto, o por lo menos no del todo. Entre las
contradicciones está el odio hacia todo lo que venga de España, a pesar de que
en 197 años no se ha querido romper con el orden impuesto desde la llegada del
primer virrey, Antonio de Mendoza, en el siglo XVI. Tengo que insistir en el
hecho de que la mayor parte de nuestros problemas no son nuevos y la verdad es
que siempre ha habido poco o nulo interés en hacer las cosas de otro modo. Las grandes
transformaciones no rompieron con ese orden aunque lo pregonaron, y que la
Revolución lo repita una y otra vez, le dio un nuevo auge a ese orden. Y el
nuevo gobierno, que se dice heredero de los estudiantes que murieron en
Tlatelolco, no lo hará de ninguna manera.
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