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domingo, 28 de junio de 2020

El regreso del dinosaurio

Son tiempos turbulentos los que estamos viviendo actualmente con un gobierno con una incompetencia mayúscula. El sistema de salud está colapsado, la inseguridad va al alza, la económica va en picada y la pandemia no cede. El descontento con el gobierno de López Obrador va en aumento ante la falta de resultados en todos los rubros y se nota en las veces que han increpado al presidente en sus últimas giras, siendo la más memorable las madres de las víctimas del bar “Caballo Blanco” de Minatitlán, Veracruz donde incluso le recordaron que sí saludó a la madre del “Chapo Guzmán”. Los periódicos insisten en que el emperador va desnudo lo cual es cierto pero él no se ha dado cuenta ni nadie de su equipo se atreve a decírselo por temor a perder su trabajo. Esto sin duda está permeando en el electorado mexicano que se siente traicionado por la absoluta incompetencia y corrupción del gobierno que encabeza López Obrador al no funcionar sus políticas y destruir lo que medio funcionaba en los gobierno anteriores. La decepción es universal y el presidente lo sabe.

El gobierno de López Obrador no da una y tal parece que no quiere rectificar el camino andado porque lo podría poner en contra de sus votantes, aunque cada vez hay más descontento por sus errores. Y al ver esto, el presidente se da cuenta que va a ser difícil o de plano imposible que MORENA retenga el control de la Cámara de Diputados el año que viene y se antoja muy difícil que gane más de una gubernatura de las quince que se disputan en los mismos comicios. El presidente, estoy convencido, se lanza contra el Instituto Nacional Electoral para influir en las elecciones de 2021 y asegurar buenos lugares para MORENA. Es nuestro deber defender la democracia de los intentos del presidente de querer golpearla de cualquiera que, según él, pretenda hacer fraudes electorales. Esto es un pretexto muy infantil, pues la persona que más ha vulnerado la democracia es él precisamente con sus consultas amañadas o con los golpes autoritarios para imponer sus deseos sean los correctos o no. El presidente desea perpetuar el poder de MORENA sea por las buenas (que a estas alturas del partido ya es imposible) o por las malas ante la evidente falta de resultados, él lo sabe y sus seguidores creen que las cosas están bien, pues todavía tienen la esperanza de que los resultados positivos se vean en el futuro.

Mi teoría de por qué López Obrador piensa que es mejor que el presidente tenga el control de todo estoy seguro de que tiene que ver con la época en la que empezó a militar en el PRI (y ahora pretenden borrar este detalle a toda costa). Era Luis Echeverría el presidente cuando López Obrador entra a militar en el tricolor. Echeverría es señalado como uno de los peores gobernantes de la historia de México por la enorme deuda y la inflación creciente que dejó cuando se fue. Todo con la idea de que el Estado manejara la actividad empresarial (llegando al 60%) en “beneficio del pueblo”, además de que se dedicó a regalar dinero a diestra y siniestra en programas sociales que hicieron poco o nada para disminuir la pobreza, que por cierto comenzó a aumentar a pasos agigantados durante su gobierno. Esto llevó al fracaso finalmente al llamado “Desarrollo Estabilizador”, cosa que había previsto el secretario de Hacienda, Antonio Ortiz Mena, poco antes de que Gustavo Díaz Ordaz dejara la presidencia. Y como dato curioso, el primer secretario de Hacienda de Echeverría, Hugo B. Margaín, renunció al tercer año de gobierno harto de que el presidente no hiciera caso de sus recomendaciones para evitar la quiebra de las finanzas públicas. Recordemos que el primer secretario de Hacienda de esta administración se fue al cabo de unos meses por el mismo motivo ¿Deja vu?

Y ojo señores, estoy al tanto de dónde venimos, pues entiendo que los gobiernos anteriores no lo hicieron mucho mejor. Pero este gobierno encabezado por un caprichudo empezó desbaratando lo que funcionaba más o menos bien en los gobiernos anteriores siendo el ejemplo más claro el Seguro Popular y que se a traducido en una permanente falta de insumos en el sector salud. Esto no ha pasado desapercibido gracias a que los medios de comunicación han cubierto el problema prácticamente desde el comienzo que fue en mayo del año pasado. Pero en lugar de resolver el problema, el presidente ha intentado por todos los medios taparlo, siendo el caso más sonado el de los niños con cáncer que se quedaron (incluso llegó a decir que los médicos deberían hacer cooperación para comprar medicamentos que incluso llegan a costar 100 pesos la dosis) y hasta han tenido que recurrir a amparos para obligar al indolente gobierno a surtir las medicinas. Pero eso sí, presumieron un ahorro de 7 mil millones de pesos en el sector salud al tiempo que se detectaron subejercicios en el presupuesto de dicho rubro. Además, el Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI) no ha cumplido con el servicio que daba el Seguro Popular pues el financiamiento es imposible y la gente perdió derechos que ya tenía según comentó Julio Frenk Mora, secretario de Salud durante la administración de Vicente Fox y que echó a andar el Seguro Popular. Pero López Obrador no quiere dar resultados sino imponer ideas y métodos sacados del bote de la basura de la historia por onerosos e ineficientes además de multiplicadores de la miseria.    


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