En los años anteriores
critique la reforma fiscal del presidente y del entonces Secretario de Hacienda
y Crédito Público, Luis Videgaray, por considerar que no ayuda en nada al país y
entorpecer la actividad económica en todos sentidos. Es la principal causa de
nuestro fracaso económico en las últimas cuatro décadas. El principal argumento
a favor de altas tasas impositivas es reducir la desigualdad y la pobreza
mediante asistencialismos aunque hasta el momento no he conocido algún país que
haya dejado el flagelo de la miseria con este tipo de políticas que defienden
ONG’s como Intermon Oxfam que están a favor de altos impuestos para las clases
acomodadas. Desde luego que los progresistas están a favor de todo esto para
reducir la desigualdad y lo logran empobreciendo a las clases medias como
Venezuela y Cuba.
La reforma fiscal de 2013
fue hecha especialmente para las izquierdas por los resultados del proceso
electoral del año anterior. Dicho paquete fiscal incluía la reducción en las
deducciones por prestaciones que los patrones daban a sus trabajadores, incremento
del IVA en la frontera, altísimos impuestos por cuentas bancarias que rebasan
los $25,000 y otras aberraciones que no existen ni en los países desarrollados.
Y todo para complacer clientelas electorales que solo han traído estancamiento
en nuestro país. Aquí retomo los siete puntos que propuso la Confederación
Patronal de México (Coparmex) que me pareció lo más racional en este momento. Tomado
del periódico “El Financiero”:
1. Eliminar
por lo menos la mitad de los 37 programas sociales duplicados que ha
identificado Coneval. Se estimó que en 2017 se gastaran más de 200 mil millones
de pesos en estos programas, incluyendo algunos que tienen alto riesgo de ser
clientelares como los comedores comunitarios y los llamados “servicios con
grupos con necesidades especiales”.
2. Establecer
un mapa de ruta puntual con acciones detalladas para lograr tener un padrón único
de beneficiarios de programas sociales a nivel federal y estatal en 2018. El padrón
debe incluir todos los programas sociales para evitar que el clientelismo
duplique el número de beneficiarios.
3. Establecer
un calendario de implementación para armonizar las legislaciones estatales en
materia regulativa y ventanilla única a más tardar en 2018.
4. Aprobar
de inmediato la deducibilidad al 100% de las prestaciones laborales a fin de
fortalecer la economía familiar.
5. Generar
un nuevo esquema de bonos productivos que no tenga cargas fiscales y de
seguridad social y vaya de forma inmediata al sueldo de los trabajadores.
6. Crear
de la mano con la Comisión Federal de Competencia Económica un plan para asegurar
condiciones de competencia en gasolinas a fin de que los precios sean lo más
competitivos posibles.
7. Actualizar
en 2017 las métricas de pobreza de Coneval con datos comparables a 2014 y
fijando metas anuales para erradicar la pobreza.
Esta es la propuesta más
sensata que he escuchado en mucho tiempo pues el subsidio a la gasolina era
terriblemente regresivo. Pero lo que tiene este precio contra las cuerdas es el
Impuesto Especial de Productos y Servicios, el IEPS, con el que el gobierno
pretende recaudar dinero a fin de mantener sus populismos con vista a las elecciones
de este año y el próximo. Los comicios del Estado de México son sin duda los
más importantes por ser el estado más poblado y el principal bastión del
partido en el gobierno. El Coneval no ha reportado reducción en la pobreza en
los últimos años a pesar de todos los programas sociales existentes. Y es que también
los gobiernos de los tres niveles y la población en general creen que con
arrojar dinero en grandes cantidades es suficiente para resolverlos. Ejemplo claro
es el sistema educativo que es un fracaso a pesar de que México es uno de los países
que más invierte en dicho ramo. Además las Reformas Estructurales estuvieron
bien planteadas desde el principio, salvo la fiscal, y si se encaminan bien con
el tiempo pueden ser benéficas para toda la nación.
Ahora que tampoco
entiendo a los progresistas que propusieron en buena medida esta reforma fiscal
diseñada para destruir la economía nacional. Sin embargo, con el tiempo muchos
empobrecen y los que ya eran pobres lo hacen aún más. Vean África, en este
continente llevan más de cincuenta años recibiendo apoyos y no se ha
desarrollado ni un poco y a pesar de ello las ayudas no dejan de llegar a este
continente. Por ello deberíamos replantearnos la utilidad de los programas
sociales que en realidad solo sirven para mantener clientelas electorales y no
tienen impacto en reducir la pobreza. Muchos de ellos fueron inventados por
progresistas y la verdad me preguntó si ellos quieren reducir la pobreza
sinceramente. Pero mientras son peras o manzanas es evidente que se necesita
una revisión en los programas sociales y su verdadero impacto sobre la miseria
que pretenden combatir. Y por supuesto, una nueva reforma fiscal que ayude a
detonar al desarrollo económico.
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