Tal parece que el año
2017 pinta bastante sombrío para los mexicanos debido, debido principalmente a
los problemas acumulados por corrupción y dejadez. Enrique Peña Nieto no ha
dejado de mostrar su incapacidad para gobernar en no pocas ocasiones y es
aplastado por la prensa (no estoy hablando de La Jornada y Proceso) por su
extrema ineptitud. El presidente se durmió en sus laureles pensando que las
reformas estructurales era todo lo que se necesitaba para salir del hoyo y
obtener así la aprobación de sectores que lo desdeñaban, en especial los jóvenes
y los partidos opositores. Además, pensó que podía gobernar todo el país ejerciendo
un cacicazgo idéntico al del Estado de México, pero no sabía que el resto de la
nación no piensa como los habitantes de su patria chica. Claro que este
platillo estará aderezado con problemas del exterior, claro está.
Para empezar, es muy poco
probable que el PRI gane las elecciones del próximo año en Nayarit, Coahuila y
el Estado de México, este último es el principal bastión del tricolor. Predigo esto
debido al tremendo descalabro priísta de este año en el que perdieron estados
clave como Puebla y Veracruz, además de otros cinco estados de los 12 que se
disputaron este año en los comicios de junio. La gente le está cobrando al
gobierno dos cosas: las estratosféricas deudas estatales y la incapacidad de
hacer frente a los problemas nacionales que no son pocos ni pequeños. Lo que se
debe hacer en el caso de los gobernadores corruptos resulta obvio: hacer que
respondan por sus acciones. Sin embargo, el gobierno federal aparentemente hizo
un pacto con ellos, de ahí que Javier Duarte, ex gobernador de Veracruz este prófugo,
y otros, como Cesar Duarte y Roberto Borge a los que la justicia no les ha
querido echar el guante. Lo que el presidente no ha comprendido es que esto
puede colmarle la paciencia al electorado y costarle la presidencia al PRI.
En el terreno
internacional el panorama también pinta oscuro debido a la victoria de Donald
Trump en las elecciones de Estados Unidos. Trump genera miedo entre la
comentocracia nacional debido a una verdad muy incómoda: México no ha creado
una económica funcional. La falta de un sistema productivo funcional es la
principal causa de que muchos compatriotas tengan que abandonar el país en
busca de mejores oportunidades y en ese proceso quebrantan las leyes de otro país.
El hecho de que las remesas de mexicanos en Estados Unidos sea la segunda
fuente más importante de divisas es algo que representa nuestro fracaso en
muchos sentidos, especialmente el económico y han servido para tapar (mas no
remediar) la baja generación de empleos tanto en calidad como en cantidad. Desde
luego que esto causa malestar, pues entre los planes de Trump está el confiscar
las remesas como un mecanismo para obligarnos a pagar el muro de la frontera y
la amenaza de deportar a millones de indocumentados (aunque Obama no se queda atrás
en ese punto) y limitar las visas de trabajo para extranjeros y por eso lo
tildan de racista. Pero la verdad es que nadie quiere aceptar la cruda realidad
y mucho menos tener la difícil tarea de afrontarla.
Volviendo a problemas del
interior tenemos al movimiento magisterial que no va a dejar de fastidiar hasta
que alguien decida ponerles el alto, porque ceder no solucionaría el problema
al ser un movimiento insaciable en hacer presión para obtener concesiones y
prebendas aun en contra de la mayoría. Con ellos en lugar de estar abriendo las
mesas de diálogo se deberían estar abriendo las puertas de las cárceles. Y es
que esto es una muestra de que en México no se ha hecho valer el estado de
derecho desde hace algún tiempo. Los estudiantes de Ayotzinapa eran de este
tipo de rijoso, quemando autobuses y destruyendo propiedad pública y privada,
recordemos que en una de sus movilizaciones “pacificas” murió el empleado de
una gasolinera del que casi nadie habla de los medios chairos. Con todo lo
anterior se demuestra que las autoridades tienen miedo de hacer prevalecer el
imperio de la ley ante la amenaza de organismos defensores de los derechos
humanos de los delincuentes, pero no los hay para defender los derechos del
ciudadano de a pie. Y esto también se aplica a la guerra contra el crimen
organizado, pues es evidente que la estrategia de Calderón no ha arrojado los
resultados deseados y ahora viendo bien he llegado a la conclusión de que la legalización
de las drogas no solucionaría el problema de fondo. Pero sobre todo, estamos
ante un gobierno incapaz de administrar bien al país. Sin embargo, debemos
aprender de las malas experiencias para crecer como nación y no podemos
quedarnos sentados viendo la tempestad pues depende de nosotros cambiar la
realidad. Ya no estamos como para nada más estar quejándonos.
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