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miércoles, 16 de noviembre de 2016

La intolerancia de los tolerantes

Con la victoria de Donald Trump, el Brexit y el No de Colombia, nos demuestran que hay más intolerancia en los que se dicen tolerantes, que tachan a los que no piensan como ellos como “idiotas”, retrogradas”, “radicales” y otros motes mucho peores. Yo me preguntó sinceramente cómo hemos llegado a esto. Tal parece que los elogios a la democracia se dicen tolerantes únicamente es corre3cta cuando los designios del progresismo que aquellas personas que no aceptan los designios del mismo merecen ser marginados por no aceptar los dictados de la minoría, y tal parece que las sociedades ya se están hartando de esos designios que las élites han impuesto como lo “correcto”. Tal parece que los acontecimientos que se han venido dando desde el año pasado en Europa en Estados Unidos no son tomados en cuenta por la élite gobernante.
Empecemos con el Brexit, la salida del Reino Unido de la Unión Europea, lo que debería ponerse a reflexionar sobre los beneficios de dicho bloque hacía los países del viejo continente. Esta organización evolucionó a un estado supranacional que ahoga la actividad económica de los países miembros. Entre los errores que se han cometido en el bloque es la expansión e indiscriminada de este para otorgar créditos debido a que los países admitieron que no tienen una economía dinámica y por lo tanto son pobres. Este es el caso de los países de Europa del Este y los países balcánicas, cuyos sistemas productivos no le han dado la posibilidad de tener una vida digna. Esto es aprovechado sobre todo por el gobierno alemán para obtener la hegemonía sobre el resto de las naciones del viejo continente, pero ahora tal parece que está colmando la paciencia a sus vecinos en Europa, ya que están hartos de mantener a los parásitos del continente. Además, europeos están cada vez más cansados de él, aunque desde luego aquellas personas son tildadas con los adjetivos del primer párrafo de este texto. Europa también debe preocuparse por la creciente inmigración musulmana al continente y eso ha sido la causa de los atentados en París y Bruselas, que son evidentemente producto de este problema. Los habitantes del viejo continente se han dado cuenta de esto, y ese fue uno de los motivos que orilló al Brexit. Desde luego que el gobierno alemán está buscando cualquier hueco legal para impedir la salida del Reino Unido por el mal ejemplo que representa a los demás países.
Mientras tanto, en Estados Unidos los efectos de la victoria de Donald Trump siguen generando controversias. Las protestas en los estados tradicionalmente demócratas como Nueva York, California o Pennsylvania por el triunfo del magnate inmobiliario siguen creciendo. Incluso en California algunos sectores han propuesto la salida del estado de la Unión Americana. Y tal parece que dicha petición se apoyada por algunos magnates de Silicon Valley a los que afectara la política fiscal propuesta por Trump. La mayoría de ellos fabrica sus productos en países como China, y como el presidente electo los ha amenazado con aranceles por invertir en el extranjero, pues prefieren abandonar el barco. También me parte de risa las peticiones del portal change.org en el que se pide darle el triunfo a Hillary Clinton por haber ganado en voto popular pero el colegio electoral no la favoreció. No será el sistema democrático más avanzado el mundo, pero así son las reglas, aunque también creo que ese portal de causas perdidas pediría lo mismo si Trump tuviese mayoría de voto popular y en el colegio electoral, estoy muy seguro de que pedirían lo mismo. En los casos del portal de causas perdidas y el estado separatista, en ambos se niegan a aceptar los resultados de los comicios por no haber ganado el candidato o proyecto de su preferencia. En ambos casos podría llamar intolerantes a los tolerantes y cobardes a los que prefieren huir antes que enfrentar sus problemas. En este caso no es lo mismo que el Brexit, ya que California se quiere separar por mandato de unos cuantos.

Tanto en el Brexit como en la victoria de Donald Trump se nota una cosa: los defensores de la democracia ahora están atónitos de que los electores no desean tomar, lo que ellos consideran, el buen camino, lo políticamente correcto, y por eso denostan a los que votaron en contra de sus ideas. Tal parece que se olvidaran de las ideas de que la democracia es la voluntad del pueblo, de la mayoría, que cuando no quieren lo establecido, son calificados con los adjetivos del primer párrafo. Tal parece que a son tolerantes hacia las minorías pero intolerantes a la voluntad de la mayoría. La democracia tiene defectos, como cualquier sistema político, pero los defensores de este sistema tal parece que se vuelven aristocráticos cuando los resultados en los comicios son adversos a sus intereses, muchas veces mezquinos.    

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