El día primero de este
mes se dio a conocer la noticia de que Agustín Carstens renuncia a su puesto
como gobernador del Banco de México. La verdad, no he oído alguien de la
comentocracia hacer especulaciones de porque este respetado financiero abandona
el banco central de nuestro país. Sin embargo, yo sí tengo una posible explicación
de por qué el señor Carstens deja su puesto: se hartó de tener que tratar con
la banda de inútiles que forman el gobierno actual, en especial Luis Videgaray.
Ya en pasadas entradas he escrito acerca de las tonterías realizadas por la
actual administración en políticas fiscal y económica. Carstens es un consumado
as de las finanzas, trabajando para el FMI en la primera década de este siglo y
siendo Secretario de Hacienda en la administración de Felipe Calderón. En este
último cargo mencionado creo que cometió el error de aumentar impuestos en
medio de una crisis económica.
Dejando de lado los
defectos del todavía gobernador del Banco de México, los errores de la administración
de Peña Nieto son principalmente en materia económica y fiscal, empezando con
las elevadísimas deudas estatales, que de no atenderse con pies de plomo podría
derivar en una crisis económica. En segundo lugar tenemos el desorbitado gasto
público y un gobierno que no es capaz de moderarse, al contrario, hay más
recursos para “programas sociales” que no han sido útiles para reducir los índices
de pobreza pero sí para llenar urnas en elecciones. En tercer lugar, tenemos la
caída del precio del crudo fue una hecatombe para nuestras finanzas al depender
el presupuesto de egresos hasta en un 30% de la renta del otro negro. Y en
cuarto lugar, con la reforma fiscal impulsada en 2013, que ha desincentivado la
inversión de manera importante y aumentando de forma considerable el número de
personas en la economía informal. Conto extra para cocinar el desastre por
venir en los próximos años tenemos la victoria de Donald Trump en Estados
Unidos, pero nosotros hemos puesto la mayoría de los ingredientes para este
platillo.
Desde luego, y lo he
mencionado en este espacio varias veces: a Peña Nieto le tocó la explosión de
problemas que tienen décadas de existir y a nadie le ha interesado
solucionarlos, evidentemente. Peña Nieto no es la excepción, y claro, ha pecado
de ingenuo en numerosas ocasiones. Él pensó que el encarcelar a Elba Esther
Gordillo iba a evitar el conflicto magisterial o que las reformas estructurales
iban a ser todo lo que se necesitaba para sacar al país del agujero en el que
está. Como vemos, en ambos casos se equivocó y esto ha servido para que la oposición
le coma el mandado. Claro que también es necesario resaltar que este gobierno
se ha caracterizado por tener mano temblorosa y esto ha derivado en que los “movimientos
sociales” se hayan vuelto criminales. Esto ha repercutido en la imagen nacional
de manera importante y ha minado la actividad económica en los estados donde
prevalecen estos grupos disidentes. Y el gobierno en lugar de abrir las puertas
de las cárceles abre mesad de dialogo, por lo que me queda claro que de
represor tiene poco, o mejor dicho nada.
La verdad yo entiendo
a Carstens por dejar su puesto, quedando claro que él ya se cansó de tener que
tratar con idiotas todos los días. Luis Videgaray, cuando fue secretario de
hacienda, promovió una política fiscal que en nada beneficia al país. Al contrario,
la reforma fiscal de 2013 que aumentó los impuestos ha traído consigo el cierre
de empresas y aumento del desempleo en todo el país. Pero nada ha impedido que
estas políticas fiscales sigan adelante, al contrario, es cada vez más patente
que es necesario recortar los gastos del gobierno, pero es evidente que han
hecho oídos sordos a esta petición, aunque parezcan absurdas. El problema es
que la realidad ya nos está alcanzando (por enésima vez) y tal parece que el
gobierno prefiere seguir en su zona de confort y casi hacer como que la
situación no es grave. Claro que Carstens se va, pero antes de irse va a dejar
una carta con un “se los dije”. Tal vez parezca que como las ratas abandona el
barco ahora que está haciendo agua el casco, pero predicar en el desierto es
algo que cansa, y el gobernador del Banco de México ya se cansó de hablarle a
esos idiotas que parece que le habla a la pared. Sinceramente yo me preguntó si
esto tiene que ver con la entrada de Donald Trump a la presidencia de Estados
Unidos. Pudiera ser que sí, pero con este polémico personaje lo único que hará
es hacernos ver nuestra cruda realidad en que México no ha creado una economía moderna
y competitiva, aunque la mayoría de mis compatriotas no saben qué es eso pero
se oponen al neoliberalismo sin comprender que es ese sistema económico. La renuncia
de Carstens es un mal presagio de lo que nos espera, solo deseo que nuestras
autoridades lo tomen en serio y pongan en acción las medidas necesarias para
evitar el desastre económico
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