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sábado, 30 de septiembre de 2017

Tras la tragedia, miserias políticas

La clase política de nuestro país en serio que es experta en ruborizarnos, pero en caso de tragedia como es el caso de los sismos ocurridos este mes que termina, la verdad es que es indignante la actitud de la clase dirigente de nuestro país. La verdad es que no se si es una fortuna o un infortunio que los sismos ocurridos el 7 y el 19 de septiembre hayan ocurrido a menos de un años de los comicios por la amada silla presidencial, aunque creo que somos huérfanos políticos, pues ninguna de las opciones parece representar al pueblo. Si dogo que es una fortuna es porque ha despertado la sociedad en cierta medida y nos hemos dado cuenta la clase de parásitos que nos gobierna o pretende gobernar; y por otro lado han salido a relucir bajezas por parte de la clase política, y la verdad es que no se si reír, llorar o enojarme. La verdad es que anteriormente pensaba que lo había visto todo, pero esto lo supera con creces.
En primer lugar debo reconocer el avance en el reglamento de construcción derivado del terremoto del 19 de septiembre de 1985 ya que en este la cantidad de muertos fue del orden de decenas de miles y ahora son cientos, aunque tampoco se han corregido del todo los vicios del pasado. También tiene mucho que ver los avances en materia de protección civil y la pronta respuesta de las autoridades y de la sociedad civil, de lo contrario el número de víctimas habría sido mucho mayor. En cuanto a los edificios caídos, me queda claro que no ha desaparecido del todo la complicidad de inmobiliarias y constructoras con las autoridades para los temas de construcción y mantenimiento de edificios. Casos claros fueron el Colegio Rebsámen en Tlalpan (que fue igual que el de la guardería ABC de Hermosillo) o las personas estafadas por una constructora en la colonia Portales de la delegación Benito Juárez. En ambos caso es claro que se violaron los reglamentos de construcción después de pasarles una lanita a las autoridades encargadas de los permisos y estafaron a los compradores de viviendas de manera bastante ruin. En otros casos hay edificios que fueron desahuciados con el temblor de 1985 por daños en su estructura y en el de este año resulta que estaban ocupados. Y mientras tanto las autoridades de las delegaciones y las del Distrito Federal se echan la bolita unos a otros.
En otro punto, aunque no menos miserable, están las prerrogativas que nos obligan a darle a una partidocracia abusiva y corrupta dinero del erario sin que podamos evitarlo. Ahora con los movimientos telúricos temo que en redes sociales están ocurriendo otros de tipo social pero no menos intensos. Se hizo presión en redes sociales para obligar a los partidos políticos (no es donación) la obscena cantidad de dinero que recibirían para las campañas de 2018. Y debido a esto los partidos se han sumado a una subasta debido al desprestigio que han venido sufriendo en años recientes. Todas son ruines, pero la del dueño de MORENA es la mayor bajeza. Esto es porque pretende el administrar recursos para la reconstrucción, y es mi opinión que eso tiene sin duda tintes electorales y es lo mismo que repartir despensas, material de construcción, tinacos y otras dadivas, algo que López Obrador ha criticado a sus adversarios desde siempre. Tal parece que el oportunismo político sale a relucir hasta en los peores momentos.

La verdad es que tengo que volver a preguntar en dónde demonios estamos parados los mexicanos. La verdad es que hemos tocado fondo en esta decadencia que tal parece es eterna. Tal vez ahora con la emergencia salga el mejor lado de los mexicanos, pero normalmente el mexicano promedio se esmera en fallar como sociedad. Estoy convencido de que pasando la emergencia tarde o temprano volveremos a los mismos vicios, pues en materia política parece que estamos condenados a repetir ciclos. Todavía tenemos pendientes como superar la narcocultura, participar más activamente en la comunidad y el desconocimiento de nuestro pasado. Es cierto que las grandes revoluciones que se han dado fueron por reclamos del pueblo, sin embargo, aquí en México somos proclives a los autoritarismos porque nos dejamos llevar por aquel que promete el paraíso con tan solo unos golpes de varita mágica. Creo tener motivos para no bajar la guardia, a pesar de que son las generaciones jóvenes las que más se han movilizado por las emergencias. La falta de tacto político de los millennials a lo que también le agrego la falta de memoria histórica que es nuestra maldición y nos ha llevado a repetir patrones históricos una y otra vez. Vaya que sí tenemos mucho que reflexionar después de esto.   

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