Algo que sucede siempre
que alguien sale a protestar por algo salen los defensores del régimen a hacer
crítica de los manifestantes. Ahora con la llegada de una organización llamada “FRENAA”
(Frente Nacional Anti-AMLO), colectivo que busca la renuncia del presidente
López Obrador ante su incompetencia al frente del poder. Esto debido al año y
medio de nulo crecimiento, falta de insumos en los hospitales, un aumento
espectacular de la corrupción y una inseguridad que parece que nadie puede
detener. Ahora con la pandemia, que por cierto el gobierno intenta echarle la
culpa a otros por su incompetencia, pues ciertos sectores de la ciudadanía se
hartó de tener que soportar los desplantes de un gobernante caprichudo que no
escucha razones de nadie, solo le interesa sacar adelante su proyecto político sin
importar si es viable o no. Pero vamos por partes, pues hay mucho que
desmenuzar.
En primer lugar está el
hecho de que son los manifestantes de clase media y clase alta y esto es tomado
como un insulto. En realidad que salgan a protestar las clases altas del país es
algo que debería preocupar al gobierno pues son las clases más pudientes las
que siempre inician las revoluciones. Y no vayan tan lejos: Madero y Carranza
eran hacendados. Zapata, aunque no era tan rico como Madero o Carranza, tenía
una cuadrilla de buenos caballos, le gustaba el coñac y la comida francesa e
incluso tenía trajes de charro con botonadura de plata. El único que era de un
estrato social desfavorecido era Villa, pero al principio estuvo a las órdenes
de Abraham González y Pascual Orozco, también poseedores de grandes fortunas. La
independencia también la hicieron sectores privilegiados: sacerdotes, militares
y políticos fueron sus principales autores. Y así podríamos irnos con todos los
movimientos sociales de la historia como la independencia de Estados Unidos, la
Revolución Francesa o la Rusa, la que ustedes quieran: en todas los líderes son
de clase alta aunque actualmente esto siempre se olvida. Quizá es por qué en la
escuela nos enseñaron a odiar la riqueza y que la pobreza nos hace buenas
personas, lo que constituye una estupidez. Hasta en las rancias ideas de Marx
dicen que se necesita una elite que enseñe a las clases desfavorecidas a tomar
conciencia de sus derechos.
En cuanto a lo que dicen
los opositores a López Obrador, tal parece que estén celosos porque alguien tuvo
los pantalones para salir a protestar. Que si pedir la renuncia del presidente
no es el mensaje correcto, que es mejor solicitar que no se vote a los
militantes de MORENA en las elecciones de 2021, que solo era gente mayor y un
sinfín de críticas más sin sentido. Les recuerdo que en la constitución incluso
se nos da el derecho a declarar la monarquía si así lo deseamos. Lo que sí es
cierto es que no existe un marco jurídico para sacar al partido del presidente
y eso se resuelve ampliando el periodo de renuncia para que sea necesario
llamar a elecciones de dos a cuatro años. Por otra parte, el presidente se la
pasó doce años exigiendo la renuncia de sus dos antecesores inmediatos y ahora
pues le toca aguantar vara por su incompetencia. Las personas mayores, por
cierto, vieron a los dos peores gobernantes de los últimos cincuenta años que
fueron Echeverría y López Portillo. Ambos se caracterizaron por lo mismo que
López Obrador: despilfarro mayúsculo en dadivas, desprecio por la iniciativa
privada y por ser mentirosos. Y los que protestaron entonces fueron los empresarios
de Monterrey encabezados por Eugenio Garza Sada.
Y desde luego, podemos
aprender algo de estos movimientos nosotros los jóvenes que despreciamos a los
mayores. Que nunca se es demasiado viejo para protestar en contra de un
gobierno incompetente y que el mensaje nunca es incorrecto. Pero sobre todo
esas personas que están saliendo porque a pesar de la crítica a su mensaje, que
en la primera marcha no hubo tantos asistentes, de la marca y el modelo de los
vehículos y otras cosas porque se están atreviendo a decirle al presidente que
se vaya al demostrar que no están conformes con su gobierno. Y vaya que el
presidente debería reconsiderar su actitud, pues en buena medida llegó al poder
gracias a los fifís que tanto crítica y que se ha encargado de apalear en este
año y medio de desgobierno. Esto de ninguna manera implica que todos queremos
seguir en el sistema implantado por Calderón y Peña Nieto. Y por lo tanto ahora
lo digo y lo sostengo: Sr. Presidente, lárguese a su rancho y no regrese. Aunque
cuando renuncie luego de más de dos años mejor llame a elecciones para renovar
la presidencia, el congreso, gubernaturas, congresos locales y ayuntamientos. Usted
y los militantes de MORENA representan las prácticas más rancias de la política
mexicana y una incompetencia mayúscula, más que Calderón y Peña Nieto. Y cuando
salga, cierre la puerta del Palacio Nacional por fuera.
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