Hay un periodo de nuestra
historia que muchos desconocen o del que ya no se acuerdan y es la Docena
Trágica. También conocido como la “Década Perdida”, se refiere a los gobiernos
de Luis Echeverría (1970-1976) y José López Portillo (1976-1982) y al desastre
que fueron en materia económica y social. Es algo más reciente de lo que la mayoría
cree, pues estoy hablando de quien gobernó este país en los ‘70 y principios de
los ’80. El principal motivo para llevar a cabo estas políticas fue el fantasma
de 1968 ya que a partir de entonces los mexicanos empezaron a desconfiar de los
gobiernos emanados del PRI como nunca se había visto anteriormente. Entonces los
gobiernos ya citados usaron el populismo para contentar a la población sin
tener en cuenta las consecuencias en el mediano y largo plazo. Cuando la
realidad nos alcanzó fue cuando ocurrió una de las crisis económicas más
grandes de nuestra historia.
En primer lugar hay que
poner sobre la mesa el odio que sentía Echeverría en contra de los empresarios
y que se manifestó con la nacionalización masiva de empresas. Solo respetó las
que tenían dueños que fueron serviles al gobierno. Hubo una orgia de créditos
en la década de los ’70 debido a los altos precios del petróleo al inicio de
dicho decenio. Los programas sociales incrementaron de manera exponencial y por
consiguiente hubo un aumento brutal de la burocracia y del gasto público. En ese
tiempo también se limitaron las importaciones a ciertos productos sin que esto
significara una mejora en la economía nacional. Las empresas nacionalizadas
cayeron en la ineficiencia, una sobrecarga en la plantilla laboral y no se sabe
a ciencia cierta cuántas veces fueron rescatadas por las autoridades. El edificio
se sostuvo mientras los precios del petróleo (el único recurso digno de exportación).
Sin embargo, al final del sexenio de Echeverría se empezó a notar una inflación
persistente, con lo que se empezó a poner en práctica un sistema de control de
precios que llevaron a la escasez de productos como el azúcar, mientras que por
la restricción a las importaciones hubo escasez de dentífrico y jabón de tocador
debido a la imposibilidad de traer las materias primas. Se intentó impulsar al
campo mediante créditos baratos, regalo de semillas, animales y maquinaria sin
que esto mejorara la producción agrícola y ganadera.
Cuando López Portillo
recibió el gobierno de manos de Echeverría en 1976 ya había señales de
agotamiento por el modelo impuesto desde 1970. Y en lugar de corregir el rumbo,
JOLOPO se decidió por continuar empujando al país por la barranca, más por las
reservas petroleras que se descubrieron en el Golfo de México durante su
mandato. Sin embargo, llegó el momento del despertar a la realidad, y el
despertar fue bastante brusco, pues a principios de los ’80 hubo una caída en
el precio del petróleo y la economía era tan dependiente de la venta del
recurso natural que repercutió enormemente en las finanzas públicas. La inflación
no se hizo esperar y el gobierno respondió aumentando el salario mínimo por
encima de la esta lo que contribuyó a agravarla. En su último informe se
anunció la nacionalización de la banca que en nada ayudó a paliar siquiera un
poco la situación tan precaria. La devaluación no se hizo esperar y la fuga de
capitales fue espectacular. El desempleo aumentó en forma considerable de la noche
a la mañana y muchos mexicanos cayeron en la pobreza en un abrir y cerrar de
ojos.
El dizque neoliberalismo
contra el que lucha la izquierda mexicana moderna es producto de las políticas económicas
que tanto defienden. Sin embargo, los gobiernos desde Miguel de la Madrid hasta
el presente no han dejado en esencia dejado de aplicar dichas políticas. Sin embargo,
los izquierdosos se empeñan en culpar de la crisis actual a los gobiernos
mexicanos desde 1982. Tal vez sea porque durante la Docena Trágica era parte
del partido que entonces ostentaba el poder y del que ahora reniegan pero en el
fondo no han dejado de llevarse las ideas del partido al que muchos le deben
carreras políticas. Además, los mexicanos modernos ven en Carlos Salinas de
Gortari el principal responsable de la situación actual y esa afirmación no es
del todo cierta. Para mí el desconocimiento de los eventos previos a 1982 puede
ser nuestra ruina ya que la crisis actual no se puede explicar sin el estudio
concienzudo de lo ocurrido en los ’70. Esto puede llevarnos a repetir ciclo
funestos que creíamos haber superado hace mucho tiempo. El problema pienso yo
es que las políticas de Echeverría y López Portillo se ven bien en teoría, pero
llevadas a la práctica son desastrosas en el largo plazo. Sin embargo, las
veces que he expuesto esto siento que hablo con la pared porque muchas personas
singuen empecinadas en defender las causas de la crisis actual.
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