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sábado, 6 de octubre de 2018

Que ya se olvide el 2 de octubre


En el marco de las celebraciones de la matanza de Tlatelolco, de la que ya han pasado cincuenta años, todavía hay detalles que me producen mucho desasosiego. Lo ocurrido en los últimos 50 años no considero que sea del todo positivo, en especial ya en tiempos más recientes. La generación de los grandes movimientos sociales inició con el consumo indiscriminado de drogas, la rebeldía como forma de vida y comenzó la relajación de la constancia y la disciplina. Dicen los que saben que el movimiento del 68 fue un parteaguas y que llevó al régimen de la Revolución a su declive y caída. Ahora la verdad es que estoy convencido de que el movimiento del 68 llevó al PRI a su decadencia y caída, al régimen como tal la verdad es que no fue así. Aunque la mayoría no lo quiere reconocer, los mexicanos añoran al régimen que impuso el tricolor, aunque no lo reconozcan de manera abierta.
Y tengo mis dudas acerca de los efectos que tuvo el movimiento del 68 debido a los sucesos de los tiempos recientes. El consumo excesivo de drogas, la mala educación y la escasa cultura de las personas son efectos que sin duda comenzaron con la generación que estuvo presente en los eventos del año 1968. En aquellos años en los que la Guerra de Vietnam estaba en sus inicios, los hippies se lanzaban a las calles con su mensaje de “paz y amor, se generalizaba el consumo de drogas, aparecía la minifalda y también la pastilla anticonceptiva, por lo que se sentaron las bases de lo que vivimos en los tiempos recientes. En aquellos años también estaba en auge la Revolución Cubana y sus íconos: Fidel Castro, Ernesto el “Che” Guevara y Camilo Cienfuegos y hasta los ponían como ejemplo de democracia y prosperidad, pero como siempre, el tiempo se ha encargado de desmentirlo. Y es que en aquellos años las personas (sobre todo los estudiantes universitarios en Latinoamérica) soñaban con emular a ese trio al subir a las montañas para derribar a las dictaduras que en aquellos años asolaban a la región e instaurar un régimen socialista. Eso sí, por eso considero que fueron una generación bastante ingenua, planeaba tirar regímenes autoritarios y poner otros peores.
Es cierto que en los años siguientes el PRI entro en decadencia, pero eso era inevitable por la misma estructura que lo conformaba. Las cifras económicas de los 70 fueron las que llevaron al partido a su decadencia, esto porque nunca pudo alejarse de la demagogia que lo llevó a la cúspide de su poder. El movimiento del 68 también llevó al surgimiento de guerrillas comunistas en todo el territorio nacional durante la llamada Guerra Sucia de los años 70. Tengo motivos para pensar que en el fondo esto era lo que llevó a los estudiantes a las calles en primer lugar. Esto es porque todos aquellos movimientos emulaban lo hecho por Fidel Castro, Camilo Cienfuegos y el Che Guevara y de ese modo poder imponer el socialismo. Sin embargo, no vieron con suficiente atención a su alrededor, pues los gobiernos de Luis Echeverría y José López Portillo aplicaron medidas socialistoides que al final llevaron al país a la ruina. ¿De qué les sirvió entonces subir al profesor Lucio Cabañas a la Sierra de Guerrero, si otros ya hacían lo que pregonaba en sus panfletos? La verdad es que la Guerra Sucia es un evento que no he comprendido del todo.
Lo peor del caso es que los estudiantes que murieron en 1968 lo hicieron en balde, pues tengo bastantes motivos que el régimen que intentaron hacer caer está renaciendo. Renaciendo, en una regresión mucho peor que cuando estaba en su apogeo pues ahora se va a tratar de una dictadura personal al estilo de la de Calles. El movimiento del 68 tal vea haya herido de muerte al Partido Revolucionario Institucional, pero no al régimen de la Revolución que sigue vigente a pesar de lo que ha ocurrido en los últimos años. El PRI adoctrino bastante bien a los mexicanos al imponer el dogma de la Revolución del mismo modo en el que se relata en la novela de George Orwell “Rebelión en la Granja”, al repetir una y otra vez que estábamos mejor que antes, lo cual no es cierto, o por lo menos no del todo. Entre las contradicciones está el odio hacia todo lo que venga de España, a pesar de que en 197 años no se ha querido romper con el orden impuesto desde la llegada del primer virrey, Antonio de Mendoza, en el siglo XVI. Tengo que insistir en el hecho de que la mayor parte de nuestros problemas no son nuevos y la verdad es que siempre ha habido poco o nulo interés en hacer las cosas de otro modo. Las grandes transformaciones no rompieron con ese orden aunque lo pregonaron, y que la Revolución lo repita una y otra vez, le dio un nuevo auge a ese orden. Y el nuevo gobierno, que se dice heredero de los estudiantes que murieron en Tlatelolco, no lo hará de ninguna manera.

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