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miércoles, 3 de junio de 2020

Racismo, progresismo y pobreza


Estas tres palabras están más relacionadas de lo uno pudiera imaginar, pero todo en el mal sentido. Y con lo que está pasando en Estados Unidos con los disturbios de los últimos días, pues bueno, no espero lo mejor. El racismo es el trauma más grande de los norteamericanos pues fue el penúltimo país de América en abolir la esclavitud en el año 1861. Y aunque esto costó a nuestro vecino del norte una guerra civil de cuatro años, esto no mejoró la vida de los esclavos, pues los descendientes en su mayoría siguen teniendo dificultades tanto económicas como de discriminación racial. En parte esto sucedió porque luego de terminada la Guerra Civil los estados sureños que se secesionaron e iniciaron el conflicto pusieron leyes segregacionistas que no fueron abolidas hasta hace poco más de medio siglo. La integración de los descendientes de los esclavos es una herida que ni siquiera cerró la presidencia de Obama, el primer afroamericano en ser presidente de Estados Unidos y eso se está demostrando en este momento.
En entradas anteriores he dicho que los norteamericanos en buena medida se han olvidado de su historia, pues no son los militantes del Partido Republicano los que han sido más racistas, me temo que ese tributo se lo lleva el Partido Demócrata, y tengo motivos (y no soy el único que piensa así) que eso no ha cambiado y que han encontrado en el progresismo una forma de ocultar su racismo de antaño. A las comunidades más desfavorecidas los demócratas los han llenado de dadivas sin enseñar a trabajar para tener una masa de electores cautivos. Donald Trump no me parece que sea al racista que todo mundo dice que es, pues aunque ha usado a nuestro país como su piñata favorita cuando necesita votos, mucho de lo que dice tiene cierta verdad y debería servirnos de autocrítica. Además, Trump, a diferencia de Obama, no metió armas de contrabando a este país, no tiene el record de deportaciones de su antecesor ni le puso trabas a los cubanos que huyen del infierno que viven en su país.
Además, si ustedes están pensando que fue Donald Trump al que se le ocurrió la idea de construir un muro en la frontera que hay en común entre los dos países, pues no, esa fue idea de Bill Clinton. También fue idea de Clinton quitar la visa de por vida para poner una que se debe renovar cada diez años. Y durante el gobierno de Obama se agregó la doble cita para tramitar el documento con el objeto de rechazar más fácilmente a los solicitantes. Además, Clinton también fue el primero en solicitar la revisión del Tratado de Libre Comercio, pues se había firmado unos meses antes de que fuera electo presidente. Además, como lo he señalado, Obama metió de contrabando armas a México, con lo que equipó como nade a los criminales que asolan a nuestro país y con las que mataron a miembros del cuerpo diplomático de Estados Unidos en el año 2010, caso en el que no dudo que estuviera involucrada la ex-candidata a la presidencia, Hillary Clinton, que entonces fungía como Secretaría de Estado.
Coincido con algunos comentarios que señalan que los grupos progresistas, con solo Dios sabe que oscuros intereses ocultos, están detrás de los disturbios en Estados Unidos. Esto los ha llevado a tomar un cambio hacia la tercermundización de su propio país a cambio de poder. Estados Unidos es el último reducto ante China para la defensa de nuestra forma de vida. En la actualidad no hay empresarios más corruptos y despiadados que los chinos y los que son antiyankees deberían saberlo. Si consideran que Estados Unidos pasan por encima de otras naciones para satisfacer sus intereses, pues los chinos son mucho, mucho peores que los norteamericanos. Los imperios no son perfectos y no hay un país en todo el mundo occidental que pueda tomar el liderazgo que dejaría Estados Unidos con su caída. Yo sé que para muchos es muy difícil perdonar a los norteamericanos por llevarse la mitad de nuestro territorio, pero su caída como imperio no traería nada bueno.
  

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