Y por no sé por qué vez
consecutiva, México reprueba el examen del Programa Internacional para la
Evaluación de Estudiantes (PISA por sus siglas en inglés). Y como siempre,
autoridades, profesores y padres de familia se echan la bolita unos a otros,
pero en vez de buscar solución se buscan culpables y me temo que eso no ayuda en nada a remediar
el problema, y como lo he contado varias veces en este espacio, el problema es
muy complejo y alcanza a todos los niveles educativos, desde preescolar hasta
superior, aunque nadie lo quiera reconocer. Ahora bien, es necesario hacer
cambios sustanciales en la totalidad del sistema educativo nacional si es que
queremos salir de subdesarrollo en el que estamos, que no se traduce únicamente
en el desempeño económico del país, también en el desarrollo tecnológico y el
deterioro en el tejido social descompuesto desde hace décadas y nos tiene
contra las cuerdas.
Como lo he dicho en
entradas anteriores, el poder de los sindicatos ha sido una de las causas del
atraso y el saque del que es víctima nuestro país desde hace d3ecadas, y el
sistema educativo no es la excepción. Además, la educación en México tiene función
de adoctrinamiento, no para formar mejores mexicanos sino para justificar el régimen
actual, de ahí que la mayoría de mis connacionales piensen que el gobierno es
el máximo proveedor y también ha servido para victimizarnos con respecto a
otras naciones, en especial con Estados Unidos y España, al sentirnos menos que
ellos. Eso ha desencadenado en que somos una sociedad maleducada, y un
desempeño económico de malo a pésimo. El problema principal es que a nadie en
la clase política parece importarle, al contrario, hasta atizan más el fuego. Estamos
en un círculo vicioso del que aparentemente no se puede salir, sin embargo, yo
estoy muy seguro de que sí es posible aunque no será fácil.
Y nuevamente los medios
considerados de izquierda muestran una soberbia infinita, oponiéndose sin
sentido a la determinación de poner a los profesores en cintura. A los
directores del diario “La Jornada” se les olvida que el sindicalismo no ha
traído más que atraso y saque, y el de los maestros no ha sido la excepción. No
puede ser que entre las “conquistas laborales de los maestros” estén aberraciones
como la compra, herencia y venta de plazas. Se le olvida a “La Jornada y “Proceso”
que esas conquistas las obtuvieron con gobiernos priístas y ahora los
opositores están haciendo alianzas de ese tipo con sabrá Dios que tipo de
oscuros intereses. Se les olvida que al partido que inventó esas alianzas
espurias tardó 70 años en dejar el poder y que en ese tiempo que lo mantuvo
hubo muchas violaciones a los derechos humanos y México no era un país desarrollado.
Estos medios de comunicación no buscan informar a las personas de manera veraz,
sino ponerlas en contra del gobierno federal, protegiendo intereses
inconfesables y de ese modo que se obtenga la presidencia para un grupo
opositor, aunque no se interese por resolver los problemas que nos aquejan. Desde
luego parece que estoy predicando en el desierto puesto que los medios impresos
que estoy mencionando son conocidos por “decir la verdad y abrir los ojos a los
mexicanos”.
Ahora bien, la sociedad
mexicana deja mucho que desear en aspectos educativos, pues casi siempre a
nadie le interesa su educación. Al contrario, para los mexicanos es más
importante invertir en tonterías como en ver conciertos de Vicente Fernández o
comparar una pantalla para ver el mediocre futbol mexicano. Desde luego no
tengo nada en contra de los deportes, pero estos no deben convertirse en lo único
prioritario. Además, me queda claro que a muchos padres de familia no les
interesa la educación de sus hijos o algunos le echan la culpa del mal
desempeño de sus hijos en el aula. Y ni hablar de los jóvenes de mi generación,
los millenials, que supuestamente cambiaran al mundo. Siento decirlo, pero los
integrantes de la generación millenial no han leído acerca del pasado del país y
por eso se han dejado influenciar por cualquiera que les hable bonito. Tal parece
que ahora reina la ley del menor esfuerzo, ya que además se han perdido
herramientas fundamentales como la investigación y saber discernir lo que es útil
de lo que no lo es, todo se reduce a “copy-paste”, aunque también la culpa es
de los maestros y padres de familia que no han inculcado a las nuevas
generaciones el hábito de la lectura. Tal parece que esto va a dificultar el
conseguir trabajos, puesto que la mayoría de los empleadores ahora se quejan de
que las nuevas generaciones no saben redactar correctamente por la falta de
hábito de la lectura. Toda esta acumulación de problemas nos ha hecho reprobar
la prueba PISA, aunque considero que los resultados de la reforma educativa se verán
dentro de varias décadas. La moneda está en el aire, pero de nosotros depende
cambiar la horrenda realidad para avanzar como país.
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