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jueves, 17 de noviembre de 2016

El neoliberalismo que nunca llegó

Con la victoria de Donald Trump en las elecciones de Estados Unidos se acentúan nuestras debilidades políticas y económicas. Queda claro que en nuestro país no se ha podido o querido construir un sistema económico eficiente que permita salir de la horrible condición de pobreza a millones de mexicanos, situación que los obliga a salir del país a buscar las oportunidades que aquí no existen. Las causas de la situación actual de nuestro país son complejas, una mezcla de dejadez, abuso, mentalidad de eterna victimización y una corrupción política. Modelos económicos se impusieron, demostraron su fracaso y fueron sustituidos por otros con la promesa de que ahora si va a haber reducción de los índices de miseria. Tal parece que estamos en un círculo vicioso del que no hemos podido (o querido) salir. El preguntar hacía donde vamos es una pregunta válida que deberíamos hacernos todos los mexicanos debido a que siempre hemos sido víctimas de las ocurrencias de la clase política, y por lo tanto de nosotros mismos como ciudadanía.
Estamos a tres días de la celebración del inicio de la Revolución Mexicana y en los últimos años yo me pregunto si hay algo que celebrar. La revolución ha sido la causa de los males que sufrimos los mexicanos desde entonces. La propaganda oficial muestra una realidad totalmente contraria a lo que ve el ciudadano de a pie. Una reforma agraria que prometía hacer más prósperos a los campesinos y no lo hizo, derechos laborales que se ven bonitos únicamente en papel y tinta, un sistema educativo que sirve para adoctrinar más que para educar y una propaganda que sirve para maquillar más que para mostrar la realidad. Yo he llegado a una conclusión bastante desalentadora para la mayoría: los partidos de derecha defienden a un México que no existe y los de izquierda a uno que nunca ha existido. “Poca política y mucha administración” era el lema del gobierno porfirista y ahora es lo contrario: política hasta en la sopa y absolutamente nada de administración.
En realidad estamos en una etapa bastante similar a la previa a la Reforma, con facciones políticas tremendamente alérgicas a trabajar por nuestro beneficio como sociedad pero muy dispuestos a tomarnos en consideración para llenar urnas en comicios. Actualmente la bandera que parece llevar más agua a su molino es la del antineoliberalismo, bandera portada por las izquierdas y apoyada por un puñado de ignorantes que no saben ni siquiera en que consiste ese modelo y quiénes son sus principales teóricos. Se rasgan la camisa por llamar corruptos a los que privatizaron empresas paraestatales ineficientes, que irónicamente no han servido para el desarrollo nacional pero sí para el enriquecimiento de unos cuantos. ¿De qué le ha servido el petróleo a los más pobres, si no han salido de esa horrenda condición? Pemex es un monopolio al igual que Telmex, ineficiente y corrupto, ambos son saqueadores de rentas. Los mexicanos no tenemos tantas libertades económicas como los países nórdicos que la izquierda pone de ejemplo de bienestar, al contrario, lo que quieren es coartarlas para simular una prosperidad por medio de populismo asistencialismo sin sentido. Este es el camino que han tomado los gobiernos del “neoriberalismo2, el de los asistencialismos estériles, sin saber que la tendencia neoliberal es reducir la dependencia de las personas hacia el estado.
Tampoco hemos llegado al neoliberalismo por la causa de que tenemos un desorden fiscal y presupuestario demasiado grande. La caída del precio del barril de petróleo nos afectó de manera especialmente grave al ser la principal fuente de divisas, las ganancias representan el 30% del presupuesto de egresos de la federación y con la caída de este fue cuando comenzó la depreciación del peso frente al dólar estadounidense. Y con una reforma fiscal tendiente a sacar más dinero a las clases medias con tal de mantener un tinglado asistencialista que no ayuda a bajar los índices de pobreza pero es muy bien en la recolección de votos.

Lo mismo ocurre a nivel local: la constitución de la Ciudad de México está diseñada para hacer entrar votos en las urnas mediante los llamados “derechos sociales” sin saber que si se llega a probar esa estupidez de documento van a matar la economía de la capital de país. Desde luego, así no piensan los promotores de esa aberración, que únicamente piensan en el capital electoral que pueden ganar en cara a las elecciones de 2018. Este tipo de prácticas son las que nos tienen contra la pared y ni la sociedad civil ni la clase política se dan cuenta de esto. Muchos países ya se están sacudiendo el yugo del progresismo porque ha tenido resultado eficaz matando la economía y llevando a la pobreza a muchos mientras unos pocos disfrutan del trabajo de otros. Este es el camino que debemos evitar para no orillar a nuestros connacionales a romper las leyes de otros países. Pero al paso que vamos, parece imposible.  

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