México
El 30 de mayo en diversas
ciudades del país los ciudadanos mexicanos salieron a manifestarse a bordos de
sus automóviles, entre los que había desde autos que están en la lista de los
diez más vendidos del país hasta vehículos de gran lujo como Audi, BMW o
Mercedes-Benz. Todos con una sola consigna: que renuncie el presidente López
Obrador para que no siga haciendo daño al país. Muchos consideran que el
mensaje era erróneo, que no se debe
pedir la renuncia del presidente y otros tildaron de “fifi” y “conservadora” la
marcha del sábado. Pero a esos muchos se les olvidan dos cosas: la primera es
que las revoluciones siempre son iniciadas y promovidas por las clases altas, que
siempre termina por instruir a las más desfavorecidas de tomar la espada y la
segunda es que la recuperación económica no va a ser posible en tanto Lóp4ez
Obrador esté en el poder, pues no deja prosperar, es un estorbo aunque no se
quiera reconocer. Además, ¿López Obrador no exigía la renuncia de Calderón y
Peña Nieto todos los días?
Muchos analistas (incluso
opositores) se escudan en el hecho de que fue un presidente electo democráticamente,
pero eso no impide que exijamos resultados y que si el gobernante no está
dispuesto a darlos, pues adiós y a lo que sigue. A todos ya se les olvidó que
en la constitución se nos concede el sagrado derecho de elegir al gobierno,
pero también el de quitarlo cuando este no de los resultados deseados. Lo que
sí hay que tener en cuenta es que no existe el andamiaje jurídico para permitir
una salida ordenada del presidente y menos para elegir uno nuevo por la vía democrática
y es esencial que no haya lugar a que alguien de MORENA termine el sexenio de
López Obrador. Pero más vale que el presidente aguante vara, porque el también
se la pasó doce años exigiendo la renuncia de Peña Nieto y Calderón para
ponerse él en el poder y ahora que lo tiene solo está demostrando una
incompetencia mayúscula.
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Estados Unidos
Lo que sucede en Estados
Unidos también es motivo de preocupación ante los disturbios cometidos desde el
fin de semana. La razón: la brutalidad policiaca de un uniformado de
Minneapolis, Minnesota que le provocó la muerte a un negro por asfixia debido a
un uso excesivo de la fuerza. Y aunque estos hechos son condenabl4es, tampoco
es justificación para salir a destrozarlo todo. Investigando me encontré que en
los disturbios ocurridos en Los Ángeles en 1992 por un caso similar de
brutalidad policiaca tuvo un saldo oficial de 54 personas fallecidas y algo más
de 2000 heridos además de cuantiosos daños materiales. Este es el riesgo de azuzar
a las masas para que se comporten como salvajes. Aunque también he de aclarar
que en el pasado ha habido este tipo de disturbios en nuestro vecino del norte:
en 1967 en Newark, Nueva Jersey por un caso de brutalidad policiaca; en
Seattle, Washington en 1999 cuando los globalifóbicos causaron destrozos por
todo el centro de la ciudad y en 2015 en Baltimore, Maryland por otro caso de
brutalidad policiaca en contra de un ciudadano de color.
Esto me pone a pensar que
también los norteamericanos se han olvidado de su historia, pues la abolición de
la esclavitud y la carta de los derechos civiles fueron logros de los
republicanos, mientras que los demócratas siempre han tratado a los
afroamericanos con cierto racismo ya que en la actualidad los tratan como si
fueran menores de edad incapaces de hacerse cargo de sus vidas, lo que
constituye un racismo escondido debajo de buenas intenciones o de aparente redención.
El racismo en Estados Unidos es un mal presente desde la independencia del país
en 1776, pues basta con recordar que fue el penúltimo país del continente en
abolir la esclavitud. Pero la cosa no acabó ahí, pues con la fundación del
Klu-Klux-Klan (por un militante del partido del burro y ex comandante del
ejército confederado) que tenía por objeto cazar negros, católicos o todo
aquello que no se adaptara a los canones adoptados por los poseedores de
esclavos en Estados Unidos. Y para acabarla de amolar, no hay que olvidar que
las leyes de segregación racial fueron promovidas por los demócratas luego del término
de la Guerra Civil. En fin, parece que la presidencia de un afroamericano no
solo no terminó de cerrar la herida, sino que también le echó sal.
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