Como en otras épocas,
México vuelve a vivir tiempos turbulentos y tal parece que es el pan nuestro de
cada día. Díganme algún periodo en nuestra historia que hayamos vivido en santa
paz y realmente ha sido poco tiempo desde la declaración de la independencia
siendo estos periodos dictaduras o intentos de instaurar una monarquía, que hoy
es estigmatizada por terrible y autoritaria por muchas personas. Desde luego
que yo me pregunto en que hemos fallado como nación y me he topado con que la
respuesta no es fácil de decir y cuesta mucho aceptar verdades tan dolorosas
como nuestra falla total como nación. Tal parece que muchos piensan en ese
pasado idílico en el que muchos sueñan con volver a vivir y al que yo he
renunciado por no haber existido. Y ese es el problema de los mexicanos,
piensan que el pasado era mejor y ahora tal parece que se han tragado los mitos
inventados por el régimen que dicen odiar.
En primer lugar tenemos
las mentiras que el Partido Revolucionario Institucional nos ha contado a través
de la historia oficial: indígenas buenos e incapaces de hacer maldad alguna,
ocultar los crímenes de un cura de Dolores, satanizar a dos emperadores,
magnificar a los liberales corruptos y vendepatrias, demonizar al último
estadista de la patria, glorificar al Apóstol del Caos y justificar diez años de guerra e intentar
decir que el México moderno es resultado de esas luchas internas que hemos
tenido en cerca de dos siglos de independencia. Pues en ese caso deberíamos preguntarnos
si buena parte de nuestra historia no está plagada de luchas entre las elites
dominantes. Y es que en México se desprecia lo español, que para bien o para
mal son la mitad de nuestras raíces pero sobre todas las cosas se ha mantenido
de cierta manera el estado de las cosas desde la época colonial: sectores
sociales, gremios, ascenso social basado en relaciones familiares y
proteccionismo a las elites empresariales. Vaya que sí hemos avanzado desde
1821 al mantener las cosas a pesar de que los liberales supuestamente tuvieron
ideas contrarias al sistema colonial y se opusieron al proyecto liberal de
Carlota y Maximiliano, una oportunidad perdida a cambio de poder y riqueza.
El Porfiriato fue otra de
las oportunidades perdidas por las luchas entre las elites gobernantes pues
destruyeron todo el progreso logrado por don Porfirio. Estas luchas
ensangrentaron al país durante diez años en el intento del “Apóstol de la
Democracia” por hacerse del poder, algo ordenado por “los espíritus” sin saber
que esto a la larga dañaría al país de forma permanente y el mismo Madero fue
víctima de su propia ingenuidad en esta lucha fratricida que inicio y tuvo como
resultado el origen de la clase política moderna. Se nos olvida que la revolución
tuvo una tónica de “quítate tú pa’ ponerme yo”. Además las políticas y los
dogmas surgidos a partir de esta han sido en buena medida la causa de nuestra
desgracia moderna. La reforma agraria, la expropiación petrolera y la creación de
sindicatos charros es parte de la herencia funesta de la Revolución y la manera
de justificar un régimen que todos dicen odiar pero del que pocos se atreven a
dejar en el olvido. Vean lo que sucede alrededor: la mayoría de los mexicanos
se la pasa echándole al partido tricolor y sin embargo apoyan las ideas que nos
enseñaron en la escuela de que el gobierno de ser el garante de todas nuestras necesidades. Este
tipo de políticas hicieron mucho daño a la postre pero nadie ha querido
reconocerlo.
La verdad es que nuestra
historia está plagada de mitos y oportunidades desaprovechadas y muestra de ello es la cruda realidad que
vivimos. La mayoría de nuestros héroes fueron derrotados o se cansaron de
venderle el país a naciones extranjeras, sobre todo a Estados Unidos. Los liberales
fueron especialistas en esto último y fueron los responsables de marginar a los
pueblos indígenas. Carlota y Maximiliano intentaron darles derechos a los
pueblos originales a pesar de ser más liberales que los miembros del Partido
Liberal Mexicano pero el imperio fue derrotado. A pesar de la república, México
no ha roto con la tradición española de las castas y esto se refleja en la poca
movilidad social que tenemos en la actualidad. Las liberalísimas autoridades
han mantenido un férreo control de la economía, salvo durante el Porfiriato, y
esto ha permitido la existencia de paraestatales ineficientes, una clase
empresarial corrupta, organizaciones sociales espurias y sindicatos charros. Todo
lo anterior a provocado que tengamos un rezago económico, social y político que
ha generado crisis en los mismos ámbitos de consecuencias impredecibles y de
bastante larga duración. Para poder avanzar como nación debemos romper con el
orden vigente desde la época prehispánica y la colonia de castas y privilegios
que nos tienen atados y nos impiden desarrollarnos como país. Desde luego que
no será fácil, pero vale la pena intentarlo por el bien de todos nosotros y el
de las futuras generaciones.
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