Son tiempos turbulentos
los que estamos viviendo actualmente con un gobierno con una incompetencia mayúscula.
El sistema de salud está colapsado, la inseguridad va al alza, la económica va
en picada y la pandemia no cede. El descontento con el gobierno de López
Obrador va en aumento ante la falta de resultados en todos los rubros y se nota
en las veces que han increpado al presidente en sus últimas giras, siendo la
más memorable las madres de las víctimas del bar “Caballo Blanco” de
Minatitlán, Veracruz donde incluso le recordaron que sí saludó a la madre del “Chapo
Guzmán”. Los periódicos insisten en que el emperador va desnudo lo cual es
cierto pero él no se ha dado cuenta ni nadie de su equipo se atreve a decírselo
por temor a perder su trabajo. Esto sin duda está permeando en el electorado
mexicano que se siente traicionado por la absoluta incompetencia y corrupción del
gobierno que encabeza López Obrador al no funcionar sus políticas y destruir lo
que medio funcionaba en los gobierno anteriores. La decepción es universal y el
presidente lo sabe.
El gobierno de López
Obrador no da una y tal parece que no quiere rectificar el camino andado porque
lo podría poner en contra de sus votantes, aunque cada vez hay más descontento
por sus errores. Y al ver esto, el presidente se da cuenta que va a ser difícil
o de plano imposible que MORENA retenga el control de la Cámara de Diputados el
año que viene y se antoja muy difícil que gane más de una gubernatura de las
quince que se disputan en los mismos comicios. El presidente, estoy convencido,
se lanza contra el Instituto Nacional Electoral para influir en las elecciones
de 2021 y asegurar buenos lugares para MORENA. Es nuestro deber defender la
democracia de los intentos del presidente de querer golpearla de cualquiera
que, según él, pretenda hacer fraudes electorales. Esto es un pretexto muy
infantil, pues la persona que más ha vulnerado la democracia es él precisamente
con sus consultas amañadas o con los golpes autoritarios para imponer sus
deseos sean los correctos o no. El presidente desea perpetuar el poder de
MORENA sea por las buenas (que a estas alturas del partido ya es imposible) o
por las malas ante la evidente falta de resultados, él lo sabe y sus seguidores
creen que las cosas están bien, pues todavía tienen la esperanza de que los resultados
positivos se vean en el futuro.
Mi teoría de por qué
López Obrador piensa que es mejor que el presidente tenga el control de todo
estoy seguro de que tiene que ver con la época en la que empezó a militar en el
PRI (y ahora pretenden borrar este detalle a toda costa). Era Luis Echeverría
el presidente cuando López Obrador entra a militar en el tricolor. Echeverría es
señalado como uno de los peores gobernantes de la historia de México por la
enorme deuda y la inflación creciente que dejó cuando se fue. Todo con la idea
de que el Estado manejara la actividad empresarial (llegando al 60%) en “beneficio
del pueblo”, además de que se dedicó a regalar dinero a diestra y siniestra en
programas sociales que hicieron poco o nada para disminuir la pobreza, que por
cierto comenzó a aumentar a pasos agigantados durante su gobierno. Esto llevó
al fracaso finalmente al llamado “Desarrollo Estabilizador”, cosa que había previsto
el secretario de Hacienda, Antonio Ortiz Mena, poco antes de que Gustavo Díaz
Ordaz dejara la presidencia. Y como dato curioso, el primer secretario de
Hacienda de Echeverría, Hugo B. Margaín, renunció al tercer año de gobierno
harto de que el presidente no hiciera caso de sus recomendaciones para evitar
la quiebra de las finanzas públicas. Recordemos que el primer secretario de
Hacienda de esta administración se fue al cabo de unos meses por el mismo
motivo ¿Deja vu?
Y ojo señores, estoy al
tanto de dónde venimos, pues entiendo que los gobiernos anteriores no lo
hicieron mucho mejor. Pero este gobierno encabezado por un caprichudo empezó
desbaratando lo que funcionaba más o menos bien en los gobiernos anteriores
siendo el ejemplo más claro el Seguro Popular y que se a traducido en una
permanente falta de insumos en el sector salud. Esto no ha pasado desapercibido
gracias a que los medios de comunicación han cubierto el problema prácticamente
desde el comienzo que fue en mayo del año pasado. Pero en lugar de resolver el
problema, el presidente ha intentado por todos los medios taparlo, siendo el
caso más sonado el de los niños con cáncer que se quedaron (incluso llegó a
decir que los médicos deberían hacer cooperación para comprar medicamentos que
incluso llegan a costar 100 pesos la dosis) y hasta han tenido que recurrir a
amparos para obligar al indolente gobierno a surtir las medicinas. Pero eso sí,
presumieron un ahorro de 7 mil millones de pesos en el sector salud al tiempo
que se detectaron subejercicios en el presupuesto de dicho rubro. Además, el
Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI) no ha cumplido con el servicio
que daba el Seguro Popular pues el financiamiento es imposible y la gente
perdió derechos que ya tenía según comentó Julio Frenk Mora, secretario de
Salud durante la administración de Vicente Fox y que echó a andar el Seguro
Popular. Pero López Obrador no quiere dar resultados sino imponer ideas y métodos
sacados del bote de la basura de la historia por onerosos e ineficientes además
de multiplicadores de la miseria.
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