Con la victoria de Donald
Trump, el Brexit y el No de Colombia, nos demuestran que hay más intolerancia
en los que se dicen tolerantes, que tachan a los que no piensan como ellos como
“idiotas”, retrogradas”, “radicales” y otros motes mucho peores. Yo me preguntó
sinceramente cómo hemos llegado a esto. Tal parece que los elogios a la
democracia se dicen tolerantes únicamente es corre3cta cuando los designios del
progresismo que aquellas personas que no aceptan los designios del mismo merecen
ser marginados por no aceptar los dictados de la minoría, y tal parece que las
sociedades ya se están hartando de esos designios que las élites han impuesto
como lo “correcto”. Tal parece que los acontecimientos que se han venido dando
desde el año pasado en Europa en Estados Unidos no son tomados en cuenta por la
élite gobernante.
Empecemos con el Brexit,
la salida del Reino Unido de la Unión Europea, lo que debería ponerse a
reflexionar sobre los beneficios de dicho bloque hacía los países del viejo
continente. Esta organización evolucionó a un estado supranacional que ahoga la
actividad económica de los países miembros. Entre los errores que se han
cometido en el bloque es la expansión e indiscriminada de este para otorgar
créditos debido a que los países admitieron que no tienen una economía dinámica
y por lo tanto son pobres. Este es el caso de los países de Europa del Este y
los países balcánicas, cuyos sistemas productivos no le han dado la posibilidad
de tener una vida digna. Esto es aprovechado sobre todo por el gobierno alemán para
obtener la hegemonía sobre el resto de las naciones del viejo continente, pero
ahora tal parece que está colmando la paciencia a sus vecinos en Europa, ya que
están hartos de mantener a los parásitos del continente. Además, europeos están
cada vez más cansados de él, aunque desde luego aquellas personas son tildadas con
los adjetivos del primer párrafo de este texto. Europa también debe preocuparse
por la creciente inmigración musulmana al continente y eso ha sido la causa de
los atentados en París y Bruselas, que son evidentemente producto de este
problema. Los habitantes del viejo continente se han dado cuenta de esto, y ese
fue uno de los motivos que orilló al Brexit. Desde luego que el gobierno alemán
está buscando cualquier hueco legal para impedir la salida del Reino Unido por
el mal ejemplo que representa a los demás países.
Mientras tanto, en
Estados Unidos los efectos de la victoria de Donald Trump siguen generando
controversias. Las protestas en los estados tradicionalmente demócratas como
Nueva York, California o Pennsylvania por el triunfo del magnate inmobiliario
siguen creciendo. Incluso en California algunos sectores han propuesto la
salida del estado de la Unión Americana. Y tal parece que dicha petición se
apoyada por algunos magnates de Silicon Valley a los que afectara la política fiscal
propuesta por Trump. La mayoría de ellos fabrica sus productos en países como
China, y como el presidente electo los ha amenazado con aranceles por invertir
en el extranjero, pues prefieren abandonar el barco. También me parte de risa
las peticiones del portal change.org en el que se pide darle el triunfo a Hillary
Clinton por haber ganado en voto popular pero el colegio electoral no la favoreció.
No será el sistema democrático más avanzado el mundo, pero así son las reglas,
aunque también creo que ese portal de causas perdidas pediría lo mismo si Trump
tuviese mayoría de voto popular y en el colegio electoral, estoy muy seguro de
que pedirían lo mismo. En los casos del portal de causas perdidas y el estado
separatista, en ambos se niegan a aceptar los resultados de los comicios por no
haber ganado el candidato o proyecto de su preferencia. En ambos casos podría llamar
intolerantes a los tolerantes y cobardes a los que prefieren huir antes que
enfrentar sus problemas. En este caso no es lo mismo que el Brexit, ya que
California se quiere separar por mandato de unos cuantos.
Tanto en el Brexit como
en la victoria de Donald Trump se nota una cosa: los defensores de la
democracia ahora están atónitos de que los electores no desean tomar, lo que
ellos consideran, el buen camino, lo políticamente correcto, y por eso denostan
a los que votaron en contra de sus ideas. Tal parece que se olvidaran de las
ideas de que la democracia es la voluntad del pueblo, de la mayoría, que cuando
no quieren lo establecido, son calificados con los adjetivos del primer párrafo.
Tal parece que a son tolerantes hacia las minorías pero intolerantes a la
voluntad de la mayoría. La democracia tiene defectos, como cualquier sistema político,
pero los defensores de este sistema tal parece que se vuelven aristocráticos cuando
los resultados en los comicios son adversos a sus intereses, muchas veces
mezquinos.
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