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lunes, 26 de diciembre de 2016

Demagogia mexicana

En primer lugar, les deseo que tengan felices fiestas.
Se aproxima el cambio de presidente dentro de año y medio, en los que celebraremos elecciones para suplir a Enrique Peña Nieto en la principal magistratura nacional. Como lo he dicho antes, este sexenio ha ido de mal en peor, el presidente no estuvo a la altura del desafío que representa el país dañado por 10 años de guerra contra el crimen organizado. Además, la situación económica, como siempre, es precaria y no mejorara en el corto plazo. Este año los mexicanos expresaron su enojo contra el partido del gobierno echándolo en 7 estados, quedando más de la mitad en manos de los partidos opositores. Además, la fuga de los gobernadores que saquearon su estado no ayuda al PRI a levantar apoyo entre la población.
Sin embargo, al ver a la oposición y a los posibles candidatos independientes me doy cuenta de que ya no hay estadistas entre la clase política. La mayoría de los aspirantes usan como propaganda un discurso demagógico que únicamente sirve para engañar bobos. Y uno de los principales problemas es que estamos viviendo nuevas formas de analfabetismo, derivado del uso de las nuevas tecnologías y la falta de memoria histórica por parte de mis compatriotas. Y no es que saber usar una computadora o un Smartphone sea malo por sí mismo, sino que la gente piense que esos conocimientos es lo único que se necesita para vivir en la sociedad actual. La verdad es que actualmente las personas piensan que un buen gobierno es aquel que debe resolver todas mis necesidades materiales, no importando de donde se obtienen los recursos. Me siento decepcionado de mi generación, los “Millenials”, ya que la mayoría piensa que nuestros problemas son recientes, antes de eso México era un país desarrollado y con muchas oportunidades. Muchos de nosotros crecimos obteniendo cosas mediante un botón, ya sea en una computadora o en el control de una consola de videojuegos, sin ningún esfuerzo, pero ignoran que el mundo real no funciona así.
Una escena muy recurrente en cada elección es el hecho de que la clase política promete bajar el sol, la luna y las estrellas, y como es imposible de cumplir, entonces empiezan las protestas, algún opositor dice que sí va a cumplir las mismas promesas y ocurre lo mismo, y tal parece que estamos en un círculo vicioso del cual es imposible salir aparentemente. Todo el problema radica en que se nos ha olvidado que somos nosotros los que sostenemos al gobierno, y es muy difícil dar, pero muy fácil estirar la mano para pedir. Hemos llegado a un punto donde pocos quieren dar, pero muchos estiran la mano y me temo que así no se puede. Mucha gente, entre periodistas, políticos y población en general se quejan del problema, pero las soluciones que proponen son muy poco realistas, como la propuesta de “universidad para todos los jóvenes” o “tocar puerta por puerta para incorporar a los jóvenes a la vida productiva”. Los programas sociales van por el mismo camino, y tal parece que a los jóvenes les atrae la vida fácil sin pensar que con el tiempo no es algo que se pueda mantener durante mucho tiempo.

La demagogia es una herramienta que existe desde la época de los griegos, más precisamente desde tiempos de Pericles. Aristóteles tenía un muy mal concepto de la democracia y ahora me doy cuenta porqué. En México esto se traduce en una clase política abusiva y miope, siendo los pobres la carne de cañón de los políticos en cada elección. Temo que es por ellos que no hay un interés real en sacar a esa gente de la pobreza, de ahí que únicamente apliquen paliativos contra estos males. Me he dado cuenta de que la clase política se le acabaría el negocio si saliera tanta gente del horrible flagelo que es la miseria. No es de a gratis que el gobierno y los opositores estén haciendo todo tipo de alianzas espurias con tal de obtener capital electoral en los comicios de 2018. Esto lo han logrado mediante alianzas con sindicatos espurios o grupos de choque para obtener oscuros fines. El premio mayor de 2018 es el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, no el bien común. El proyecto citado dejara una derrama económica muy importante, y todos quieren meter sus asquerosas manos en el nuevo aeropuerto. El problema es que la mayoría de los electores en México son jóvenes y se desencantan por el candidato que promete más asistencialismos sin saber que ningún país ha salido de la miseria utilizando dichos mecanismos. En todo el mundo este tipo de políticas están tronando por ineficientes y son una máquina para hacer pobres muy eficiente. Si queremos un mejor país ya es hora de poner la demagogia en el bote de la basura y tomar nuestros problemas en nuestras manos. 

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