En el punto máximo de
contagios (quizá, no lo sé) al presidente se le ocurre la magnífica idea de
irse de gira. Esto tiene como trasfondo que se está cayendo la popularidad del
primer mandatario entre la ineptitud ante los problemas económicos que causaron
que no se haya crecido prácticamente desde el inicio del sexenio, los recortes
que tienen afectado sectores importantes como salud y educación con el fin de
alimentos los proyectos faraónicos inviables, para rescatar empresas estatales
quebrados o tirarlos en programas sociales clientelares e ineficientes. La debacle
económica que se venía padeciendo dese antes de la pandemia se hizo más
evidente con esta y el presidente parece que quiere usarla como pretexto su pésima
administración. Y ahora con el pretexto de seguir tirando dinero de nuestros impuestos
a la basura en su fallida cuarta transformación mientras en los hospitales no
hay lo elemental para atender a los pacientes, se recorta el dinero para
educación y al presidente no le importa y se va de gira.
El presidente ha sido
demasiado irresponsable desde el comienzo de su gobierno en todos aspectos. En realidad,
no me sorprende dado que es evidente que nunca ha tenido responsabilidad alguna
en su vida como llevar pan a su mesa. López Obrador únicamente ha vivido de
puestos partidistas o gubernamentales por lo que nunca se ha tenido que
esforzar por nada. No me cabe la m3enor duda de que esto se traduce en su manía
por repartir dinero a diestra y siniestra, pues piensa que todos los mexicanos
podemos vivir del Estado y eso no solo es un sueño guajiro sino que es imposible.
Las políticas de López Obrador están dejando cada vez a más descontenta con el
estado de las cosas pero el presidente sigue viviendo en su mundo de caramelo
donde los mexicanos estamos felices y aplaudimos sus decisiones con singular
alegría, cosa que no es así. Y los que más la van a pasarla mal son los que
menos tienen, pues los más pobres son los primeros en pasar a cuchillo durante
una crisis económica.
Tienen razón los
manifestantes del sábado al salir a demostrar su descontento hacia la administración
de López Obrador. Y deseo de todo corazón que sean valientes y continúen manifestando
su descontento hacia las políticas de este gobierno. Y vuelvo a repetir: las
clases altas son las que inician las revoluciones pues son los que han tenido
el acceso a la cultura y a la educación, más que lo que los socialistas llaman “el
proletariado”, incluso Lenin hablaba de una “vanguardia revolucionaria” que se debía
conformar por los ciudadanos más ilustrados. Pero tal parece que incluso
aquellos que tienen la cultura supuestamente se les ha olvidado este pequeño e
insignificante detalle. Pero no me sorprende que no recuerden que Madero y
Carranza fueron hacendados o que Zapata no era un pobre campesino que todo el
mundo dice que fue. Quizá el único que era de extracción social baja era Villa,
pero hay que recordar que estuvo primero a las órdenes de Pascual Orozco que
era un pequeño propietario de Chihuahua. Pero nos han hecho creer que los
revolucionarios eran gente pobre.
Pero todo lo anterior no
parece no importar, pues al presidente solo le interesa quedar bien con las
personas que votaron por él. Sin embargo, a esas personas les digo que vamos en
el mismo barco que está hundiéndose y del que nadie va a escapar. Independientemente
de la condición social de todos y cada uno de nosotros, todos vamos a terminar
muy mal, siendo los pobres los que van a terminar en la miseria. También hay
que tener cuidado con los gobernantes que quieran decirnos que debemos comer,
cómo debemos pensar y cómo debemos vivir, esto es algo propio de dictadores
bananeros, pues todos tenemos derecho a vivir como queramos de acuerdo a
nuestras posibilidades. En fin, pero como toda la raza le aplaude al presidente
a pesar de que no tiene derecho a decirnos cómo debemos vivir. Él no es un
padre para estarnos cuidado a cada uno de nosotros. Si lo aceptamos, estaremos
aceptando una dictadura, le pese a quien le pese, pero es hora de llamar las
cosas por su nombre.
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