Tal parece que la
democracia en nuestro país se ha convertido en un circo que el público abandona
por ser un espectáculo deficiente. Nuestra partidocracia se ha convertido en
una elite abusiva que succiona recursos públicos sin ninguna consideración hacia
nosotros. En realidad tenemos ya los vicios de la democracia descritos por
Aristóteles (el filósofo griego, no el gobernador de Jalisco). Desde luego que
estoy hablando de la demagogia. La demagogia surge como el defecto principal de
las democracias porque se tiene que tener un sistema imperfecto para que no se
satisfagan las necesidades de la población. Así, en nuestro país no hay un
genuino deseo de la clase política de resolver los problemas que aquejan a la población
como la inseguridad, la deficiente procuración de justicia, un sistema
educativo deprimente y un sistema de salud deficiente a los que solo ponen
paliativos que no los resuelven de fondo.
En varias ocasiones yo he
dicho en este espacio que el financiamiento a los partidos políticos es grosero
y tiene argumentos tramposos. También he dicho que los partidos políticos deberían
tener otras fuentes de financiamiento. Sin embargo, basta con ver que nuestro
sistema económico es deficiente como el hecho de que muchas de las grandes
fortunas se hicieron al amparo del gobierno favoreciendo monopolios o dándoles contratos
públicos. También tenemos que trabajar sobre la independencia de los poderes judicial
y legislativo para evitar que este sistema se preste a malas prácticas. En segundo
lugar tenemos el problema de que el crimen organizado financiando campañas políticas
y gracias a esto ya hay alcaldes, legisladores locales e incluso federales que
fueron financiado por capos de la droga. Además, ya hay empresarios que apoyan
las campañas de algunos políticos con tal de obtener contratos públicos o
algunas concesiones en caso de llegar al cargo. Todo lo anterior no se ha
podido evitar con financiamiento público, por lo que considero que no tiene
sentido.
Lo que plantea Pedro
Kumamoto es que el presupuesto de los partidos políticos sea en función del
número de votantes. Con el sistema de financiamiento actual lo que se hace es
tomar el número de militantes de cada partido y se multiplica por una cantidad
de dinero. En cambio, Kumamoto quiere que cada partido reciba la misma cantidad
de dinero en función del número de votantes. Yo agregaría a esa propuesta (y
dado que me importa un comino la igualdad) que sea en función del número de
votos que obtenga el partido en las elecciones, con lo que el monto sería mucho
menor y sería una manera más efectiva para castigar a los partidos cuando los
gobiernos emanados de ellos fallen en sus funciones. Con esto se le daría un
arma a la sociedad muy efectiva para darles un golpe muy duro a los partidos políticos.
En la época actual los partidos se han convertido en una elite abusiva y
corrupta que únicamente están en una búsqueda del poder por el poder mismo y
alejados de los problemas de los ciudadanos. Es de ahí que surge la falta de
compromiso para resolver los problemas que aquejan a la población y solo se
aplican paliativos.
Desde luego que hay
detractores a esta idea tales como los partidos de izquierda que quieren que el
Estado financie y subsidie todo. Uno de esos personajes es el catedrático de la
UNAM que además es seguidor de Andrés Manuel López Obrador, John M. Ackerman. A
él parece no importarle el hecho de que los partidos políticos se han
convertido en una casta abusiva que devora recursos de manera irracional. Ackerman
señala que el financiamiento público y el obligar a la gente a ir a votar (no
puede ser un derecho y una obligación al mismo tiempo) so pena de ser
sancionado es lo mejor y cita como ejemplos de esto a Argentina y Brasil, que
por cierto sus penúltimos gobiernos han sido señalados por actos de corrupción.
Corrupción es favorecer también clientelas electorales (algo que ocurre incluso
en países desarrollados), y es lo que hicieron Luiz Inacio Lula da Silva y
Dilma Rouseff en Brasil y los Kirchner en Argentina además de aceptar sobornos
(según Ackerman, con estas medidas se reduce la influencia de las clientelas
electorales, si, como no), por lo que el financiamiento público no es sinónimo de
reducción de la corrupción, yo creo que al contrario. Además, me temo que su
amado López Obrador hace lo que tanto critica, pues por lo menos sus hijos
mayores se dan una vida de ostentación (y no dudo que a nuestras costillas) y
ya en 2009 cerraron la página de Facebook de uno de ellos por presumir ese estilo
de vida. Fiscalizar cuesta más barato que sostener con dinero público y se
puede eliminar esto último, pero también hay que tomar ciertas precauciones
pues de lo contrario el tiro nos puede salir por la culata.
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