Si hay algo que me
avergüenza como millennial es la fragilidad con que toman los miembros de mi generación
ciertos temas. Pero lo que de verdad está, no sé si para dar risa o para dar
pena ajena es que los grupos progresistas que piden cosas estúpidas en su mayoría
son de mi generación. Derribar estatuas de personajes históricos porque no son
del agrado de algunos grupos pues francamente considero que es llegar a
extremos. Para bien o para mal, nosotros somos el resultado de la historia. ¿Se
imaginan que habría pasado de Colón no hubiese llegado a América? Pues sencillamente
la historia de este continente habría tomado otro curso y mucho de lo que hay
de este lado del Atlántico pues no existiría. Qué la colonización del
continente trajo consigo esclavitud, racismo y epidemias que casi exterminan a
los nativos, pues sí, pero no vamos a borrar lo que pasó pretendiendo que los
acontecimientos negativos nunca sucedieron. Es como tratar de esconder la
basura debajo del tapete, aunque en el futuro alguien siempre la va a
encontrar.
Hace algún tiempo
descubrí el National Film Registry, un archivo cinematográfico a cargo de la Biblioteca
del Congreso de Estados Unidos y que cada año desde 1989 selecciona 25
películas consideradas “cultural, estética o históricamente” significativas. Cualquier
película influyente del cine norteamericano. El padrino, Star Wars, Ben Hur, Lo
que el viento se llevó y otras joyas están ahí. La cinta que me llamó la
atención fue “El Nacimiento de una nación”, un panfleto de propaganda del
infame Klu-Klux-Klan y promovido por el presidente demócrata Woodrow Wilson en
1915. La actriz Whoopi Woldberg dio la razón por la que es importante preservar
este tipo de películas, pues son el testimonio de otra época de la que podemos
aprender más de lo que la mayoría se imagina. “El nacimiento de una nación” es
una película totalmente políticamente incorrecta por el trato dado por el
Klu-Klux-Klan a la población negra, pero es utilizada en las escuelas de cine
porque fue la cinta que introduce la narrativa cinematográfica, es decir, usar
planos y enfoques para narrar una historia en celuloide.
Hace algunos años estaba
viendo que en Estados Unidos derribaban estatuas del general confederado Robert
E. Lee o cómo sacaron el cuerpo del dictador español Francisco Franco del Valle
de los Caídos, en ambos caso abriendo viejas heridas tanto en el vecino del
norte como en la Madre Patria. Claro, en Estados Unidos era la época en la que
iba a ganar las elecciones presidenciales Donald Trump mientras que en España
solo era una cortina de humo para tapar la ineptitud mayúscula del gobierno
izquierdista de Pedro Sánchez. Pero lo peor es que ambos casos han servido para
polarizar a la sociedad en temas que deberían haber sido superados como la
esclavitud en Estados Unidos y que actualmente es utilizado para golpear a los demócratas
a pesar de que ellos promovieron la abolición de la propiedad de esclavos. En Reino
Unido no entiendo por qué vandalizan la estatua de Winston Churchill acusándolo
de racista cuando el combatió al mayor racista de la historia: Adolf Hitler. Tengo
motivos para avergonzarme de mi generación por todo esto debido a que no son
capaces de tomar un maldito libro de historia e informarse sino que se van como
borreguitos con lo que dice el otro.
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