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miércoles, 23 de noviembre de 2016

La revolución que no fue IV

En los pasados posts estuve hablando de los inicios de la Revolución Mexicana y el movimiento constitucionalista para tratar de enseñarles algo que lejos de ser benéfico, ayudó a destruir al país. A partir de la muerte de Madero se abrió la puerta a una serie de matanzas que terminaron en 1928 con la muerte de Obregón. En esos turbulentos tiempos, las principales peticiones eran referentes al problema agrario y los derechos de los trabajadores ya que ambos asuntos fueron ignorados por Madero en la primera etapa de la Revolución. Carranza tenía el plan de deshacer los grandes latifundios y fundar pequeñas propiedades, modelo sin duda basado en las granjas existentes en Estados Unidos. La posesión de los recursos naturales fue uno de los proyectos de Carranza que sí  fue incluido en el proyecto de constitución del que hablare ahora.
A finales de 1916 Carranza convocó a un congreso constituyente para reformar la Constitución de 1857. La nueva carta magna debía estar lista el 5 de febrero del año siguiente. En los siguientes meses se reunieron en el Teatro de la República los diputados constituyentes, entre los que destaca el mexiquense Andrés Molina Enríquez, que fue uno de los principales impulsores del derecho agrario plasmado en el artículo 27. En mi opinión fue un tiempo bastante corto y por eso considero que fue una constitución hecha al vapor, quizá por eso el modelo económico impuesto por la Carta Magna lo que a la larga contribuiría a destruir la prosperidad conseguida durante el Porfiriato. Ente los “derechos sociales” que se reconocieron en el documento estaba el de vivienda digna, uno de los que ningún gobierno puede cumplir cabalmente sin poner las finanzas públicas en riesgo. Además, la reforma agraria destruyó la productividad del campo, con lo que la miseria en este no solo no se solucionó, sino que empeoro aún más que con don Porfirio.
La promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos se promulgó el 5 de febrero de 1917 con bombo y platillo. Sus artículos más importantes fueron el 3 (derecho a la educación), 27 (la nación adquiere la propiedad de los recursos naturales y Reforma Agraria) y 123 (derechos laborales). Desde luego que esto no fue la solución mágica a los problemas que padecía México desde hacía bastante tiempo, o por lo menos una buena parte de su población. Desde luego, muchos de los lectores estarán de acuerdo en que para acabar con el régimen actual se debe escribir una nueva constitución, lo que me temo que no va a constituir cambio alguno de las cosas, y menos en los tiempos turbulentos que vivimos en la actualidad. Nuestro principal problema es el de vernos como eternas víctimas de intereses extranjeros “malvados” y de que el Estado debe ser el proveedor de todos nosotros desde la cuna y hasta la tumba. No niego las buenas intenciones de los constituyentes, pero a la larga hicieron mucho más daño. Y ahora con el derecho al agua, pues nada más imagínense.

Carranza comenzó a tener un gobierno al que le hacía agua el casco. Hubo una inflación generalizada, y aunque los obreros recibían su paga puntualmente, su sueldo no les permitía satisfacer sus necesidades más básicas, lo que derivó en una huelga generalizada en todo el país. Para evitar la paralización de la economía, el presidente revivió una ley que databa de 1862 para aplastar a los trabajadores sediciosos mediante juicios militares y el paredón. Con esto, creo yo, se cae el mito de Carranza amigo de los obreros. Sin embargo, los peores errores de Carranza fueron sin duda la muerte de Emiliano Zapata y haber designado a Ignacio Bonillas como su sucesor y no al general Álvaro Obregón. La muerte de Emiliano Zapata no es como la pintan. Aunque el general Jesús Guajardo tenía órdenes expresas de apresar a Zapata, ganándose su confianza, este quería matarlo, pero lo que no se sabe es que Zapata desconfiaba de Guajardo, y el 10 de abril de 1919 en Chinameca el segundo simplemente disparó primero. También ordenó la muerte de Felipe Ángeles, el brazo derecho de Villa. Sin embargo, la candidatura de Bonillas hizo que se sublevara Obregón y Plutarco Elías Calles contra Carranza. Los dos primeros tenían el control del ejército, y aunque Carranza había ordenado la detención de Obregón, este huyó a Iguala. Hubo un motín en Texcoco, cerca de la Ciudad de México, y el Barón de Cuatro Ciénegas tuvo que huir rumbo a Veracruz. Sin embargo, habían volado la vía del tren y tuvieron que seguir a caballo. Llegaron al poblado de Tlaxcalantongo, Puebla, y se hospedaron en cabañas, donde la madrugada del 20 de mayo de 1920 acribillaron a Carranza a tiros. En la siguiente entrada el ascenso de Obregón y el Maximato.   

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