En primer lugar, les
deseo que tengan felices fiestas.
Se aproxima el cambio de
presidente dentro de año y medio, en los que celebraremos elecciones para
suplir a Enrique Peña Nieto en la principal magistratura nacional. Como lo he
dicho antes, este sexenio ha ido de mal en peor, el presidente no estuvo a la
altura del desafío que representa el país dañado por 10 años de guerra contra
el crimen organizado. Además, la situación económica, como siempre, es precaria
y no mejorara en el corto plazo. Este año los mexicanos expresaron su enojo
contra el partido del gobierno echándolo en 7 estados, quedando más de la mitad
en manos de los partidos opositores. Además, la fuga de los gobernadores que
saquearon su estado no ayuda al PRI a levantar apoyo entre la población.
Sin embargo, al ver a la oposición
y a los posibles candidatos independientes me doy cuenta de que ya no hay
estadistas entre la clase política. La mayoría de los aspirantes usan como
propaganda un discurso demagógico que únicamente sirve para engañar bobos. Y uno
de los principales problemas es que estamos viviendo nuevas formas de
analfabetismo, derivado del uso de las nuevas tecnologías y la falta de memoria
histórica por parte de mis compatriotas. Y no es que saber usar una computadora
o un Smartphone sea malo por sí mismo, sino que la gente piense que esos
conocimientos es lo único que se necesita para vivir en la sociedad actual. La verdad
es que actualmente las personas piensan que un buen gobierno es aquel que debe
resolver todas mis necesidades materiales, no importando de donde se obtienen
los recursos. Me siento decepcionado de mi generación, los “Millenials”, ya que
la mayoría piensa que nuestros problemas son recientes, antes de eso México era
un país desarrollado y con muchas oportunidades. Muchos de nosotros crecimos
obteniendo cosas mediante un botón, ya sea en una computadora o en el control
de una consola de videojuegos, sin ningún esfuerzo, pero ignoran que el mundo
real no funciona así.
Una escena muy recurrente
en cada elección es el hecho de que la clase política promete bajar el sol, la
luna y las estrellas, y como es imposible de cumplir, entonces empiezan las
protestas, algún opositor dice que sí va a cumplir las mismas promesas y ocurre
lo mismo, y tal parece que estamos en un círculo vicioso del cual es imposible
salir aparentemente. Todo el problema radica en que se nos ha olvidado que
somos nosotros los que sostenemos al gobierno, y es muy difícil dar, pero muy fácil
estirar la mano para pedir. Hemos llegado a un punto donde pocos quieren dar,
pero muchos estiran la mano y me temo que así no se puede. Mucha gente, entre
periodistas, políticos y población en general se quejan del problema, pero las
soluciones que proponen son muy poco realistas, como la propuesta de “universidad
para todos los jóvenes” o “tocar puerta por puerta para incorporar a los jóvenes
a la vida productiva”. Los programas sociales van por el mismo camino, y tal
parece que a los jóvenes les atrae la vida fácil sin pensar que con el tiempo
no es algo que se pueda mantener durante mucho tiempo.
La demagogia es una
herramienta que existe desde la época de los griegos, más precisamente desde
tiempos de Pericles. Aristóteles tenía un muy mal concepto de la democracia y
ahora me doy cuenta porqué. En México esto se traduce en una clase política abusiva
y miope, siendo los pobres la carne de cañón de los políticos en cada elección.
Temo que es por ellos que no hay un interés real en sacar a esa gente de la
pobreza, de ahí que únicamente apliquen paliativos contra estos males. Me he
dado cuenta de que la clase política se le acabaría el negocio si saliera tanta
gente del horrible flagelo que es la miseria. No es de a gratis que el gobierno
y los opositores estén haciendo todo tipo de alianzas espurias con tal de
obtener capital electoral en los comicios de 2018. Esto lo han logrado mediante
alianzas con sindicatos espurios o grupos de choque para obtener oscuros fines.
El premio mayor de 2018 es el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, no el
bien común. El proyecto citado dejara una derrama económica muy importante, y
todos quieren meter sus asquerosas manos en el nuevo aeropuerto. El problema es
que la mayoría de los electores en México son jóvenes y se desencantan por el
candidato que promete más asistencialismos sin saber que ningún país ha salido
de la miseria utilizando dichos mecanismos. En todo el mundo este tipo de políticas
están tronando por ineficientes y son una máquina para hacer pobres muy
eficiente. Si queremos un mejor país ya es hora de poner la demagogia en el
bote de la basura y tomar nuestros problemas en nuestras manos.
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