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martes, 26 de septiembre de 2017

Sin voto no hay dinero

Tal parece que la democracia en nuestro país se ha convertido en un circo que el público abandona por ser un espectáculo deficiente. Nuestra partidocracia se ha convertido en una elite abusiva que succiona recursos públicos sin ninguna consideración hacia nosotros. En realidad tenemos ya los vicios de la democracia descritos por Aristóteles (el filósofo griego, no el gobernador de Jalisco). Desde luego que estoy hablando de la demagogia. La demagogia surge como el defecto principal de las democracias porque se tiene que tener un sistema imperfecto para que no se satisfagan las necesidades de la población. Así, en nuestro país no hay un genuino deseo de la clase política de resolver los problemas que aquejan a la población como la inseguridad, la deficiente procuración de justicia, un sistema educativo deprimente y un sistema de salud deficiente a los que solo ponen paliativos que no los resuelven de fondo.
En varias ocasiones yo he dicho en este espacio que el financiamiento a los partidos políticos es grosero y tiene argumentos tramposos. También he dicho que los partidos políticos deberían tener otras fuentes de financiamiento. Sin embargo, basta con ver que nuestro sistema económico es deficiente como el hecho de que muchas de las grandes fortunas se hicieron al amparo del gobierno favoreciendo monopolios o dándoles contratos públicos. También tenemos que trabajar sobre la independencia de los poderes judicial y legislativo para evitar que este sistema se preste a malas prácticas. En segundo lugar tenemos el problema de que el crimen organizado financiando campañas políticas y gracias a esto ya hay alcaldes, legisladores locales e incluso federales que fueron financiado por capos de la droga. Además, ya hay empresarios que apoyan las campañas de algunos políticos con tal de obtener contratos públicos o algunas concesiones en caso de llegar al cargo. Todo lo anterior no se ha podido evitar con financiamiento público, por lo que considero que no tiene sentido.
Lo que plantea Pedro Kumamoto es que el presupuesto de los partidos políticos sea en función del número de votantes. Con el sistema de financiamiento actual lo que se hace es tomar el número de militantes de cada partido y se multiplica por una cantidad de dinero. En cambio, Kumamoto quiere que cada partido reciba la misma cantidad de dinero en función del número de votantes. Yo agregaría a esa propuesta (y dado que me importa un comino la igualdad) que sea en función del número de votos que obtenga el partido en las elecciones, con lo que el monto sería mucho menor y sería una manera más efectiva para castigar a los partidos cuando los gobiernos emanados de ellos fallen en sus funciones. Con esto se le daría un arma a la sociedad muy efectiva para darles un golpe muy duro a los partidos políticos. En la época actual los partidos se han convertido en una elite abusiva y corrupta que únicamente están en una búsqueda del poder por el poder mismo y alejados de los problemas de los ciudadanos. Es de ahí que surge la falta de compromiso para resolver los problemas que aquejan a la población y solo se aplican paliativos.

Desde luego que hay detractores a esta idea tales como los partidos de izquierda que quieren que el Estado financie y subsidie todo. Uno de esos personajes es el catedrático de la UNAM que además es seguidor de Andrés Manuel López Obrador, John M. Ackerman. A él parece no importarle el hecho de que los partidos políticos se han convertido en una casta abusiva que devora recursos de manera irracional. Ackerman señala que el financiamiento público y el obligar a la gente a ir a votar (no puede ser un derecho y una obligación al mismo tiempo) so pena de ser sancionado es lo mejor y cita como ejemplos de esto a Argentina y Brasil, que por cierto sus penúltimos gobiernos han sido señalados por actos de corrupción. Corrupción es favorecer también clientelas electorales (algo que ocurre incluso en países desarrollados), y es lo que hicieron Luiz Inacio Lula da Silva y Dilma Rouseff en Brasil y los Kirchner en Argentina además de aceptar sobornos (según Ackerman, con estas medidas se reduce la influencia de las clientelas electorales, si, como no), por lo que el financiamiento público no es sinónimo de reducción de la corrupción, yo creo que al contrario. Además, me temo que su amado López Obrador hace lo que tanto critica, pues por lo menos sus hijos mayores se dan una vida de ostentación (y no dudo que a nuestras costillas) y ya en 2009 cerraron la página de Facebook de uno de ellos por presumir ese estilo de vida. Fiscalizar cuesta más barato que sostener con dinero público y se puede eliminar esto último, pero también hay que tomar ciertas precauciones pues de lo contrario el tiro nos puede salir por la culata.     

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