Tal
parece que el destino se ensaña con nuestro país pues se están juntando varios
eventos que sin duda van a complicar nuestra situación. Y también pueden poner
evidencia a los malos gobiernos. El dicho con el que se titula esta entrada se aplica
cuando las cosas están mal y pasa algo que las pone peor. En nuestro caso ya teníamos
una debacle económica a la que hay que agregar la pandemia y ahora un temblor
en las regiones más pobres del país. Pero lo que se viene para el gobierno de
López Obrador parece que va a ser mucho peor pero el emperador va desnudo por
la calle sin que nadie se atreva a decírselo. Esto nos está llevando a un
precipicio del que va a costar años y mucho esfuerzo salir. Las protestas
ocurridas recientemente como la marcha de los automovilistas y las veces que
han increpado al presidente en sus últimas giras. Pero los que al final vamos a
pagar los platos rotos somos nosotros, pues la debacle económica se va a
traducir en menores niveles de bienestar para la población en general.
Por
el amor de Dios, el presidente ya se está dando cuenta de que muy probablemente
no va a retener la mayoría en la Cámara de Diputados. Es lógico luego de un
periodo largo con pésimos resultados, cosa que al parecer López Obrador
entiende pero que en realidad es algo que no le importa. Al presidente solo le
importa imponer su proyecto de nación sin voltear a ver los daños colaterales
que puedan llegar a haber. No le importa el daño económico que ya causó antes
del inicio de la pandemia, ni la quiebra de empresas producto del cierre
forzado y mucho menos el colapso del sistema de salud. Todo lo que ha hecho el
gobierno tiene el sello de la improvisación, nada tiene pies ni cabeza solo
algo menos que un dibujo hecho en una servilleta. Esto se ve reflejado en las
tres obras emblema de esta administración, en el sector salud, en la estrategia
de seguridad, en la política económica y prácticamente en todas las áreas del
gobierno. Esto ya se venía advirtiendo dese antes del inicio de la administración
cuando presentaron el llamado “Proyecto Alternativo de Nación”, documento que
parece que lo escribieron unos estudiantes de secundaria o de preparatoria la
noche antes de entregar y ni siquiera se tomaron la molestia de pasarlo por el corrector
ortográfico. Y el Plan Nacional de Desarrollo no es más que ese mismo texto
lleno de objetivos muy bonitos pero no los pasos para alcanzarlos ni en tiempos
realistas para llegar a ellos.
Pero
lo que está pasando dentro del gobierno en materia de corrupción hace ver a
Peña Nieto y sus colaboradores como aficionados. Todos los días sale un caso de
corrupción nuevo: ya sea propiedades no declaradas, desvío de recursos,
conflictos de interés, asignación directa de contratos públicos y más linduras
de esas características. El caso más destacado actualmente sin duda es el de
Yeidckol Polevnsky por malos manejos durante su dirigencia en MORENA. Tengo una
teoría de que pasó en este caso: Polevnsky quiso servirse con la cuchara grande
de los recursos del partido, pero los hijos de López Obrador (que son los que
en realidad mueven los hilos tras bambalinas) también tienen las uñas muy
largas y López Obrador sabemos a quién iba a dar preferencia. No sean ingenuos
pues en 2018 los hijos del presidente no tenían un centavo y ahora resulta que
tienen una cervecería y una chocolatería al año siguiente. Los hijos de López
Obrador viven como millonarios son conocerse alguna actividad económica en
alguna empresa u organización. Los otros, como el caso Bartlett o el de Irma
Erendida Sandoval son pecata minuta, aunque hay que decir que el presidente
está más preocupado por evitar que se sepan los casos de corrupción que
combatirla en realidad quizá porque el presidenta está sacando tajada de la
misma.
Ahora
que ya lo estoy viendo bien, MORENA en realidad encarna todos los vicios del
difunto régimen del partido tricolor. Autoritarismo y corrupción son los sellos
del partido MORENA, aunque no debería sorprendernos pues la mayoría de los
militantes de ese instituto político, empezando con el mismo presidente de la
república. Nada de lo que pasa en realidad me sorprende, pues López Obrador se
aprovechó de la religiosidad de los mexicanos para imponer su gobierno y agenda
y no fui el único que advirtió que esto pasaría. Yo nunca he negado que los
gobiernos pasados fueran corruptos pues eso no justifica lo que pasa ahora. Y hasta
intentaron hacer que el PRI retirara su característico logo tricolor de manera
tan hipócrita y que lo usaron para asentarse en el poder de la gente ignorante
del mismo modo en el que ahora MORENA usa a la Virgen de Guadalupe como
referencia de sus siglas. Y además, ya provocaron el desastre de la mayoría de
los gobiernos más demagogos que lo único que hacen es multiplicar a los pobres.
López obrador causo esta debacle económica tal como lo había previsto (y no fui
el único) aplicando las políticas sacadas del bote de la basura de la historia
de Luis Echeverría y José López Portillo y que causaron la crisis económica de
1982. La pandemia lo único que hizo fue acelerar la debacle que era inevitable
de continuar con esa tendencia. En realidad, no está lloviendo sobre mojado en
todos sentidos por un gobierno inepto y corrupto como no habíamos tenido en
cinco décadas y que ahora que se dan cuenta de que no dan resultados intentan
apoderarse del poder que van a perder por la fuerza. Muy mal.
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