En el pasado post comencé
a tratar el tema de la Revolución Mexicana en sus inicios, es decir, el
movimiento maderista. También dije que lo que movió a Madero fue el espiritismo
que aprendió en sus años estudiando en Europa, impulsado por las enseñanzas de
Alan Kardec, que fue el principal promotor de esa doctrina. En el espiritismo
creyeron personajes como Víctor Hugo, Charles Dickens, Arthur Conan Doyle y
Alfred Russel Wallace, todos intelectuales y científicos renombrados en su
tiempo. Desde luego que esta afición de Madero por el espiritismo es algo que
se oculta a los mexicanos al ser una superstición, de ahí que no aparezca en
los libros de historia oficial. Lo que sí considero es el hecho de que Madero
era un impulsivo e ingenuo, pensaba que la democracia era todo no que
necesitaba el país para ser pacificado, y esto lo llevó a levantarse en armas
contra el gobierno de Porfirio Díaz al no reconocer los resultados de las
elecciones de 1910.
Como lo dije en la
entrada anterior, el único logro de la revolución maderista fue la toma de
Ciudad Juárez y el presidente Díaz presentó su renuncia para evitar el
derramamiento de sangre. Una vez hecho esto, tomó posesión como presidente
interino Francisco León de la Barra, un consumado porfirista que le hizo la
vida de cuadritos a Madero hasta que tomó posesión en noviembre de 1911. Sin embargo,
el gobierno maderista pasó por muchas dificultades desde el momento en que este
tomó posesión de la primera magistratura de la nación. En primer lugar tenemos
las rebeliones de dos de sus principales aliados: Emiliano Zapata en Morelos y
Pascual Orozco en Chihuahua. En ambos casos fueron las promesas incumplidas por
Madero hacia la causa agraria lo que llevó al primero a promulgar el Plan de
Ayala en el que se desconocía el gobierno de Madero y se reconocía como jefe a
Orozco. Desde luego que estos no fueron los únicos problemas que se dieron
durante el gobierno fallido de Madero. Claro que las insurrecciones fueron
aplacadas por el general Victoriano Huerta, quien posteriormente traicionaría a
Madero.
Entre otros problemas que
se presentaron fue el de la huelga obrera, una de las más fuertes, ya que también
era una de las promesas incumplidas del mandatario. Sin embargo, los obreros
tampoco eran unas peritas en dulce, ellos eran unos anarquistas que no aceptaban
los mandatos de gobierno alguno. Esto orilló a Madero a tomar medidas radicales
como la clausura de la Casa del Obrero Mundial y a reprimir durante a los
trabajadores. Esto demuestra que a pesar de que él hablaba de mejorar las
condiciones de los más desvalidos, y sin embargo tal parece que el movimiento
obrero no estaba en la agenda del presidente. Esta agenda empezaría a ser
tratada durante el breve mandato de Victoriano Huerta junto con la cuestión agraria
ya que Madero (que lejos de ser el Apóstol de la democracia fue del caos) parecía
que vivía en otro mundo. Desde luego que no voy a justificar la actitud de
Huerta, fue un traidor y como tal debe ser recordado.
Lo sucedido durante la
Decena Trágica en las calles de la Ciudad de México fue uno de los episodios
más sangrientos de la historia de México. Aquí fue donde se demostró de lo que
estaba hecho Madero, que evidentemente no estaba capacitado para poder con un
cargo tan importante. Las rebeliones de los zapatistas en Morelos y los
orozquistas en Chihuahua fueron la antesala de los hechos que terminaron con la
vida de Madero. La causa de estos hechos fue la conspiración de Félix Díaz
(sobrino de Porfirio Díaz), Henry Lane Wilson, embajador de Estados Unidos en
México, Victoriano Huerta y otros personajes. El embajador Wilson no tenía
ninguna orden de Washington de intervenir en la política de México, sin
embargo, sí tenía intenciones de obtener alguna concesión petrolera de manos de
Gustavo A. Madero, que a diferencia de su hermano, era un corrupto de primera
clase. Este último hacía toda clase de negocios turbios a espaldas de
Francisco, y lo sabía todo el mundo menos su hermano. Durante estos hechos,
Félix Díaz y otros personajes se atrincheraron en la Ciudadela mientras
Victoriano Huerta fingía combatirlos, sin embargo, hasta les pasaba alimentos a
los insurrectos, algo de lo que Madero se llegó a enterar. Claro que Huerta le
inventó una sarta de mentiras que el presidente se creyó. Para el día 19 de
febrero de 1913 la traición estaba consumada y Huerta hizo prisionero al presidente
y a Pino Suárez en el Palacio Nacional. Huerta les prometió que les permitiría renunciar,
y por gestiones del embajador de Cuba, Manuel Márquez Sterling, exiliarse en
dicha isla. Claro que Huerta los sacó la madrugada del 22 de febrero y los
llevó a la penitenciaria y los mato a los dos. Sin embargo, voy a decir que
Madero no era un héroe: ensangrentó al país durante diez años y puso fin a 30
años de prosperidad que al paso que vamos no los vamos a recuperar. En la próxima
entrada, el movimiento constitucionalista y la Convención de Aguascalientes.
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