Estas tres palabras están
más relacionadas de lo uno pudiera imaginar, pero todo en el mal sentido. Y con
lo que está pasando en Estados Unidos con los disturbios de los últimos días,
pues bueno, no espero lo mejor. El racismo es el trauma más grande de los
norteamericanos pues fue el penúltimo país de América en abolir la esclavitud
en el año 1861. Y aunque esto costó a nuestro vecino del norte una guerra civil
de cuatro años, esto no mejoró la vida de los esclavos, pues los descendientes
en su mayoría siguen teniendo dificultades tanto económicas como de discriminación
racial. En parte esto sucedió porque luego de terminada la Guerra Civil los
estados sureños que se secesionaron e iniciaron el conflicto pusieron leyes
segregacionistas que no fueron abolidas hasta hace poco más de medio siglo. La integración
de los descendientes de los esclavos es una herida que ni siquiera cerró la presidencia
de Obama, el primer afroamericano en ser presidente de Estados Unidos y eso se
está demostrando en este momento.
En entradas anteriores he
dicho que los norteamericanos en buena medida se han olvidado de su historia,
pues no son los militantes del Partido Republicano los que han sido más
racistas, me temo que ese tributo se lo lleva el Partido Demócrata, y tengo
motivos (y no soy el único que piensa así) que eso no ha cambiado y que han
encontrado en el progresismo una forma de ocultar su racismo de antaño. A las
comunidades más desfavorecidas los demócratas los han llenado de dadivas sin
enseñar a trabajar para tener una masa de electores cautivos. Donald Trump no
me parece que sea al racista que todo mundo dice que es, pues aunque ha usado a
nuestro país como su piñata favorita cuando necesita votos, mucho de lo que
dice tiene cierta verdad y debería servirnos de autocrítica. Además, Trump, a
diferencia de Obama, no metió armas de contrabando a este país, no tiene el
record de deportaciones de su antecesor ni le puso trabas a los cubanos que
huyen del infierno que viven en su país.
Además, si ustedes están
pensando que fue Donald Trump al que se le ocurrió la idea de construir un muro
en la frontera que hay en común entre los dos países, pues no, esa fue idea de
Bill Clinton. También fue idea de Clinton quitar la visa de por vida para poner
una que se debe renovar cada diez años. Y durante el gobierno de Obama se
agregó la doble cita para tramitar el documento con el objeto de rechazar más fácilmente
a los solicitantes. Además, Clinton también fue el primero en solicitar la
revisión del Tratado de Libre Comercio, pues se había firmado unos meses antes
de que fuera electo presidente. Además, como lo he señalado, Obama metió de
contrabando armas a México, con lo que equipó como nade a los criminales que
asolan a nuestro país y con las que mataron a miembros del cuerpo diplomático de
Estados Unidos en el año 2010, caso en el que no dudo que estuviera involucrada
la ex-candidata a la presidencia, Hillary Clinton, que entonces fungía como
Secretaría de Estado.
Coincido con algunos
comentarios que señalan que los grupos progresistas, con solo Dios sabe que
oscuros intereses ocultos, están detrás de los disturbios en Estados Unidos. Esto
los ha llevado a tomar un cambio hacia la tercermundización de su propio país a
cambio de poder. Estados Unidos es el último reducto ante China para la defensa
de nuestra forma de vida. En la actualidad no hay empresarios más corruptos y
despiadados que los chinos y los que son antiyankees deberían saberlo. Si consideran
que Estados Unidos pasan por encima de otras naciones para satisfacer sus
intereses, pues los chinos son mucho, mucho peores que los norteamericanos. Los
imperios no son perfectos y no hay un país en todo el mundo occidental que
pueda tomar el liderazgo que dejaría Estados Unidos con su caída. Yo sé que
para muchos es muy difícil perdonar a los norteamericanos por llevarse la mitad
de nuestro territorio, pero su caída como imperio no traería nada bueno.
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