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lunes, 21 de noviembre de 2016

La revolución que no fue II

En el pasado post comencé a tratar el tema de la Revolución Mexicana en sus inicios, es decir, el movimiento maderista. También dije que lo que movió a Madero fue el espiritismo que aprendió en sus años estudiando en Europa, impulsado por las enseñanzas de Alan Kardec, que fue el principal promotor de esa doctrina. En el espiritismo creyeron personajes como Víctor Hugo, Charles Dickens, Arthur Conan Doyle y Alfred Russel Wallace, todos intelectuales y científicos renombrados en su tiempo. Desde luego que esta afición de Madero por el espiritismo es algo que se oculta a los mexicanos al ser una superstición, de ahí que no aparezca en los libros de historia oficial. Lo que sí considero es el hecho de que Madero era un impulsivo e ingenuo, pensaba que la democracia era todo no que necesitaba el país para ser pacificado, y esto lo llevó a levantarse en armas contra el gobierno de Porfirio Díaz al no reconocer los resultados de las elecciones de 1910.
Como lo dije en la entrada anterior, el único logro de la revolución maderista fue la toma de Ciudad Juárez y el presidente Díaz presentó su renuncia para evitar el derramamiento de sangre. Una vez hecho esto, tomó posesión como presidente interino Francisco León de la Barra, un consumado porfirista que le hizo la vida de cuadritos a Madero hasta que tomó posesión en noviembre de 1911. Sin embargo, el gobierno maderista pasó por muchas dificultades desde el momento en que este tomó posesión de la primera magistratura de la nación. En primer lugar tenemos las rebeliones de dos de sus principales aliados: Emiliano Zapata en Morelos y Pascual Orozco en Chihuahua. En ambos casos fueron las promesas incumplidas por Madero hacia la causa agraria lo que llevó al primero a promulgar el Plan de Ayala en el que se desconocía el gobierno de Madero y se reconocía como jefe a Orozco. Desde luego que estos no fueron los únicos problemas que se dieron durante el gobierno fallido de Madero. Claro que las insurrecciones fueron aplacadas por el general Victoriano Huerta, quien posteriormente traicionaría a Madero.
Entre otros problemas que se presentaron fue el de la huelga obrera, una de las más fuertes, ya que también era una de las promesas incumplidas del mandatario. Sin embargo, los obreros tampoco eran unas peritas en dulce, ellos eran unos anarquistas que no aceptaban los mandatos de gobierno alguno. Esto orilló a Madero a tomar medidas radicales como la clausura de la Casa del Obrero Mundial y a reprimir durante a los trabajadores. Esto demuestra que a pesar de que él hablaba de mejorar las condiciones de los más desvalidos, y sin embargo tal parece que el movimiento obrero no estaba en la agenda del presidente. Esta agenda empezaría a ser tratada durante el breve mandato de Victoriano Huerta junto con la cuestión agraria ya que Madero (que lejos de ser el Apóstol de la democracia fue del caos) parecía que vivía en otro mundo. Desde luego que no voy a justificar la actitud de Huerta, fue un traidor y como tal debe ser recordado.

Lo sucedido durante la Decena Trágica en las calles de la Ciudad de México fue uno de los episodios más sangrientos de la historia de México. Aquí fue donde se demostró de lo que estaba hecho Madero, que evidentemente no estaba capacitado para poder con un cargo tan importante. Las rebeliones de los zapatistas en Morelos y los orozquistas en Chihuahua fueron la antesala de los hechos que terminaron con la vida de Madero. La causa de estos hechos fue la conspiración de Félix Díaz (sobrino de Porfirio Díaz), Henry Lane Wilson, embajador de Estados Unidos en México, Victoriano Huerta y otros personajes. El embajador Wilson no tenía ninguna orden de Washington de intervenir en la política de México, sin embargo, sí tenía intenciones de obtener alguna concesión petrolera de manos de Gustavo A. Madero, que a diferencia de su hermano, era un corrupto de primera clase. Este último hacía toda clase de negocios turbios a espaldas de Francisco, y lo sabía todo el mundo menos su hermano. Durante estos hechos, Félix Díaz y otros personajes se atrincheraron en la Ciudadela mientras Victoriano Huerta fingía combatirlos, sin embargo, hasta les pasaba alimentos a los insurrectos, algo de lo que Madero se llegó a enterar. Claro que Huerta le inventó una sarta de mentiras que el presidente se creyó. Para el día 19 de febrero de 1913 la traición estaba consumada y Huerta hizo prisionero al presidente y a Pino Suárez en el Palacio Nacional. Huerta les prometió que les permitiría renunciar, y por gestiones del embajador de Cuba, Manuel Márquez Sterling, exiliarse en dicha isla. Claro que Huerta los sacó la madrugada del 22 de febrero y los llevó a la penitenciaria y los mato a los dos. Sin embargo, voy a decir que Madero no era un héroe: ensangrentó al país durante diez años y puso fin a 30 años de prosperidad que al paso que vamos no los vamos a recuperar. En la próxima entrada, el movimiento constitucionalista y la Convención de Aguascalientes.     

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