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miércoles, 11 de enero de 2017

Una nueva reforma fiscal

En los años anteriores critique la reforma fiscal del presidente y del entonces Secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray, por considerar que no ayuda en nada al país y entorpecer la actividad económica en todos sentidos. Es la principal causa de nuestro fracaso económico en las últimas cuatro décadas. El principal argumento a favor de altas tasas impositivas es reducir la desigualdad y la pobreza mediante asistencialismos aunque hasta el momento no he conocido algún país que haya dejado el flagelo de la miseria con este tipo de políticas que defienden ONG’s como Intermon Oxfam que están a favor de altos impuestos para las clases acomodadas. Desde luego que los progresistas están a favor de todo esto para reducir la desigualdad y lo logran empobreciendo a las clases medias como Venezuela y Cuba.
La reforma fiscal de 2013 fue hecha especialmente para las izquierdas por los resultados del proceso electoral del año anterior. Dicho paquete fiscal incluía la reducción en las deducciones por prestaciones que los patrones daban a sus trabajadores, incremento del IVA en la frontera, altísimos impuestos por cuentas bancarias que rebasan los $25,000 y otras aberraciones que no existen ni en los países desarrollados. Y todo para complacer clientelas electorales que solo han traído estancamiento en nuestro país. Aquí retomo los siete puntos que propuso la Confederación Patronal de México (Coparmex) que me pareció lo más racional en este momento. Tomado del periódico “El Financiero”:
1.      Eliminar por lo menos la mitad de los 37 programas sociales duplicados que ha identificado Coneval. Se estimó que en 2017 se gastaran más de 200 mil millones de pesos en estos programas, incluyendo algunos que tienen alto riesgo de ser clientelares como los comedores comunitarios y los llamados “servicios con grupos con necesidades especiales”.
2.      Establecer un mapa de ruta puntual con acciones detalladas para lograr tener un padrón único de beneficiarios de programas sociales a nivel federal y estatal en 2018. El padrón debe incluir todos los programas sociales para evitar que el clientelismo duplique el número de beneficiarios.
3.      Establecer un calendario de implementación para armonizar las legislaciones estatales en materia regulativa y ventanilla única a más tardar en 2018.
4.      Aprobar de inmediato la deducibilidad al 100% de las prestaciones laborales a fin de fortalecer la economía familiar.
5.      Generar un nuevo esquema de bonos productivos que no tenga cargas fiscales y de seguridad social y vaya de forma inmediata al sueldo de los trabajadores.
6.      Crear de la mano con la Comisión Federal de Competencia Económica un plan para asegurar condiciones de competencia en gasolinas a fin de que los precios sean lo más competitivos posibles.
7.      Actualizar en 2017 las métricas de pobreza de Coneval con datos comparables a 2014 y fijando metas anuales para erradicar la pobreza.
Esta es la propuesta más sensata que he escuchado en mucho tiempo pues el subsidio a la gasolina era terriblemente regresivo. Pero lo que tiene este precio contra las cuerdas es el Impuesto Especial de Productos y Servicios, el IEPS, con el que el gobierno pretende recaudar dinero a fin de mantener sus populismos con vista a las elecciones de este año y el próximo. Los comicios del Estado de México son sin duda los más importantes por ser el estado más poblado y el principal bastión del partido en el gobierno. El Coneval no ha reportado reducción en la pobreza en los últimos años a pesar de todos los programas sociales existentes. Y es que también los gobiernos de los tres niveles y la población en general creen que con arrojar dinero en grandes cantidades es suficiente para resolverlos. Ejemplo claro es el sistema educativo que es un fracaso a pesar de que México es uno de los países que más invierte en dicho ramo. Además las Reformas Estructurales estuvieron bien planteadas desde el principio, salvo la fiscal, y si se encaminan bien con el tiempo pueden ser benéficas para toda la nación.

Ahora que tampoco entiendo a los progresistas que propusieron en buena medida esta reforma fiscal diseñada para destruir la economía nacional. Sin embargo, con el tiempo muchos empobrecen y los que ya eran pobres lo hacen aún más. Vean África, en este continente llevan más de cincuenta años recibiendo apoyos y no se ha desarrollado ni un poco y a pesar de ello las ayudas no dejan de llegar a este continente. Por ello deberíamos replantearnos la utilidad de los programas sociales que en realidad solo sirven para mantener clientelas electorales y no tienen impacto en reducir la pobreza. Muchos de ellos fueron inventados por progresistas y la verdad me preguntó si ellos quieren reducir la pobreza sinceramente. Pero mientras son peras o manzanas es evidente que se necesita una revisión en los programas sociales y su verdadero impacto sobre la miseria que pretenden combatir. Y por supuesto, una nueva reforma fiscal que ayude a detonar al desarrollo económico. 

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