Hace unos días hubo un
tiroteo en un colegio privado de la ciudad de Monterrey perpetrado por un joven
de 14 años. Desde luego que este evento no es para nada aislado puesto que no
es la primera vez que ocurre algo así en nuestro país. La verdad es que este
evento es una clara señal de descomposición social en dos sentidos: por un lado
hay versiones de que el jovencito en cuestión sufría depresión y por el otro
lado el morbo producido en redes sociales por parte de personas que comparten
el video e imágenes del tiroteo solo por mostrar sangre. Y es que en un país como
el nuestro donde se ha normalizado la violencia (y temo que nos es la primera
vez que ocurre esto en la historia de México) todo se vuelve patológico entre
la sociedad. Esto es algo para reflexionar luego de 10 años de guerra contra el
narcotráfico y de nosotros en nuestro papel como sociedad.
Y si digo que esto es crónico
en nuestro país se debe principalmente a que México ha tenido conflictos casi
desde la independencia. Esto según lo relata Armando Fuentes Aguirre “Catón” en
el libro de Díaz y Madero de su serie “La otra historia de México” en el que
afirma que el Porfiriato fue la primera época en la que los niños mexicanos “dejaron
de jugar a los soldaditos y de pedir rifles de juguete para pedir trenecitos”,
con lo que uno concluye que los infantes jugaban a esas cosas por el ambiente
de falta de paz desde la independencia y hasta el plan de Tuxtepec. Imagínense lo
que pasó con la Revolución Mexicana y la Guerra Cristera que fue cuando se
volvió a romper la estabilidad del país con lo que especulo que los pequeñines
volvieron a tomar rifles de juguete para jugar a la guerra. Con esto que acabo
de exponer se puede concluir que el ambiente sí tiene mucho que ver con los
juegos de los niños puesto que son esponjitas que absorben todo lo que ven. No es
de extrañarse que en estos tiempos los pequeños prefieran jugar al “narcotraficante,
al “levantón” y que el ídolo de muchos niños sea Joaquín “el Chapo” Guzmán y
quieran ser como él.
También tenemos
situaciones como el bullying en las escuelas, un problema que no se ha querido
abordar con la seriedad requerida. Este tipo de prácticas donde niños y jóvenes
agreden a sus compañeros pueden llegar a provocar una tragedia, ya sea que la víctima
llegue al suicidio o que tome la justicia en sus propias manos como fue el caso
de la matanza de Columbine, ocurrida en Estados Unidos en 1999. Cualquiera de
los dos escenarios como quiera que sea son trágicos ya que cualquier vida
humana es preciosa y debemos cuidarla. Y es que el problema del acoso escolar
tiene demasiadas aristas y su solución es multifactorial pues depende de la unión
de maestros, alumnos, autoridades educativas y padres de familia y he notado,
por lo menos en México, el problema es ignorado a tal grado que en YouTube es
posible encontrar como niños y jóvenes se agreden y sus compañeros lo graban
con la cámara de los celulares (Teléfonos inteligentes para idiotas) y suben
los videos al portal antes mencionado. Lo que sí puedo afirmar es que la mayoría
de los agresores escolares tiene problemas en su casa, ya sea que es víctima de
violencia doméstica, sea un consentido al que los padres le cumplen todos sus
caprichos y le pasen por alto las faltas en su conducta o simplemente los
padres no le tomen suficiente atención.
Lo ocurrido en
Monterrey no es otra cosa que un signo de la descomposición social de nuestro
tiempo y es un evento que condenó y me apena profundamente por ser un acto de
violencia sin sentido. Y es que ya estamos llegando de nueva cuenta a lo que
expuse en párrafos anteriores, no creo que sea la primera vez que ocurre algo
así en nuestro país y definitivamente debe servirnos para reflexionar cuál es
nuestro papel como sociedad en esto y cómo podemos evitarlo. Y es que en el
pasado ya había visto otros casos donde los padres hacen la vista gorda, como
el del hijo que roba y dejan que entre lo robado. Recuerdo un caso de un
muchacho ejecutado en el camino a Valle de Allende, Chihuahua y con respecto a
la persona en cuestión estaba muy bien comprobado que tenía nexos con el crimen
organizado y estoy seguro que empezó robando y los padres admitían lo robado en
su domicilio. Con esto quiero detallar cómo estos problemas vienen desde la
familia y al ser esta la base de la sociedad podría ser la causa de la
descomposición en nuestra sociedad moderna. Y para concluir, cada vez que
alguien se pone a hablar de valores y de moral es callado y tildado de “mocho”
y tomando en cuenta el desprestigio de la iglesia católica hoy día hablar de
esos temas son tabúes en la sociedad moderna. Ya estamos en un punto donde no
podemos ignorar nuestra responsabilidad para que sucesos como los de Monterrey
se puedan evitar. Y no soy un mucho que se la vive en la iglesia, si es que
alguien se lo pregunta, únicamente soy un simple ciudadano haciendo una crítica
a la sociedad moderna para hacer cambios sustanciales antes de que ocurran más
sucesos de este tipo.
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